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44 INTERNACIONAL LUNES 2 s 7 s 2007 ABC El fantasma del ex primer ministro Thaksin no ceja Ningún día sin Thaksin. Para bien o para mal, casi todos los diarios de la capital tailandesa (incluido el Bangkok Post en inglés) hablan a diario del ex primer ministro depuesto en septiembre. A pesar de su exilio londinense, donde hizo furor su intento de comprar el Manchester, la sombra de Thaksin Shinawatra culebrea en el teatro político local. Archipopular en el campo por sus campañas de inversiones y sanidad para los pobres (retomadas por la Junta militar) pero despreciado por el poder y la burguesía, el potentado de las telecomunicaciones se mostró apaciguador al pedir a sus partidarios que acataran la disolución de su partido, Thai Rak Thai (Los tailandeses aman los tailandeses, el primero en obtener mayoría absoluta) decretada por un Tribunal Constitucional designado a dedo por los generales. Los tanques volvieron a las calles de Bangkok cuando los militares decidieron que Thaksin Shinawatra debía ceder el poder EPA Los golpistas tailandeses enturbian su salida honrosa Tailandia, uno de los tigres asiáticos con mejor perfil internacional y economía más sólida, encajó un golpe de Estado el pasado septiembre. Aunque el cuartelazo fue de seda, la junta militar que pastorea la vuelta a la democracia ha disuelto el partido mayoritario POR ALFONSO ARMADA ENVIADO ESPECIAL BANGKOK. Desde tiempos de Buda, hace más de 2.500 años, y antes de que las lluvias del monzón descarguen su furia sobre Tailandia, se celebra la gran ceremonia brahmánica de la siembra del arroz. Un bellamente ornado buey albino- -escoltado por tamborileros con casaca y calzón rojo, dignatarios civiles y religiosos de blanco y oro, el ministro de Agricultura como gran sembrador y cuatro funcionarias del ministerio ataviadas como doncellas portando las sagradas semillas- -ara la tierra en Sanam Luang, ante el Gran Palacio de Bangkok. El príncipe heredero, Maha Vajiralongkorn, presidió un rito que trata de auspiciar una cosecha copiosa. Sólo cuando el monarca o su delegado abandonan el templete presidencial se deja irrumpir al pueblo llano que ha sido mantenido a raya. Impresiona esa avalancha popular que trata de hacerse con alguna de las semillas mágicas para mezclarlas con las suyas y que nunca falte condumio. Parece una metáfora accidental del sistema tailandés. Tras el golpe de seda de septiembre, los militares apremian para que termine de redactarse la enésima constitución (17 golpes desde la fundación de la Tailandia moderna, en los años treinta, y otras tantas constituciones) El calendario trazado con sable prevé elecciones en diciembre, pero la ruta quema: la junta acaba de dejar fuera de combate al principal partido del país, Thai Rak Thai, liderado por el defenestrado Thaksin Shinawatra. La sentencia del Tribunal Constitucional, inspirada por los milicos, que ha dejado el campo libre al dócil partido Democrático, ha empezado a ser contestada en la calle. A pesar de la tradición militar de inmiscuirse en la vida civil, la monarquía ha sabido preservar su aura. Es difícil dar con alguien que acuse al monarca, Bhumibol Adulyadej, decano de los dirigentes mundiales, de estar implicado en el último cuartelazo, aunque diplomáticos y analistas conceden con discreción que sin el consentimiento de Rama IX los generales no osarían expulsar a las tinieblas a la dirigencia civil. El ministro de Exteriores del gobierno de transición, Nitya Pibulsonggram, parece tan ansioso de dejar el cargo en manos de un poder elegido como otros compañeros de gabinete. El ministro no se anda con remilgos a la hora de justificar lo que califica de intervención (no golpe) No se disparó un tiro ni se derramó una gota de sangre. No hay nada por lo que llorar. Si no hubiera habido intervención se hubiera producido un baño de sangre Pibulsonggram insta al puñado de periodistas europeos a que cuenten si hay tanques en la calle (no se ven: la ley marcial fue revocada en enero) y resalta que el régimen de Thaksin había sumido al país en la corrupción generalizada Jamás colonizada por Occidente, en este país tropical tan extenso como España, pero con 62 millones de almas, la fe budista del 95 por ciento ha endulzado su carácter. La sonrisa y la amabilidad parecen un rasgo genético. Con un crecimiento anual del 5 por ciento, Tailandia da la impresión de haberse recuperado de la crissis de 1997, que hizo sudar frío a las economías asiáticas. Sin embargo, al intentar reemplazar el populismo de Thaksin con control monetario y soflamas contra los negocios en manos foráneas, el Ejército ha hecho un flaco favor a la imagen del país. Evitar un baño de sangre Para el ministro de Exteriores sin intervención se hubiera producido un baño de sangre Ammar Siamwalla, el más brillante economista de Tailandia, de origen indio y formación a caballo entre Harvard y Londres, se ha convertido en presidente accidental del Instituto para el Desarrollo y la Investigación de Tailandia. El accidente fue la designación del actual presidente de esta prestigiosa fundación que asesora al gobierno como nuevo ministro de Finanzas. Siamwalla, cuya inteligencia perfuma una veta de fina ironía, describe a su país como más afortunado en lo económico que en lo político, con una cadena de regímenes militares que si han tenido algo bueno es que cada vez son más breves Dice que los tailandeses son tan hábiles escribiendo constituciones que cada quince años redactan una nueva Siamwalla es cauto a la hora de describir la posición de la monarquía ante el último golpe y acepta que podría haber sufrido por la decisión de los generales de hacerse visibles en la vida civil, y no hace ascos a la palabra sutil para calificar la aquiescencia de la corona ante el último coup de septiembre. Del mismo modo que critica al depuesto primer ministro Thaksin, en quien rastrea rasgos de Juan Domingo Perón y Silvio Berlusconi, no tiene reparo en denostar las medidas nacionalistas dictadas por el régimen militar: Se trata de un mensaje profundamente negativo para los mercados