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4 OPINIÓN MARTES 3 s 7 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro ESPAÑA, OBJETIVO AHORA EN YEMEN SESINAN a los que viajan como turistas a países lejanos o a los que se desplazan a su trabajo en transporte público en sus propias ciudades; a civiles o a militares; a los que están en misión de interposición con la bandera de las Naciones Unidas o a los que forman parte de coaliciones multinacionales a petición de los gobiernos de los países donde se encuentran. Si aún hay quien sigue pensando que los ataques del 11 de septiembre de 2001 fueron un asunto que sólo afectaba a Estados Unidos y que, además, tenía que ver con una determinada política exterior, resulta evidente que ya no puede tener argumentos para seguir sosteniéndolo. La utilización indiscriminada del terrorismo como instrumento de coerción por parte de la galaxia del totalitarismo islámico constituye la mayor plaga de nuestro tiempo y, por desgracia, no pasa un solo día sin que se repita esta evidencia. La muerte de siete turistas españoles y dos naturales de Yemen en un ataque que hirió a otras cinco víctimas es la última de estas trágicas constataciones, que no por haber sucedido en un país árabe o en una circunstancia concreta como un viaje de vacaciones deja de tener consecuencias directas para los ciudadanos de las sociedades libres: cada bomba es un ataque contra todos, porque contra todos es la amenaza. Nuestra condición de ciudadanos libres es lo que nos convierte en objetivo de los fanáticos. Con ocasión del reciente atentado contra las tropas españolas en el Líbano se ha repetido el falso debate sobre si nuestros soldados están o no en zona de guerra, cuando lo que en realidad está sucediendo es A que todos estamos en una guerra: en el Líbano o en Yemen, en Madrid, en Londres o en Afganistán. Para ser más exactos, los terroristas están en guerra contra nosotros. Por la misma razón, tampoco cambiaría lo esencial de la situación si resultase que este atentado en el Yemen fuera una represalia de Al Qaida para intimidar a los magistrados que han juzgado en Madrid a los criminales acusados como responsables de los atentados del 11- M. Es inútil buscar las justificaciones a aquello que no puede tenerlas. Se trata de actos criminales, perpetrados por delincuentes que pretenden cambiar nuestro modo de vida y nuestras sociedades a base de amenazas, aterrorizándonos mediante coches- bomba. Lo hacen en Yemen contra turistas españoles, o lo hacen en Bagdad contra inocentes iraquíes a los que impiden reconstruir sus vidas en una sociedad normal. Seguir decorando esta dramática situación con vestiduras tan engañosas como la Alianza de Civili- Seguir decorando esta dramática situación con vestiduras tan engañosas como la Alianza de Civilizaciones no sólo resulta inútil, sino contraproducente. La mejor manera de afrontar una amenaza es identificarla claramente y mostrar sus contornos zaciones no sólo resulta inútil, sino contraproducente. La mejor manera de afrontar una amenaza es identificarla claramente y mostrar sus contornos para que sea posible tomar las medidas adecuadas contra ella. A los fanáticos integristas que están dispuestos a matar, o incluso a inmolarse matando- -como al parecer ha sucedido en este caso del Yemen- -en nombre de una visión retorcida del islam no se les puede aplacar con concesiones retóricas, ni con sonrisas beatíficas, cuando lo que quieren es tenernos de rodillas. No es moral ni intelectualmente aceptable una política basada en la complacencia o la comprensión de los criminales que acaban de segar la vida de unos compatriotas que viajaban pacíficamente en Yemen, o de los que han intentado cometer una masacre en Londres o en Glasgow, sin duda pertenecientes a esa misma constelación del terrorismo islámico que llamamos Al Qaida. Nuestra obligación es combatir con todos los medios legales a quienes no tienen más ambición que someternos a sus dictados. Según ha explicado el Gobierno de Yemen, circulaban noticias recientes sobre las posibles amenazas de los terroristas. Sin que ello pueda servir para descargar a los asesinos de su responsabilidad, tal vez las autoridades locales debieron haber tomado mayores medidas preventivas- -además de escoltar a los viajeros- -teniendo en cuenta las características específicas de la situación. En cuanto a España, es hora ya de que el Gobierno deje de mirar para otro lado, como si siguiera creyéndose protegido por ciertas decisiones que considera emblemáticas de su discutible imagen exterior. Cuando busque respuestas a las preguntas de por qué están nuestros soldados desplegados en Afganistán o en el Líbano, y por qué en el futuro deberán marchar a otros lugares, arriesgando su vida, la respuesta se la han dado hoy en Yemen. 