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S 6 30 6 07 LA VACA QUE RÍE 16 S 6 LOS SÁBADOS DE ¿Pollo o arroz? a sabemos que cuando alguien entra en un aeropuerto (con billete) pierde sus derechos civiles. Y cuando entra en un avión para un vuelo de muchas horas, pierde, además, su condición de humano para convertirse en otra cosa. Pongamos que te montas en el avión a la una de la madrugada, pasan unas horas, estás durmiendo y aproximadamente a las tres y cuarto llegan con la cena (por llamarle algo) ¿Pollo o arroz? ¿Pero por qué voy a querer pollo o arroz a esas horas? Piensas que debe de ser alguna técnica aprendida en las líneas aéreas de Guantánamo para anular tu voluntad con fines malignos. Escena interior (y de madrugada) Guantánamo. ¿Pollo o arroz? Sus muertos, señor guardia. Pero es que hay mucha gente que (en el avión) se decide por una de las dos opciones. O sea, que en esa otra cosa en la que nos convertimos al subir a los aviones es en gallinas. Y no metafóricamente en cobardes sino casi literalmente en gallinas ponedoras. Primero está la visión de esa multitud perfectamente colocada en filas. Y, luego, lo más importante: nos encienden la luz, nos despertamos. Nos apagan la luz, a dormir. Nos dan de comer, pues comemos (incluso pollo) Si en el espacio ni es de día ni de noche, un poco más abajo, tampoco. Me quedo con las ganas de gritar algo tipo ¡A metamorfosearse! como los Power Ranger. Y de llevar traje de Supergallina. Y ROSA BELMONTE Gallinas ponedoras Tony Curtis, Marilyn Monroe y Jack Lemmon, en Con faldas y a lo loco (ellos, de paisano) ABC Se recomienda el baño diario, mantener las uñas cortas y limpias, lavarse frecuentemente las manos, el pelo corto y (transcribo) el bigote bien recortado (hombres) Con esas aclaraciones no entiendo cómo pusieron el grito en el cielo cuando Tiziano Ferro (luego se disculparía) llamó bigotudas a las mexicanas. Cosas de hombres tra de Polonia. Descalifican a un tío por ganar una carrera de 150 metros sobre tacones de más de siete centímetros. Una carrera reservada sólo a mujeres. Y le quitan el premio, que consistía en 2.600 euros para gastar en tiendas de ropa femenina. Aquí no hay cuotas pero sí injusticia de género. Como si el señor travestido no tuviera más mérito que las damas. Me imagino a la falsa Agnieszka con las trazas de doña Croqueta (o de Tony Curtis en Con faldas y a lo loco o de Miguel Bosé en Tacones lejanos recorriendo la distancia con sus tacos y dejando atrás a las chicas. Toda la vida ahí montadas para nada. La velocidad es cosa de hombres, hasta con stilettos. Aunque la campaña de tráfico australiana que relaciona el exceso de velocidad con la falta de masculinidad Conduces deprisa. Nadie O La menta creo que no es por ahí ay quien objeta la Educación para la Ciudadanía. Yo estoy por objetar el W Mentol. Me ex. C. plico. Se trata de uno de esos limpiadores de inodoros tipo pato con olor a menta (que anda que al pato el trabajo que le ha caído también, y con la boca) Pues no. Lo que echas al wáter aunque sea para limpiarlo no puede oler como un chicle porque es antinatural. Como yonki de los productos de limpieza y siempre abierta a lo nuevo he caído en la tentación, pero es entrar al cuarto de baño, oler a Pictolín y como que no. Ni vuelvo a pasar por ahí ni pienso hacerlo por los helados con sabor a calamar (gigante o no) Por mucho que me guste Lovecraft, vamos. Los nombres (y domicilios) de los que idean estas cosas deberían hacerse públicos. H Los baños se modernizan, pero no tanto cree que la tengas más grande trate de desmentirlo. Hay cosas que son de hombres, pese a que a veces haya que recordarlo. Hace poco he visto un cartel en una empacadora de aguacates (en Uruapan, México) dirigido a la higiene personal de los trabajadores. Como yonki de los productos de limpieza y siempre abierta a lo nuevo he caído en la tentación, pero es entrar al cuarto de baño, oler a Pictolín y como que no