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42 INTERNACIONAL JUEVES 5 s 7 s 2007 ABC Alfonso Rojo A LA HIENA ALIMENTANDO o del Gobierno Zapatero en política exterior es de vergüenza ajena. No me refiero a la sintonía que nuestro presidente tiene con un facineroso como Hugo Chávez o a la endeblez de entelequias como la Alianza de Civilizaciones. Lo que hoy me hunde en el estupor es que España haya propuesto- -junto a Suiza y Francia- -que se convoque la Comisión de Encuesta de la ONU para esclarecer la muerte de 11 diputados colombianos, que llevaban cinco años secuestrados por los narcoguerrilleros de las FARC. Debería ser innecesario subrayar que- -como españoles- -somos parte de ese pequeño y privilegiado porcentaje de la Humanidad que habita en países donde impera la paz, se respetan los derechos humanos, se cumplen las leyes y se protege a los menesterosos. En ese terreno, creo que estamos en condiciones de dar lecciones. Colombia tiene un vicepresidente, el entrañable Pacho Santos, que estuvo ocho meses secuestrado y un presidente, el enérgico Álvaro Uribe, cuyo padre fue asesinado por los desalmados que intentaban secuestrarle. Y tiene razón Uribe cuando afirma que en Colombia no hay una guerra, sino un desafío del terrorismo a un Estado democrático y que peticiones como la presentada por España en la ONU colocan a los criminales al nivel de las autoridades legítimas. Dice Uribe que los gestos que no conducen a la paz, sino a recrudecer el terrorismo no son otra cosa que una ignominiosa claudicación del Estado de Derecho, aunque algunos los adjetiven de humanitarios Es lógico que se niegue a soltar a los terroristas presos a cambio de nada y que rechace retirar al Ejército de las zonas donde las FARC mantienen- -encadenados como perros y bajo permanente tortura- -a miles de ciudadanos inocentes. Alguno, como el cabo Pablo Emilio Moncayo, lleva 9 años de cautiverio y se considera afortunado, porque sigue vivo. Los 11 diputados fueron asesinados. No cayeron en un fuego cruzado como alegan las FARC, sino a quemarropa y a sangre fría. Por eso la narcoguerrilla, que los mató hace 18 días, sigue sin entregar sus cadáveres. L Varios fieles portan en San Salvador una cruz con la imagen de monseñor Romero en la vigilia por el aniversario de la matanza en la UCA EFE El último milagro de monseñor Romero Óscar Romero, el obispo de los pobres, será beatificado en breve. Esto aseguran quienes, desde El Salvador, mantienen vivo el legado del arzobispo asesinado, cuya imagen se repite por todo el país POR JESÚS BASTANTE ENVIADO ESPECIAL SAN SALVADOR. Para nosotros, no hay duda: Romero era santo. Ahora sólo falta que Roma lo declare, pero Óscar Romero será beatificado en breve Edin Martínez es el director general de la Fundación Monseñor Romero, organismo creado tras el asesinato del que fuera arzobispo de El Salvador y que gestiona su legado y su mensaje. Protagonista, a su pesar, de una increíble historia- -su mujer, Marisa, es hermana de Roberto Dabuison, a quien la Comisión de la Verdad consideró autor intelectual de la muerte de Romero- Edin se afana por encontrar razones que pudieran impedir su ascenso a los altares. Pero el propio Benedicto XVI acaba de anunciar que Romero es santo afirma, para después recordar cómo, cada año, todo el país se vuelca para honrar la memoria del asesinado. Y eso que algunos altos cargos de la jerarquía nos piden que evitemos el culto público, porque eso podría ser un impedimento para el proceso Una batalla perdida, pues el rostro de Romero, el obispo de los pobres, está presente en cada pueblo, en cada fachada, en centenares de carteles y en el rostro de buena parte de los salvadoreños, que ven en el arzobispo uno de los nuestros Ése es, quizás, el último y gran milagro de Romero: haberse convertido en santo de todos. Es San Romero de América apuntó el jesuita Jon Sobrino, quien ha acompañado a la comitiva de Mensajeros de la Paz, encabezada por el padre Ángel, en varias visitas a hogares de niños terminales, madres adolescentes y ancianos. En las casas, dos elementos comunes: el amor a los demás, y la imagen de monseñor Romero. La Iglesia no está acostumbrada a este tipo de santos, porque son muy controvertidos. Él fue un mártir, pero también un profeta sostiene Edin Martínez. Y, lo cierto es que, según fuentes cercanas al proceso, la beatificación de monseñor Romero podría estar al caer. Al parecer, su martirio ya ha sido reconocido, así como comprobada la ortodoxia de su mensaje, y sólo resta la ortopraxia es decir, comprobar que no hay tachas en su vida. A la Iglesia le va a ser imposible no declarar Uno de los nuestros santo a Romero proclama Edin Martínez. En el convento de la Divina Misericordia, donde Romero halló la muerte la tarde del 24 de marzo de 1980, las religiosas están convencidas de su beatificación. Él ya es venerable, y para todo el pueblo salvadoreño, un santo. No hay día que no se visite su tumba (en la catedral) se venere el lugar en el que nació o donde fue asesinado nos cuenta la hermana Solís, mientras abre para ABC las puertas de la que fue última residencia del arzobispo. Se trata de un minúscula habitación, muy alejada de cualquier palacio episcopal, en la que únicamente caben un camastro, una mesita, una hamaca y una tosca máquina de escribir. En el recibidor, las hermanas han colocado el santuario de Romero. Su agenda personal, la ropa que llevaba en el momento de ser asesinado- -y que todavía conserva la sangre- los últimos libros dedicados y todas las casullas y usos episcopales que los familiares de Romero no se llevaron. Ellacuría y los mártires de la UCA tendrán que esperar Ignacio Ellacuría afirmó en su día que, con Romero, Cristo pasó por El Salvador El religioso jesuita, junto a otros cinco compañeros y dos mujeres fueron asesinados el 6 de noviembre de 1989 en su residencia de la Universidad Católica Americana (UCA) casualmente (o tal vez no) en el Centro Monseñor Romero El lugar donde fueron encontrados sus cuerpos es hoy un jardín donde se plantaron ocho rosales, uno por cada mártir. Al lado, una sala ilustra las vidas de los jesui- tas asesinados, y conserva las ropas ensangrentadas (también la arena en la que cayeron muertos) y los libros ametrallados por los paramilitares. Si se solicita, los responsables del centro nos muestran las primeras imágenes tomadas, nada más encontrar los cadáveres, así como las autopsias a todos ellos. Romero será santo muy pronto. Y, sin embargo, Ellacuría y sus compañeros mártires, continuadores de la labor del arzobispo de El Salvador, no han visto siquiera iniciado el proceso diocesano de beatificación afirma Edin Martínez, quien, con un guiño, añade: Puede que ese sí sea el último milagro de monseñor Romero