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46 INTERNACIONAL MIÉRCOLES 4 s 7 s 2007 ABC Hillary se deja ayudar por Bill P. RODRÍGUEZ WASHINGTON. Bill Clinton- -ese animal político que parece en su elemento natural durante contiendas electorales- -ha salido esta semana de su envidiado retiro para empezar a hacer visiblemente campaña a favor de la candidatura presidencial de su esposa Hillary. La pareja, empeñada en crear a su manera una nueva dinastía familiar en la vida pública de Estados Unidos, ha realizado sus primeras apariciones estelares en Iowa, punto inicial del calendario de primarias y un escenario bastante receptivo a toda esa nostalgia clintoniana de paz, prosperidad y pecadillos perdonados. En el recinto ferial de Des Moines, ante una multitud más encandilada con él que con ella, el ex presidente ha presentado a Hillary como una candidata muchísimo más preparada que él mismo cuando disputó por primera vez la Casa Blanca a George Bush padre. Estaría aquí si ella me lo pidiera, incluso si no estuviéramos casados ha llegado a afirmar Bill en la primera entrega de este fascinante dueto mitinero en el que no ha faltado su correspondiente dosis de cariñitos, carantoñas y coordinación de vestuario en vistosos colores veraniegos. Hasta ahora, la senadora por Nueva York había declinado colocar a su esposa en primera fila de sus ambiciones presidenciales. Estrategia calculada para presentarse ante el electorado como una candidata cualificada, viable por sí misma y no una simple señora de Sin embargo, la dura competencia planteada por otros rivales en el pulso planteado por la nominación presidencial del Partido Demócrata habría obligado a Hillary a recurrir a su arma no tan secre- Dick Cheney, a la izquierda, y su ayudante Lewis Scooter Libby, en una imagen de archivo AFP Críticas a Bush por salvar de la cárcel al ayudante de Cheney ta. Revirtiendo el ostracismo electoral que sufrió Bill Clinton durante la fracasada campaña de Al Gore en el 2000. Siguiendo toda la coreografía político- conyugal típica de Estados Unidos, pero al revés, el ex presidente tras presentar a su esposa se ha tenido que sentar, dejar el proscenio a la senadora y asentir con embeleso a un discurso centrado en promesas para dotar al gigante americano de cobertura sanitaria universal, mayor independencia frente al petróleo extranjero y terminar con la guerra de Irak. Además de toda clase de reproches a la Administración Bush. Para terminar, Hillary ha dejado claro que Bill- -en su papel de Ronald Reagan de los demócratas- -tendrá un papel decisivo en esta campaña pese a las humillaciones, adulterios y distracciones del pasado. Según la senadora por Nueva York: Voy a tener buena ayuda en este camino Mientras la audiencia exhibía chapas hablando del primer caballero de Estados Unidos en referencia al pionero papel de consorte presidencial para Bill Clinton en caso de que su mujer ganase las elecciones del 2008. Durante este mes de julio, los Clinton harán también apariciones conjuntas en New Hampshire, el otro gran punto de salida en el proceso de primarias. Visibilidad que contrasta con el discreto papel de Bill Clinton que por ahora se había limitado a tareas de recaudación de fondos, mimar a grandes donantes o posar para fotografías y vídeos. La excepcional clemencia presidencial es cuestionada tanto por los demócratas como por los más conservadores PEDRO RODRÍGUEZ CORRESPONSAL WASHINGTON. Como reflejo de un gobierno que cada vez tiene menos que perder, la decisión del presidente Bush de conmutar la pena de cárcel a Lewis Libby ha sido recibida con enormes críticas tanto por parte de los demócratas como de los republicanos más conservadores. Para los primeros, el que ex jefe de Gabinete del vicepresidente Cheney no cumpla su condena de cárcel de treinta meses por delitos de perjurio y obstrucción a la Justicia, en el caso de la espía de la CIA delatada, evidencia todas las malas mañas acumuladas por la Casa Blanca. Para la derecha, Bush se ha quedado corto al no conceder un perdón completo. La impopular decisión se ha materializado a última hora del lunes, después de que una corte federal de apelaciones decidiera por unanimidad que Libby debía empezar inmediatamente a cumplir su pena de privación de libertad, sin esperar al resultado de los recursos planteados tras el veredicto de culpabilidad alcanzado por un jurado popular y la condena rubricada por el juez Reggie Walton, irónicamente de impecables credenciales conservadoras desde que fuera nominado como magistrado federal por Ronald Reagan. Ante el fuego cruzado generado por su intervención, el presidente Bush ha intentado poner en contexto este polémico uso de sus poderes constitucionales de clemencia. Justificando su ingerencia en este caso por considerar excesivos los treinta meses de cárcel impuestos a Libby. A pesar de entrar plenamente dentro de las guías federales de condenas y con una sentencia más dura en un caso similar confirmada el mes pasado por el mismísimo Tribunal Supremo. Según Bush, Libby tiene suficiente castigo con pagar una multa de 250.000 dólares y estar sometido a dos años de libertad condicional. La Casa Blanca también ha recordado que como consecuencia de este proceso, el ex jefe de gabinete de Cheney no podrá volver a ejercer la abogacía. Pero aún así, el presidente ha dejado abierta la posibilidad a un futuro perdón íntegro, en contraste con su repulsa inicial a las filtraciones sobre el trabajo de Valerie Plame en la CIA como venganza a las críticas contra la guerra de Irak formuladas en el 2003 por su esposo, el embajador Joseph Wilson. Con todo, la decisión de Bush de salvar de la cárcel a Libby resulta claramente excepcional ya que es la primera vez que ha concedido una medida de gracia de este tipo sin pasar por una petición formal y el asesoramiento del Departamento de Justicia. Limitándose a escuchar a un reducido grupo asesores de la Casa Blanca, entre presiones de los sectores más conservadores del Partido Republicano que consideraban la situación de Libby como una prueba sobre la valentía política del presidente. Los demócratas han expresado en bloque su repulsa hacia este partidista ejercicio de clemencia. Para el líder de la Cámara Alta, el senador Harry Reid, la decisión es una vergüenza mientas que la Speaker de la Cámara Baja, Nancy Pelosi, ha calificado lo ocurrido como una traición de la confianza del pueblo americano A juicio de Hillary Clinton, esta conmutación de pena envía el claro mensaje de que en este Gobierno, el compadreo y la ideología triunfan sobre la competencia y la justicia El fiscal especial encargado de investigar toda la saga de la espía delatada también también ha criticado la intervención de la Casa Blanca. Según ha argumentado Patrick Fitzgerald, resulta fundamental para el imperio de la ley que todos los ciudadanos se encuentren sometidos de manera igual al baremo de la justicia Compadreo e ideología Los Clinton empiezan a practicar en Iowa toda esa coreografía político- conyugal típica de EE. UU. pero al revés Pese a toda la polémica generada, la Casa Blanca no descarta conceder un perdón completo en el futuro