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80 CULTURAyESPECTÁCULOS www. abc. es culturayespectaculos LUNES 2- -7- -2007 ABC Nacha Pop, durante el concierto que ofreció el sábado en el festival Músicos en la Naturaleza, en la sierra de Gredos M. MARTÍN Nacha Pop empieza a rebobinar en la sierra de Gredos la cinta de su leyenda La banda madrileña intervino en la madrugada de ayer en el festival Músicos en la Naturaleza, donde compartió cartel con los Pet Shop Boys y Los Ronaldos JESÚS LILLO HOYO DEL ESPINO (ÁVILA) A sesenta euros vendían en el tenderete de los Pet Shop Boys la sudadera fluorescente y oficial de una gira cuyos últimos coletazos festivaleros coincidieron el pasado sábado, en la sierra de Gredos, con el primer concierto de Nacha Pop en diecinueve años. En una acampada de precios populares y bocadillos traídos de casa, no consiguieron vender ninguna, pero era la prenda más socorrida para hacer frente al frío que paralizó al público que quiso asistir al esperado regreso de la banda madrileña. Las emociones no calientan. No se lo pusieron fácil a Nacha Pop los grupos con los que compartieron relente y cartel. Los Ronaldos- -también implicados en un certamen, Músicos en la Naturaleza, que desde el año pasado promueve el conservacionismo ecológico y parece ser que también el de la nostalgia, especie muy protegida- -reactivaron con puntería, gustándose, su blues castizo, cantado en una baldosa de muy pocos milímetros de narrativa, minimalismo y barbarie y, en cambio, tocado a lo largo y ancho de la geografía de un género que le da madurez, distancia y hondura a su obra. Los Pet Shop Boys, por su parte, reciclaron el complejo espectáculo cubista de la pasada temporada para proyectarlo en una pantalla plana, más llevadera por esas sierras de Dios. El dúo británico no escatimó medios y desplegó sus secuencias sintéticas, sus neones, sus disfraces y su cuerpo de baile en un escenario, genéticamente rural, cuya sofisticada teatralidad sirvió para instalar una evolucionada muestra de pop art en un páramo cultural. La Barraca de García Lorca, asistida por ordenadores. En medio de los chopos y de dos bandas tan solventes, apareció Nacha Pop, sin el rodaje hecho, con los deberes pendientes desde hace casi veinte años, con más ganas que recursos y, también, más magia que precisión. Resultaría mezquino regatearle estímulos anímicos al recital del pasado sábado, pero no menos que ignorar que fue el público quien se los había traído de casa, como los bocadillos, como una cinta rebobinada de memoria y dispuesta para ser reproducida por dos de los músicos que hace más veinte años firmaron su banda sonora. La sudadera se la dejó la gente en la percha, quizá confiada en que la cosa, de noche, se caldeara sola. Muy condicionado por la edad y la salud de sus actores, el subgénero del rock arqueológico y pasado de fecha se ha convertido en las últimas temporadas en poco más que una triste prueba diagnóstica en la que el público se dedica a evaluar con un fonendoscopio de miles de watios el estado de forma de quienes intervienen en un función musical como el que se somete a un chequeo. Eso, más que otra cosa, es jugar a los médicos, ya sea con los Rolling Stones, cada verano, o, llegado el caso, con Nacha Pop, histórica ocasión para hacer la vista gorda y, de paso, oídos sordos: el fonendo, al corazón. Desde el primer momento- Antes de que salga el sol debilitada en la voz de Antonio Vega y fortalecida por el efectismo instrumental de sus músicos- -fue la banda que en esta gira secunda a los fundadores y líderes de Nacha Pop la que tomó las riendas del concierto para darle empaque y restaurar sobre la marcha los desconchones provocados por sus anfitriones. Tampoco Nacho García Vega, muy nervioso, anduvo fino. Cada uno en su lugar, uno puso intensidad e introversión Resultaría mezquino regatearle estímulos anímicos al recital del pasado sábado, pero no menos que ignorar que fue el público quien se los había traído de casa