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56 MADRID www. abc. es madrid MIÉRCOLES 4- -7- -2007 ABC Cuarenta estresados destrozan a martillazos la planta de un hotel Se trata del deroombing una terapia para combatir el estrés puesta en marcha, ayer, en el hotel NH Alcalá s Los elegidos tuvieron que pasar tres pruebas selectivas MARÍA ISABEL SERRANO MADRID. Un total de cuarenta personas, repartidas en distintas cuadrillas, fueron ayer las elegidas para practicar deroombing un nuevo sistema para combatir el estrés y descargar adrenalina. Armados de picos, mazas, martillos y otras herramientas, destrozaron- -así, literalmente- -la segunda planta del hotel NH Alcalá, en Madrid, que está en obras y en fase de rehabilitación. Cualquiera podría pensar que tal destrozo tiene que ver con un suceso. Nada más lejos de la realidad. Los cuarenta elegidos para el deroombing sabían muy bien lo que iban a hacer, lo mismo que los responsables del hotel madrileño que han ideado esta iniciativa antiestrés. También estaban avisados los clientes del establecimiento que, atónitos, asistieron curiosos a los mazazos y los martillazos de las cuarenta personas estresadas, elegidas para esta especial terapia. Cuando se hizo pública esta idea, más de 650 personas se interesaron por la prueba a través de correos electrónicos. Hubo una primera criba. Cuarenta fueron ayer los elegidos. Era un grupo muy heterogéneo. Allí todos aseguraban estar muy estresados; nerviosos, decían algunos. Había veinteañeros agobiados por vivir, todavía, en casa de sus padres; un taxista- -Félix- -harto de los atascos de la M- 30; ex fumadores con mono y algún padre primerizo angustiado por el paro. La cita, por la mañana, era en el hotel NH Alcalá, de la calle Alcalá número 66. Hasta allí fueron llegando los candidatos. Tenían que pasar tres pruebas. La primera consistía en dar un golpazo a un muñeco- -era su supuesto jefe- -con cara de pocos amigos, una americana negra, corbata naranja chillón y un puro en la boca. Los técnicos llamaban a este muñeco el punching ball que recibió golpes hasta decir basta. Christian Delfino, director de ventas de una importante firma japonesa, le propinaba un buen derechazo al muñeco sin inmutarse lo más mínimo. A continuación, el golpe corría a cargo de Félix, el taxista que al grito de ¡esto por la M- 30! dejaba al punching ball tambaleándose un buen rato. Y llegó Gala, una publicista de 30 años que, pese a su aspecto frágil, se despachó a gusto con el muñeco. La segunda prueba para ser elegidos como destrozones de las habitaciones del hotel era medir su tensión. La tercera era rellenar un test de 21 preguntas sobre los aspectos que más angustia les producían: préstamos, hipotecas, exceso de trabajo, desempleo, vacío, infidelidades... A las once de la mañana ya estaban elegidos los cuarenta candidatos para descargar su adrenalina en este sistema anti- estrés. En grupos de tres, fueron subiendo a la segunda planta del hotel. Ya les habían adjudicado el número de la habitación que tenían que destrozar, salvo suelos, techos, ventanas y muros de carga. De estos pormenores, acababan de recibir un cursillo de urgencia a cargo de expertos en albañilería. Un equipo de ABC siguió al equipo de estresados formado por Christian, Ander- -un joven nacido en San Sebastián pero criado en Madrid- -y nuestro amigo Félix, el taxista con ganas de romper todo lo que le pusieran por delante. Antes del deroombing hubo que ponerse un traje especial, botas, casco, gafas para evitar que el polvo dañara los ojos y guantes. Poco tardaron Christian, Ander y Félix en agarrar el mazo para descargar su adrenalina. Les había tocado la habitación 206. En menos que canta un gallo, a la de tres- -y nun- Préstamos e infidelidades En dos horas, la segunda planta del establecimiento quedó en las cuatro paredes y llena de escombros Me siento totalmente descargado dice Christian, un ejecutivo, tras romper, a golpes, la habitación 206 Bien protegidos ca mejor dicho- -nuestros hombres estresados empezaron a golpear todo lo que había en la habitación y en el baño. Lo primero que cayó fue el televisor, el minibar y los cuadros. El ruido de los cristales se acentuaba cuando se pisaban los primeros escombros. No, no, por favor ¡El techo y los muros de carga no se tocan, por favor. Cuidado en no destrozarlos! gritaba, desesperada, desde la puerta, Leticia Muro, la directora del hotel NH, temiendo que con tanto entusiasmo los destrozones pudieran dañar partes vitales del edificio. En pocos minutos, las camas estaban pulverizadas, los colchones por el suelo, los adornos hechos añicos y un polvisco que tiraba para atrás. Pero ahí no quedaba todo. El baño esperaba a Ander, a Christian y a Félix. Parecía decirles: Venid, venid, veréis que bien lo vais a pasar aquí En efecto, allí fueron los tres estresados cuando acaba- Sudar como pollos Ander, Félix y Christian, protegidos y maza en mano, a punto de destrozar la habitación que les habían adjudicado