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ABC LUNES 2 s 7 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA ...Y QUINIENTAS NOCHES Los que vivís seguros en vuestras casas caldeadas; los que encontráis al volver por la tarde la comida caliente y los rostros amigos: considerad si esto es un hombre (Primo Levi) E C O R DA D L O. Aquel fantasma extraviado y macilento que volvía del infierno con la mirada huidiza, aquel espectro ausente que caminaba a tumbos y respiraba con miedo el aire de la libertad, era un hombre. O era, más bien, lo que quedaIGNACIO ba de un hombre después de CAMACHO un año y medio de infamia en un cajón, encerrado con los demonios de la soledad, la angustia, la aflicción y el tormento. Recordad la patada en el pecho que su zozobra de condenado a vivir os dio aquella mañana neblinosa de verano. Recordad los acordes derabia, dealegría, de piedad, deira, que sus pasos inciertos hicieron sonar en vuestro corazón. Recordadlo y hacedlo saber a vuestros hijos, y que no se os borre jamás de la memoria. Que no se os olvide aquel día, hacediez años, cuandounhombrellamado Ortega Lara emergió de las tinieblas de sí mismo para mostraros la cara insondable del horror. Recordadlo porque aquellos diez días de julio- -luego ocurrió lo de Miguel Ángel Blanco- -serán ya siempre el cenit de nuestra congoja, el punto de no retorno del que emergió una insurrección contra el conformismo y la desesperanza. Recordadlo porqueelmapadenuestros sentimientos colectivos está grabado desde entonces con trazas indelebles de rebeldía y coraje. Recordadlo porque en aquellas fechas malditas, entre la alegría de la liberación y el dolor desgarrado del crimen, se incubó el virus de la rabia que aún agita la médula cívica de la nación para sublevarlacontra el apaciguamiento, la claudicación, la debilidad o la injusticia. Esel recuerdo dela mirada perdida deOrtega Lara, de las horas inciertas de la vigilia de Ermua, de la lluvia de lágrimas de plomo sobre los féretros del matrimonio Jiménez Becerril, lo que ha levantado la conciencia del pueblo ante los paseos de DeJuana Chaos o la impunidad de sus cómplices, lo que ha construido elmurodefirmeza deopiniónpública ante el que se ha estrellado el adanismo experimental e irresponsable de Zapatero. Es el escalofrío de aquella semana maldita, clavado en lo más hondo de nuestras entrañas, lo que permite recordar que quienes han escrito en la sombra palabras de un discurso oficial del presidente del Gobierno siguen reclamando la misma sinrazón en cuyo nombre encerraron a Ortega, dispararon a Blanco con las manos atadas o pusieron la bomba de Hipercor. Y es por eso por lo que no hay que olvidar. Por los mismos motivos por los que aquel hombre resistió quinientos días y quinientas noches en el infierno de la desesperación, frente la pesadilla del hambre y el insomnio, contra la amenaza oscura y viscosa de la muerte. Recordadlo. Simplemente porque ocurrió, no hace demasiado tiempo. Y porque aunque nosotros acaso ya no seamos los mismos, ellos sí lo son, y quieren seguirlo siendo. R DETENGAMOS LA MÁQUINA N la entrevista que ayer publicaba este periódico, Esperanza Aguirre se proclamaba sin ambages detractora de la asignatura llamada Educación para la Ciudadanía y defendía el derecho de los padres a la objeción de conciencia. En otro pasaje anterior, Aguirre declaraba que respeta la toma de decisiones libres de los ciudadanos, en contraposición a lo que hacen los poderes públicos del intervencionismo o del socialismo, que van cogiendo cada vez más espacio a la sociedad Creo que es a la luz de esta reflexión donde debe situarse el debate en torno a la asignatura impuesta por el Gobierno, que trata de intervenir en ese ámbito de libertad personal que corresponde en exclusiva al individuo y que el Estado no puede invadir; una intervención que, para más inri, se pretende ejercer contra los más débiles e indefensos, esto es, contra quienes todavía no tienen su conciencia formada. Acierta Esperanza Aguirre: lo que se dirime aquí es, ante todo, un problema de libertad. Un problema de libertad es también el que se dirime en la película La vida de los otros del alemán Florian Henckel- Donnersmarck, cuyo estudio y anáJUAN MANUEL lisis la Comunidad de Madrid proyecta DE PRADA incorporar a la materia lectiva de esta malhadada asignatura. Hay que felicitar a Aguirre y a sus colaboradores por la elección de esta película, que en sí misma es una refutación de los objetivos que inspiran la llamada Educación para la Ciudadanía. En La vida de los otros el capitán de la Stasi Wiesler (soberbiamente interpretado por Ulrich Mühe) recibe la encomienda de intervenir la vida íntima del escritor Georg Dreyman. Wiesler es un agente implacable y concienzudo que jamás ha discutido una orden; no tardará en descubrir que, en efecto, Dreyman participa en actividades subversivas. A Wiesler lo obliga la obediencia debida a sus superiores; y, además, Dreyman está infringiendo flagrantemente la ley establecida. Pero algo se remueve entonces en el interior de ese agente de la Stasi, que hasta entonces ha obrado como un puntilloso autó- E mata al servicio del régimen; ese algo que se remueve dentro de él es la nostalgia de la libertad (siempre se añora aquello que nunca hemos disfrutado) Y Wiesler, en lugar de denunciar a Dreyman, se dedica a partir de ese momento a falsear sus informes, amparando las actividades subversivas del escritor. En su actitud, palpita la enseñanza de Henry David Thoreau en su opúsculo Desobediencia civil Existen leyes injustas. ¿Debemos conformarnos con obedecerlas? ¿Nos esforzaremos en enmendarlas, acatándolas hasta que hayamos triunfado? ¿O debemos transgredirlas de inmediato? Si la injusticia requiere de tu colaboración, convirtiéndote en agente de injusticia para otros, infringe la ley. Que tu vida sirva de freno para detener la máquina Wiesler ha descubierto que existe un ámbito inviolable de libertad individual que el Estado no puede invadir. Ha descubierto que ninguna ley puede amparar el allanamiento de ese ámbito inviolable y actúa en consecuencia, arriesgándolo todo. La vida de los otros nos emociona porque defiende la libertad del individuo frente a la intervención del poder, defiende ese ámbito sagrado de autonomía personal donde anida la conciencia humana. En la defensa de ese ámbito debe cifrarse nuestra oposición a la asignatura llamada Educación para la Ciudadanía. No se trata de oponerse a que nuestros hijos reciban una formación en principios constitucionales y de convivencia, sino de oponerse a la interpretación que el Gobierno pretende hacer de tales principios, postulando un discutible sistema de valores que se presenta como un imperativo imprescindible para la existencia de una sociedad cohesionada (esto es, esclavizada) Para ello, impone una ética universal basada en los nuevos paradigmas de derechos humanos, familia o ideología de género. A nadie se le escapa que el adoctrinamiento de las mentes infantiles mediante la ingesta de pienso ideológico produce a medio plazo unos opíparos réditos electorales; a nadie se le escapa tampoco que rebelarse contra ese orden injusto es una obligación de los espíritus libres. Actuemos como Wiesler en La vida de los otros Detengamos la máquina.