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ABC LUNES 2- -7- -2007 ESPAÑA 35 Destino de los bebés Según los antiguos catecismos, el limbo era un lugar al que iban a parar quienes morían sin uso de razón y sin haber sido bautizados. Los bebés muertos no han pecado, por lo que su sitio no es el infierno. Sin embargo, cargan con la culpa del pecado original, por lo que tampoco deberían subir al cielo. Así, su destino era hasta ahora una tercera clase de cavidad distinta del cielo y el infierno, donde pasarían la eternidad sin pena ni gloria. dad Santísima. Es un encuentro con el Padre que se realiza en Jesús Resucitado gracias a la comunión del Espíritu Santo Siguiendo el Catecismo de la Iglesia católica, llamamos Cielo al fin último y realización de las aspiraciones más profundas del hombre, el estado supremo y definitivo de dicha. Vivir en el Cielo es estar con Cristo puesto que, con su muerte y Resurrección, Jesucristo nos ha abierto el Cielo que es la comunidad bienaventurada de todos los que están perfectamente incorporados a Él Hasta el Juicio Final manencia de éstas en aquel lugar, fue otro Pontífice, Pablo VI, quien las liberó de esta atadura, que arrancó en el Medievo con la venta de indulgencias a los familiares del finado para salvar días, semanas o años en un desconocido lugar entre el Cielo y el Infierno. El Papa Montini dividió las purificaciones en parciales y plenarias El Cielo: estar con Cristo La última y ansiada realidad del más allá es el Cielo, que no es un paraje sino una gozosa relación interpersonal con Dios. Para Juan Pablo II, el Cielo no es un lugar físico entre las nubes, sino una relación viva y personal con la Trini- Sea como fuere, lo cierto es que el cristiano que une su propia muerte a la de Jesús ve la muerte como una ida hacia Él y la entrada en la vida eterna Una vida que se alcanzará después del Juicio Final, en el que todos los hombres comparecerán con sus cuerpos ante el tribunal de Cristo para dar cuenta de sus propias acciones (Catecismo, 1059) Al final de los tiempos, sostiene la Iglesia, el Reino de Dios llegará a su plenitud. Entonces, los justos reinarán con Cristo para siempre, glorificados en cuerpo y alma, y el mismo universo material será transformado. Dios será entonces todo en todos en la vida eterna CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA El Juicio de Dios, según la Iglesia La Capilla Sixtina, con el Juicio Final de Miguel Ángel al fondo visión del Juicio Final vale por todo un Tratado de Teología) todavía hoy despierta controversias, en una época marcada por el laicismo y el influjo de espiritualidades que tratan de expulsar las tradicionales concepciones de bien y mal. Durante unas famosas (y recordadas) catequesis llevadas a cabo durante el verano de 1999, Juan Pablo II hablaba del Infierno, el Cielo y el Purgatorio no como lugares físicos, sino más bien como estados del espíritu. Sobre el Infierno, Karol Wojtyla afirmaba que más que un lugar, indica la situación en que se encuentra quien libre y definitivamente se aleja de Dios Para el Papa polaco, no se trata de un castigo que Dios inflinge desde fuera, sino del desarrollo de premisas que la persona ha puesto durante su vida Lejos de apocalípticas visiones de torturas, llamas o marmitas hirviendo, Juan Pablo II explicaba que la condena consiste en el definitivo alejamiento de Dios, libremente escogido por la persona durante su vida, y sellado para siempre con la muerte Pese al temor a la condenación, el Pontífice advertía que no podemos saber, sin una especial relación divina, si algún ser humano, o quién, ha sido condenado Esto es: de nuevo, la gracia es más importante que el pecado. POOL Las almas del Purgatorio Si la percepción del Infierno concita una viva discusión, no lo es menos en el caso del Purgatorio, definido por el Catecismo de la Iglesia como el lugar en el que los que mueren sin estar plenamente purificados sufren después de su muerte, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo y cuya existencia no es reconocida por el resto de confesiones cristianas. En 1999, Juan Pablo II explicaba que el término Purgatorio no indica un lugar, sino una condición de vida: la de quienes, después de la muerte, viven en un estado de purificación, pero ya en el amor de Cristo, que les libera de los residuos de imperfecciones Para el Papa polaco, cuyo proceso de beatificación avanza a pasos agigantados, quienes se encuentran en esa condición de purificación están ligados ya tanto a los santos, que gozan plenamente de la vida eterna, como a nosotros, que caminamos en este mundo hacia la casa del Padre Estos lazos de unidad entre los vivos y los muertos permitían rezar por las almas en el Purgatorio. Respecto a la per- El cristiano que une su propia muerte a la de Jesús ve la muerte como una ida hacia Él y la entrada en la vida eterna. Cuando la Iglesia dice por última vez las palabras de perdón de la absolución de Cristo sobre el cristiano moribundo, lo sella por última vez con una unción fortificante El Juicio particular: Cada hombre, después de morir, recibe en su alma inmortal su retribución eterna en un juicio particular que refiere su vida a Cristo, bien a través de una purificación, bien para entrar inmediatamente en la bienaventuranza del cielo, bien para condenarse inmediatamente para siempre El Cielo: Los que mueren en la gracia y la amistad de Dios y están perfectamente purificados, viven para siempre con Cristo Vivir en el cielo es estar con Cristo En la gloria del cielo, los bienaventurados continúan cumpliendo con alegría la voluntad de Dios con relación a los demás hombres y a la creación entera. Ya reinan con Cristo El Purgatorio: Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo El Infierno: Las almas de los que mueren en estado de pecado mortal descienden a los infiernos inmediatamente después de la muerte y allí sufren el fuego eterno La pena principal del infierno consiste en la separación eterna de Dios Dios no predestina a nadie a ir al infierno El Juicio Final: El Juicio Final sucederá cuando vuelva Cristo glorioso. Sólo el Padre conoce el día y la hora en que tendrá lugar Después del Juicio Final, los justos reinarán para siempre con Cristo, glorificados en cuerpo y alma, y el mismo universo será renovado La tierra nueva: La espera de una tierra nueva no debe debilitar, sino más bien avivar la preocupación de cultivar esta tierra, donde crece aquel cuerpo de la nueva familia humana. Aunque hay que distinguir el progreso terreno del crecimiento del Reino de Cristo, sin embargo, el primero, en la medida en que puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa mucho al Reino de Dios