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6 OPINIÓN LUNES 2 s 7 s 2007 ABC DEBATE, DESEMBARCO DE RATO Y LA RENOVACIÓN DE RAJOY Si Zapatero hubiera sido un buen presidente, hoy no estaríamos hablando de la urgente necesidad de una alternancia Pablo Sebastián Liberal de verdad, frente a los ¡Viva la Pepa! los de la mascarada gaditana de Acebes, Aguirre y Zaplana, al pie del monumento a la Constitución de 1812, intentado usurpar la marca liberal con la que ese Juan sin tierra que es Zaplana, pretendió hacerse con el control del PP, por encargo del gran jefe de la cacerolada de la conspiración del 11- M, en El Mundo y la COPE. El que ha ofrecido a Rato una gélida acogida- -lejos del calor del balcón de Carabaña- mientras conversaba con Zapatero sobre el claroscuro perfil del republicanismo de este tonto circunspecto que se llama Pettit. El lessair fair, lessair passer de Rajoy ha llegado demasiado lejos, tras renunciar a la moción de censura, al Congreso del PP, a la renovación del partido y al giro al centro, que reclama Gallardón, confiado Rajoy en que la modesta victoria municipal, donde perdió nueve capitales, más Navarra y Baleares, es el trampolín de su alternativa (como el mal menor) al desvarío personal y político del ángel caído de Moncloa. Como porfía Rajoy en que su PP será- -si gana- -el palomar donde anidarán los políticos palomas (son pichones) del nacionalismo vasco y catalán, Imaz y Durán Lleida. O sea, el cuento de la lechera visto desde el lado optimista de la situación. Rato tiene sobrados motivos para regresar a la España en centrifugación y al disperso PP, incluidos los derivados de su especialidad económica como el ataque político a grandes empresas, Repsol, Endesa, Telefónica, BBVA, la ampliación del cinturón mediático y audiovisual del PSOE y el deterioro de la herencia económica que dejó al inesperado Zapatero, quien no se ha preocupa- LA CRÓNICA DEL LUNES A sombra de Rodrigo Rato planea sobre el hemiciclo del debate sobre el estado de la nación, que se llamará de la nación de naciones, o confederal, si Zapatero permanece otros cuatro años al frente del Gobierno. Un debate donde la entrega de Navarra al nacionalismo y el desdichado proceso de paz aparecen como las cuestiones claves de la legislatura, que Zapatero pretende evitar apelando a la unidad de los demócratas y al imprudente voto de silencio que Rajoy hizo en Moncloa sin exigir obligadas garantías sobre el fin del diálogo con ETA y la integridad de Navarra. Las palancas con las que Zapatero espera reconstruir la negociación, mientras espera la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto catalán, a ver si hay resquicio para introducir en el Estatuto vasco la frase abracadabrante del derecho a decidir, o de autodeterminación, de los vascos. La contraseña reiterada por el presidente para abrir la puerta de la cueva criminal donde se reunieron a negociar, probando la implicación personal de Zapatero en un proceso estrictamente político. Y ahí sigue, ofreciendo Navarra si ETA prorroga la tregua y llegan a las elecciones sin atentados, mientras canta Gara y calla Rajoy, como callado y perplejo se quedó en el último debate de la nación tras su encantamiento en la Moncloa, para ser sorprendido por un Zapatero locuaz que ocultó el encuentro de López con Otegi, hoy en proceso judicial. Como ha mentido y ocultado todo al PSOE, a los españoles y al primer partido de la oposición que denunció la mentira, pero que no supo dar con la respuesta que merecía el decisivo momento español. Prueba de ello está en la euforia desatada en el PP tras conocerse el regreso de Rato. Si Zapatero hubiera sido un buen presidente, hoy no estaríamos hablando de la urgente necesidad de una alternancia. Y si Rajoy fuera un poderoso líder de la oposición, hoy no hablaríamos de Rato como la gran esperanza blanca de la situación. Como un político con claro liderazgo, con currículum de gestión económica, capacidad de diálogo con nacionalistas, ajeno a la conspiración del 11- M, crítico con la guerra de Irak, representante moderado del centro- derecha, capaz de hacer oposición sin broncas, y de abanderar un proyecto liberal. L A ver si al final, y olvidando su gran responsabilidad, Rajoy será Sansón pero tambaleando las columnas del templo del PP do del tiempo de las vacas flacas que se aproxima. Ahí están, en plena incertidumbre política e inseguridad jurídica (CNMV CNE, etcétera) el principio del fin de la burbuja inmobiliaria, la inflación, el descenso del consumo y la productividad, el déficit exterior y el que inventen ellos en tecnología. A Rato (y a Cascos, en la organización del PP) le sobran motivos políticos para regresar. Y Rajoy tiene la obligación de aprovechar esta oportunidad y actuar en consecuencia dando pruebas del sentido común del que alardea, haciéndose acompañar de Rato y Gallardón, lo que sería para él un lujo que posiblemente no merece- ¿prefiere a Acebes y Zaplana, o un revoltijo que no clarifique su posición? y que le podría llevar a la victoria porque, si es verdad que Rato viste bien el flanco derecho y liberal, no es menos cierto que la batalla final se librará en el centro- izquierda, donde Ruiz- Gallardón es una pieza crucial. O ¿acaso se cree Rajoy con la fuerza de Sansón para derrotar solo al PSOE? A ver si al final, y olvidando su gran responsabilidad, Rajoy será Sansón pero tambaleando las columnas del templo del PP. Partido que se juega mucho en este debate de la nación, cuyo resultado puede alterar el calendario electoral. Por lo que Rajoy debería hablar más con los españoles que con Zapatero, utilizando esa plataforma para presentar el discurso de la alternancia y un renovado PP, que debe consolidar con decisiones urgentes que no pueden esperar, y que Rajoy, en ausencia de Rato, no quiso tomar. -Me siento orgulloso de lo que yo he conseguido personalmente. De mi tendencia sexual, de la que estoy contentísimo, no siento ningún orgullo, puesto que me fue dada por la naturaleza.