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Sábado 30 de Junio de 2007 Editado por Diario ABC, S. L. Juan Ignacio Luca de Tena 7. 28027 Madrid. Teléfono: 913399000. Publicidad: 902334556. Suscripciones: 901334554. Atención al cliente: 902334555 Diario ABC, S. L. Madrid 2007. Prohibida la reproducción total o parcial sin el permiso previo y expreso de la sociedad editora. Número 33.435. Depósito Legal: M- 13- 58. Apartado de Correos 43, Madrid Precios de ABC en el extranjero. Alemania: 2,05 Bélgica: 2,00 Estados Unidos: 2,50 USD. Francia: 2,05 Irlanda: 2,10 Italia: 1,75 Holanda: 2,00 Portugal: 1,35 Reino Unido: 1,20 LE. Suiza: 3.40 CHF. Marruecos. 16 Dh. DESDE MI BUHARDILLA Laura Campmany EL NAVEGADOR Rodríguez Zapatero habría que regalarle urgentemente un TomTom Go. Ya saben, unos de esos cacharros de ultramundo que te guían por el nuestro como un pastor de cabras. Te sientas en el coche, le introduces el nombre de una calle, pulsas la tecla go y comienza el milagro. Váyase usted poniendo a la derecha. A unos doscientos metros gire usted a la derecha. Le repito, cretino, que gire a la derecha... No hay forma de extraviarse. Aunque tú te empecines en no hacerle ni caso, el tío te recalcula la ruta y la distancia, y sólo hay una forma de callarle. A nuestro desnortado presidente, no parece importarle que le den instrucciones. Como hasta las acepta de quien no debería, pongamos que agradezca también las sugerencias de un mentor más aséptico, de un sherpa razonable que le fuera diciendo que la calle se estrecha, se convierte en camino, ya es sendero de barro, y como no recule, se cae por el barranco. La voz del aparato la dejo a su capricho. Me atrevo a sugerirle la de Pepiño Blanco, que suena convencida aunque hueca y a pito. O la de Rubalcaba, o la de la Salgado... Lo malo del navegador es que, pese a toda su ciencia, deja a nuestro albedrío la elección de objetivo. Y estamos en las mismas. A ZP habría que regalarle un TomTom Carta Magna, que previamente habríamos programado para no permitirle que se salga del mapa. Y que incluya un destino preferente. A ser posible, el de su propia casa, o algún punto- -lejano- -del Oriente. En el navegador, hay una banderita que indica que el periplo ha terminado. Yo propongo añadirle un efecto sonoro. Que cuando el navegante, siguiendo a Tony Blair, llegue a esa meta que es su despedida, estalle el TomTom Go en un vehemente aplauso. A Irene Becker, con su abogado, ayer en Berlín, tras haber sido condenada a cadena perpetua AP La enfermera asesina Un tribunal alemán ha condenado a cadena perpetua a Irene Becker, una asistenta sanitaria berlinesa que mataba por pena a sus pacientes, aunque ninguno de ellos le pidió que actuase en su nombre POR RAMIRO VILLAPADIERNA cientes le pidió que actuase en su nombre El fiscal ha demostrado que Becker, descubierta en 2006 por sus colegas tras un aumento de muertes en Cardiología, puso una inyección letal a un paciente porque le enervaba que no se calmase. La condolida enfermera sabía su oficio y, a otra mujer con un corazón frágil, le administró una dosis para elevar la presión arterial mientras a su lado la acompañaba su inadvertido marido. El nuevo caso de prepotencia médica cursada como compasión sigue a abusos probados en clínicas de Baviera, Wuppertal y Bielefeld, así como en Viena, Holanda, Noruega y EE. UU. El pasado año, un joven enfermero bávaro fue condenado de por vida, como el mayor asesino en serie desde el nazismo, tras probársele 28 asesinatos de pacientes con similar cobertura humanitaria. Stephan Letter militaba por el suicidio asistido y, cuando fue contratado en la clínica Sonthofen, creyó verse vindicado, aplicándose a despachar en año y medio a 17 mujeres y 11 varones que ni eran enfermos graves ni aun terminales. La salud de sus pacientes le interesaba a lo sumo superficialmente determinó la sentencia; le molestaba la visión de los enfermos en aquel apacible paisaje alpino. Cuando unos van a la eutanasia otros han vuelto, y Alemania es país donde ésta se aplicó efectivamente y contra la que hoy existe reparo político y contrafuertes legales. Antes que Hitler, la deificación adquirida por la ciencia en los años 20 llevó a cierta tiranía cientifista en Centroeuropa, que buscó el favor político, como expone Ernst Klee en La medicina nazi y sus víctimas de resultas, un genocidio entre enfermos y no normales pudo ser facturado como progreso. También en Suiza hay una causa contra la organización Dignitas, que oferta suicidios asistidos fáciles e indoloros por denuncias de largas agonías, y contra su fundador por prevaricación y sadismo encubiertos. En Berlín, tras escuchar entre lágrimas ayer la condena de por vida, la enfermera Becker pidió perdón a las familias por el error de pretender intervenir en el destino de otros A ctué en interés de mis pacientes había alegado ante el juez Irene Becker antes de admitir que nunca preguntó su opinión a los ocho enfermos a los que quiso despenar, a seis de ellos con éxito funeral. El fiscal ha hecho notar en esta enfermera de La Charité intenciones poco caritativas y, más bien, una rara tendencia a decidir sobre la vida y la muerte La abogada de las familias afectadas ha visto, incluso, una pretensión de ejercer y mostrar su poder. Ni uno de sus pa-