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ABC LUNES 2- -7- -2007 Diana, in memoriam GENTE 105 ÉRASE UNA VEZ... UNA PRINCESA DE CUENTO Sólo cuando empieza a abandonar sus títulos y tratamientos, aparece la otra, la verdadera Diana, esa mujer icono del estilo que aún permanece en nuestra memoria Lorenzo Caprile Diseñador rase una vez, no hace mucho tiempo, ni tampoco en un lugar muy lejano... Érase una vez una joven bella, muy joven, casi una adolescente... Érase una vez una hija de divorciados, con una madre de belleza fría y distante, un padre de porte militar y aficionado a la bebida, y una madrastra cursi y afectada... Érase una vez un príncipe heredero de sangre muy azul, apuesto a pesar de sus orejas, un poco tontorrón, abrumado por una madre terrible y poderosa y por una novia fea y vieja y en la sombra que con el tiempo conseguiría su objetivo... Hablamos de Diana Spencer, princesa de Gales, Lady Di, la protagonista por excelencia de este cuento gótico contemporáneo que nos sabemos todos de memoria. Y como en todos los cuentos y leyendas, Diana cumple todos los requisitos de los héroes y heroínas inmortales: belleza, poder, juventud, heroísmo, altruismo, una vida intensa y triste, una muerte trágica, romántica, envuelta en el misterio... Una muerte joven. Ayer hubiese cumplido 46 años. Hablar del estilo de Lady Di, Princesa de Gales, es hablar del estilo de las princesas de los cuentos. Es decir, hablar de lo que no existe. Porque las princesas, simplemente no lo tienen. A nadie se le ocurre analizar la elegancia de Cenicienta, de Blancanieves, de la Bella Durmiente. Son lo que son y Diana fue lo que fue: una princesa perfecta. Ingenua, delicada, un poco cursi, quizá: colores pasteles, largos prudentes, siluetas bombón, accesorios conjuntados con rigor y aburrimiento, joyas de familia, sombreritos en el límite de la ridiculez, tacones anchos y confortables (sabemos que un besamanos de dos horas puede ser incómodo pero lo sería más aún el sobrepasar a tu Príncipe Azul) Pero los cuentos de hadas son sólo eso, cuentos, pura fantasía, a veces demasiado previsibles incluso para una jovencita ingenua y desvalida. ¿Qué pasa después del final feliz? Y es que ahí donde los cuentos de hadas terminan, con la boda fastuosa, el banquete, los hijos É Diana de Gales marcó un estilo que siguieron millones de mujeres en todo el mundo AFP AP preciosos fruto del amor eterno, es cuando empieza nuestra historia, una historia de amores prohibidos, sangre azul, traiciones, poder, erotismo. Y Estilo. Con mayúscula. Sólo cuando Lady Diana empieza a abandonar sus títulos y tratamientos, a principios de los 90 aparece la otra, la verdadera Diana, esa mujer icono del estilo que aún permanece en nuestra memoria: pantalones pitillo, camisa masculina, bailarinas, gafas de sol para el día, escotes y tacones de vértigo para la noche. Un nuevo corte de pelo, un cuerpo perfecto que ha superado la bulimia y se disciplina en el gimnasio, un maquillaje transparente que resalta esa mirada azul profunda de la niña que nunca quiso ser princesa: la nueva Diana aparece deslumbrante siempre, desde Bombay a Nueva York, abrazando a niños desvalidos o a estrellas del cine y la canción, vestida de militar en su lucha contra las minas antipersona o con alguno de los petit- robe- noire que Versace, su gran amigo, creara en exclusiva para ella: sexys y esenciales, de una elegancia casi irritante en su sencillez. Y es que si la elegancia y el estilo son hijos del valor y del coraje y, sobre todo, de la inteligencia, no cabe duda que Diana fue un ejemplo de todo ello y un ejemplo para miles, millones de mujeres en todo el mundo. Porque se atrevió con lo más difícil: ser ella misma. A cualquier precio. Perdió la vida. Ganó la inmortalidad.