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20 ESPAÑA DEBATE SOBRE EL ESTADO DE LA NACIÓN EL AMBIENTE EN LA CÁMARA BAJA MIÉRCOLES 4 s 7 s 2007 ABC Los ministros Fernández Bermejo, Alonso y Pérez Rubalcaba escuchan el discurso de Rodríguez Zapatero DANIEL G. LÓPEZ Un discurso de 2.500 euros El debate del estado de la Nación no alcanzó la temperatura de otras ocasiones, pese a que estamos en la recta final de una legislatura convulsa. El calor en el ambiente lo puso una insuficiente refrigeración del hemiciclo BLANCA TORQUEMADA MADRID. Al final, este debate del estado de la Nación puede resultar caro para las arcas públicas, pero nos ha salido demasiado barato, casi de saldo, en términos políticos, con la que está cayendo: en concreto, a 2.500 euros. La prima de natalidad anunciada por el presidente del Gobierno para las familias que se decidan a poblar España de pequeños educandos para la ciudadanía rebajó el listón de su discurso a unos niveles propagandísticos de lo que es ya una precampaña electoral en toda regla, con su correspondiente tufillo demagógico. Eso marcó también el ambiente de los pasillos, donde no se dejó sentir la ebullición de otras ocasiones señaladas, y sí el calor agobiante de un recinto vetusto e insuficientemente acondicionado para un 3 de julio en Madrid. Así que los discursos de José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy que repartieron los servicios de prensa del PSOE y del Partido Popular sirvieron, al menos, para abanicarse. La sesión, tras el minuto de silencio por los siete españoles asesinados en el Yemen, arrancó con el prolijo discurso de Zapatero, en una veta económica y de autocomplacencia por la creación de empleo que no consiguió sacar de su sopor a Pedro Solbes (concernido por los halagos, pero remiso a aplaudir) mientras que el otro gran aludido, Jesús Caldera, asentía con la cabeza. Las primeras oleadas de aplausos en las filas socialistas fueron disciplinadas y acompasadas, como las de un congreso a la búlgara, pues el entusiasmo no se encendió en la mitad izquierda del hemiciclo hasta la una en punto, cuando Zapatero endosó al PP las culpas de las teorías conspirativas del 11- M. También transitó el jefe del Ejecutivo, cómo no, por la senda de Philip Pettit, su ideólogo de cabecera, al hacer hincapié en la extensión de los derechos cívicos, después de postularse por enésima vez como adalid del diálogo con los pueblos, religiones y civilizaciones Dos veces lo dijo, por si quedaba alguna duda, bajo la atenta mirada, desde la tribuna de invitados, de su padre y de su hermano (asiduos de estos debates) y de su esposa Sonsoles Espinosa, que ya se ha despojado de los marrones y grises benarroch y ayer lució un estival look marinero. Tras el único discurso de la mañana, el del presidente del Gobierno, hubo un intenso intercambio de pareceres en el corrillo que formaron los ministros Alonso, Rubalcaba y Fernández Bermejo, mientras los diputados de ERC Joan Puig y Joan Tardà salían a escape, igual que el popular Gustavo de Arístegui, casi tan solicitado por el atentado contra los turistas españoles como el titular de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos. Juntos se marcharon Mariano Raque parecía que iba a convertirse en una reunión para preparar la intervención de la tarde no fue tal porque el líder del PP se marchó a comer a su casa, donde, según se comentó después, tuvo tiempo para darse un chapuzón en la piscina. Por eso Rajoy regresó fresco para insistir después en que él había venido a hablar de las joy, Ángel Acebes, Eduardo Zaplana y Javier Arenas, aunque lo actas, las de la fracasada negociación con ETA, referencia que prendió una y otra vez el entusiasmo de una bancada popular en la que Ángel Acebes ejerció más que nunca de fiel escudero. Hasta el extremo de que su jefe de filas tuvo que aplacar alguna de sus ovaciones y pedirle que se sentara. En Rajoy no se detectaron síntomas del sindrome Rato y sí se adivinó una cierta cercanía intelectual a Gallardón cuando diagnosticó que Zapatero será un paréntesis en la historia de España, un augurio acuñado por el alcalde de Madrid. También tuvo su calado la referencia a los socialistas críticos con la orfandad intelectual de la ejecutoria de Zapatero. No los mencionó, pero algunos de ellos ocupaban ayer su escaño. Al menos, Joaquín Leguina. Otros testigos de la jornada fueron el presidente del Senado, Javier Rojo, el de la Comunidad de Aragón, Marcelino Iglesias, y la de la Comunidad de Madrid, Es- peranza Aguirre. Sin síndrome Rato La familia, en la tribuna Zapatero sólo empezó a entusiasmar a los suyos cuando endosó al PP las teorías conspirativas del 11- M Después, turnos de réplica que aportaron poco a los anales del parlamentarismo, salvo la comprobación de la trampa verbal de Zapatero al escudarse en que Rajoy utiliza el terrorismo en contra del Gobierno mientras él deslizaba el saldo de víctimas de ETA y del 11- M en la última legislatura del PP. No fue una andanada causal, según corroboró después José Blanco en los pasillos, al volver a disparar el dato a los periodistas. El secretario de Organización socialista también estaba exultante con el reparto de euros a las familias que se decidan a procrear y a votar en consecuencia. Ya queda menos. Blanco, exultante Esperanza Aguirre y Marcelino Iglesias en la tribuna de invitados. Detrás, Sonsoles Espinosa DANIEL G. LÓPEZ