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66 AGENDA Tribuna Abierta MIÉRCOLES 4 s 7 s 2007 ABC José L. Rozalén Medina Catedrático de Filosofía y Escritor EL TOREO COMO METÁFORA H, toro... torito... eh... En el centro de la plaza de la vida. En el redondel dorado y peligroso. Ahí estamos todos. Dispuestos para la gran faena. Ahí los tienes: Unos van de maestros de grana y oro, con la alforja bien repleta, el triunfo en sus labios y el apotegma en sus rotundas afirmaciones; otros, de novilleros meritorios, persiguen sin tregua el éxito que tal vez les proporcione apéndices y conquistas. Ahí los tienes en el albero: unos, becerristas sin picadores, con el traje alquilado y maltratado por cien aviesas cornadas traicioneras, esperan siempre la suerte que nunca les llegará; otros, muchos, que ni siquiera han pasado de puntilleros, monosabios o areneros, sueñan que soñaron un día. Eh, toro... torito... E Pocos se juegan la vida con dignidad y coraje en busca de un ideal, de una utópica lección de tauromaquia. Se aplica impunemente el pico de la muleta y parece que se torea, pero se está timando al público, porque no existe peligro ni emoción decidamos salir corriendo y saltar al callejón, también tenemos que decidir realizar esa miserable faena de huida y de vergüenza. A pesar de las oleadas y los insultos de la solanera, a pesar de las críticas de los del 7, a pesar de los aplausos y olés de los tendidos de sombra, estamos solos ante el peligro y debemos dominar al toro en la profunda soledad de nuestra existencia. Y no es fácil conseguirlo. Parar, templar, embarcar, mandar, salir airoso del lance, con la figura erguida, la mente clara y la muleta tersa, sólo es privilegio de los elegidos, para quienes los dioses trenzaron una corona de laurel. faenas de los tiempos que corren hay más engaño que autenticidad. Pocos se juegan la vida con dignidad y coraje en busca de un ideal, de una utópica lección de tauromaquia. Se aplica impunemente el pico de la muleta y parece que se torea, pero se está timando al público, porque no existe peligro ni emoción. Se embadurnan el traje de luces con la sangre de los costillares, pero el peligro de los pitones quedó lejos. Se agarran torpemente a los cuartos traseros, pero no hay desafío elegante, franela adelantada, embarque sostenido, sinfonía prodigiosa de una muñeca dominadora y artista; en definitiva, en el centro de la arena impera la mentira. Se convierte así la vida en faena ruin y pequeña, sin vigor, sin altura, sin entrega; se transforma la lidia en una inmoral pantomima que produce beneficios, crea personajillos, regala prebendas, destruye la historia, encumbra inmorales y charlatanes, engorda cuentas corrientes, multiplica sueldos y secretarias, organiza comilonas, visas y amantes, pero no eleva un milímetro la belleza, el bien o la verdad de este mundo. suenen los clarines de muerte, cuando las mulillas enjaezadas arrastren al bicho hacia el desolladero, cuando las abigarradas gradas del moderno anfiteatro se vayan quedando desiertas, cuando las sombras del atardecer vayan cayendo sobre el dorado albero, allí quedará sólo el matador, el humano artista, con la taleguilla desgarrada por la dura brega, sin oro en su chaquetilla, con la negra montera en la diestra y el capote plegado en la siniestra. Cuando Enlas astifino y corniveleto, y cada uno lo lidia como quiere y puede. Unos, con arreglo a los más estrictos cánones, intentan estirarse y envaran su perfil, resultando artificiales. Otros, desaliñados y vitales, le endilgan al bicho veinte mil pases sin sentido entre el esperpento y el circo. Los hay que se recrean en la faena y ponen hondura y verdad en los lances, dejándose los alamares en cada embestida, el corazón en cada derechazo. Los hay que intentan salvar con la técnica lo que les negó el arte y la inspira- Ysaltaalaarenaelmorlaco, ción. Los hay que pretenden engañar al público y llevarse la bolsa sin arrimarse, sin torear, alegando que no eligieron ellos el ponerse delante de la fiera. chos de todos los calibres y zooformas: bragaos y zainos, pastueños y encastaos aleonaos y ojo- perdiz, burriciegos y cárdenos, luceros y gachos, con los pitones astillaos o con la mazorca gruesa, nobles o con la