11- M, LA HORA DE LOS JUECES ON la terminación de la vista oral del juicio por los brutales atentados del 11- M, el Estado de Derecho ha dado un paso decisivo para restañar, en lo que depende de sus obligaciones y recursos, las consecuencias de aquellos crímenes. Tras un atentado de esta magnitud, a la Justicia sólo se le podía exigir la máxima eficacia en la investigación y la pronta celebración del juicio oral, sin precipitaciones, pero tampoco sin dilaciones que prolongaran más allá de lo necesario el trauma de las víctimas y la ceremonia de la confusión ejecutada en torno a especulaciones indemostrables y a las inevitables preguntas sin respuesta que siempre subsisten en un macroproceso como que el que se ha celebrado en la Audiencia Nacional. Para valorar en su justa medida la dimensión institucional de este juicio hay que recordar que arrancó sus sesiones en medio de una larga disputa entre quienes, por un lado, confiaban en que se formara un banquillo virtual donde estuviera sentado el Gobierno de José María Aznar y quienes, por otro, negaron toda legitimidad a la investigación sumarial y, por tanto, al juicio mismo, tachando como falsas las principales pruebas de cargo y negando de antemano al tribunal cualquier posibilidad de hacer justicia. Sin embargo, el desarrollo del proceso ha puesto de manifiesto que las versio- C nes más sectarias sobre lo sucedido no tienen fundamento en las pruebas practicadas. El juicio que corresponda a cada acusado es competencia privativa del tribunal, pero sí es posible establecer ahora algunas conclusiones derivadas del desarrollo del juicio. El atentado del 11- M fue obra de un grupo islamista, creado a partir de la unión de células autónomas, que se unieron para traer la yihad a España. El móvil del atentado fue político: propiciar la derrota del PP, para que el PSOE ejecutara su compromiso de retirar las tropas de Irak, aunque la continuidad y el agravamiento de la amenaza islamista también ha demostrado que el apoyo del Ejecutivo del PP al derrocamiento de Sadam Husein no fue más que un cebo para alimentar la desunión en la sociedad española y multiplicar los efectos del atentado. Hoy es el Líbano y Afganistán, que no tienen foto en las Azores. Mañana será cualquier otro motivo. No ha habido prueba de que ETA participara en los atentados, como han reconocido finalmente las acusaciones populares de víctimas que, de una manera u otra, han venido defendiendo una especie de consorcio terrorista entre etarras e islamistas, teoría tan descartada por la prueba como la de quienes no han dejado de apelar al espantajo de las Azores para responsabilizar al PP de lo sucedido. Por supuesto, hay preguntas sin respuesta, entre otras razones porque siete de los autores materiales murieron en el suicidio de Leganés y porque un proceso judicial intenta reconstruir el pasado, lo que, por su propia naturaleza, es una actividad imperfecta. No obstante, el desarrollo del proceso se ha producido de manera que la sociedad española puede justamente sentirse orgullosa de su administración de Justicia. Tres años y tres meses después de los atentados, ha finalizado el juicio por el mayor atentado terrorista cometido en suelo europeo. Los éxitos policiales logrados en los días posteriores al atentado han sido decisivos para poder culminar este proceso judicial. Ahora, la sentencia que se dicte tras el verano habrá de resolver las numerosas cuestiones de nulidad planteadas por las defensas de los acusados, valorar los aspectos más confusos de los hechos, incluidas ciertas actuaciones policiales que merecen un pronunciamiento específico del tribunal, y decidir sobre la presunción de inocencia de los acusados. Pero, en su conjunto, la vista oral ha consolidado la validez de las principales pruebas de cargo y la solidez de las acusaciones. También es momento de recordar a las víctimas de los atentados, apenas presentes en este juicio, sin derecho, como el de los acusados, a la última palabra, pero verdaderas destinatarias, en definitiva, de la reparación moral y material que se espera de una sentencia que marcará un hito en la historia judicial española y en la lucha contra el terrorismo integrista.