pérfida intención de partirnos la femoral o los testículos ¡Y hay que lidiarlos! Estamos inexcusablemente condenados a hacer faena. Aunque Ysalenporloschiquerosbi- Se habrán apagado los clarines y los timbales; no saldrá más por la boca de chiqueros ningún toro de oscuridad y misterio, con los garapullos multicolores prendidos en el morrillo, pero cada matador sabrá si su faena ha merecido las dos orejas del morlaco, o, por el contrario, ha sido silenciada, silbada, abucheada, ridiculizada... en una mostración cruel de que se ha vivido y toreado en balde. Mercedes Díaz SOLA EN LA OSCURIDAD A vida moderna, tan llena de aparatos de todas clases, nos hace dependientes de la energía para poder realizar las actividades más elementales. Llueve con ganas. Madrid se empapa, limpia sus muros, elimina impurezas, la vegetación brota imparable con profusión de colores. Pero las tormentas también tienen otras consecuencias: el asfalto se oculta bajo el agua acumulada, los coches naufragan, se quiebran árboles y en las casas ocurren cosas inesperadas. bien entrada la noche y la lluvia caía abundantemente. Estaba sola y me cepillaba los dientes cuando de pronto ¡Boom! explotaron las bombillas a ambos lados del espejo, dejándome a oscuras. Me acerqué a una ventana por la que penetraba un leve resplandor y comprobé con gran sorpresa que las demás casas tenían luz, in- L Llueve con ganas. Madrid se empapa, limpia sus muros, elimina impurezas, la vegetación brota imparable con profusión de colores. Pero las tormentas también tienen otras consecuencias Era cluida la de mi hermana. Quise hablar con ella, pero en ese momento no sabía dónde estaba el teléfono ni tampoco en qué lugar había guardado la linterna. Entonces fui a buscar las llaves que dejo siempre junto a la puerta. Cuando logré asirlas, no daba con la cerradura. Como en las escenas de suspense, mis manos temblaban sin parar. Respiré hondo para calmarme, me apoyé sobre un mueble, y tropecé con el móvil. Marqué el primer número de la lista y respondió Amaya, mi sobrina, quien me prometió que vendría inmediatamente. tanto, a gatas ¡por qué será que los malditos enchufes están siempre a ras de suelo! comencé a desconectarlo todo por precaución. Orientándome con dificultad llegué a la cocina, cerré la llave del gas y encontré un mechero... pero no pude encenderlo; cada vez que lo intentaba, la chispa me quemaba los dedos. Lo tiré al suelo con rabia. Me dirigí a mi habitación, adivinando sombras que me seguían por todas partes. Al llegar allí, sonó el teléfono al lado de la cama y di un respingo, gritando por el dichoso chisme: -No puedo hablar ahora, esto ha explotado. -Vale, Vale- -mi amiga Nora, sorprendida por mi inusual tono de voz, colgó. Más tarde, ya más tranquila, le pedí disculpas ¡faltaría más! Mientras minables, llamaron a la puerta. Era mi sobrina con el novio... y una linterna. Él me pidió la llave del cuarto de contadores a ver si podía hacer algo. Como no sabía cuál era, fuimos a pedírsela a un vecino, que amablemente nos ofreció su ayuda. Después de causar un par de estropicios, pues de electricidad no tiene ni idea, se despidió diciéndome con su mejor sonrisa: Bueno, ya sabes, si necesitas algo más, llámame Obviamente no volví a hacerlo. Cuando mi sobrina y el no- Pasadosunosminutosinter- vio estaban a punto de marcharse, tras varios intentos fallidos con los plomos, apareció como por arte de magia un amigo suyo que, afortunadamente, sí es electricista. ¡Nunca me había alegrado tanto de ver a alguien! Enseguida puso manos a la obra y casi al instante se hizo la luz. Me explicó que el problema estaba en la instalación del cuarto de baño y que regresaría al día siguiente para arreglarla, por lo que no debía tocar nada. Entonces comprendí lo que había pasado antes. Cada vez que trataban de conectar los fusibles, yo encendía la luz del baño para comprobar... y vuelta a las andadas. contratiempo, del que ahora me río, me hizo comprender hasta qué punto dependemos de la energía para poder disfrutar de artilugios tan imprescindibles como el frigorífico, la lavadora, el lavavajillas, la televisión, el ordenador... sin olvidar por lo que todo empezó, gracias a Edison: una simple bombilla. ¡Sin ellos no somos nada! Este