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30 6 07 TENDENCIAS Teléfonos La prehistoria del móvil TEXTO: CARMEN FUENTES FOTOS: JESÚS DÍAZ Y MAR HERRERO tre los anticuarios algún nuevo modelo) entre los cuales los más antiguos se remontan a 1894, justo un año antes de que empezasen a llegar a España los primeros. Pero ese mecanismos capaz de transmitir la voz humana a larga distancia sirvió no sólo para facilitar negocios, sino para salvar vidas porque fue vital para las urgencias médicas ya que por aquellos tiempos a nadie se le ocurría aprovecharse de semejante invento para disfrutar un buen rato del palique transmitir cotilleos o desavenencias amorosas, pues los primeros ejemplares se instalaron en las casas de los profesionales porque eran símbolo de nivel social. Empecé a coleccionar teléfonos- -asegura Enrique Alonso- -cuando trabajaba en Barcelona como médico de la compañía telefónica. Viendo viejos ejemplares se me despertó, allá por 1971, la curiosidad por un viejo aparato llamado teléfono de guitarra, que tengo instalado en casa y funcionando. Tenía tanto interés que al final me lo regalaron, lo que me motivó a meterme en el mundo del coleccionismo y a empezar a comprar. Tengo teléfonos suecos, americanos, franceses... muy curiosos, desde 1894, tan sólo dos años después de que Bell comercializase el primer ejemplar. Los he ido adquiriendo en anticuarios de Europa o América, algunos en muy buen estado y los 350 que tengo funcionan Un teléfono para que sea interesante, además de la antigüedad, ha de tener las piezas originales. Lo primero que hago cuando veo uno- -prosigue Alonso- -es abrirlo y comprobar que tiene todas las piezas originales. Si le falta una (están hechas a mano) soy capaz de comprar otro teléfono para repararle y que funcione. Tiene ejemplares muy curiosos, como uno de la Gestapo con la esvástica y el escudo alemán con una pequeña águila; otro que estuvo en el Palacio del Pardo, durante el gobierno de Franco, que tiene grabado en el auricular el escudo antiguo de España y el águila imperial. Y muchos más de anónimos desconocidos que fueron pioneros en el disfrute de la telecomunicación, como en España lo fue Rodrigo Sánchez- Arjona, que en 1980 consiguió autorización para instalar el primer teléfono rural de España en Frenegal de la Sierra (Badajoz) Están todos catalogados por año y los más interesantes son los de madera que, por aquel entonces, eran nobles y estaban ensambladas. No fue hasta los años 20 cuando cambiaron el material y empezaron a hacerse de baquelita; después los hicieron Esvásticas y águilas imperiales El coleccionismo ha llevado a Enrique Alonso, médico afincado en Asturias, a husmear por los mercadillos y rincones de los anticuarios hasta lograr la mejor y más amplia colección de teléfonos de España uién le iba a decir a Alexander Graham Bell que cuando, haciendo pruebas en un aparato de su invención, allá por 1876, aquellas palabras a su ayudante de Venga señor Watson, le necesito iban a pasar a la historia por como la primera frase pronunciada a través del teléfono. De esto hace ya 130 años (lo patentó el 14 de febrero de 1876) y aquel artilugio se ha convertido con el tiempo en algo tan necesario como el comer. Y como muchos de los inventos, nació de casualidad y por un error, ya que aquel telégrafo experimental en el que trabajaba comenzó a funcionar erróneamente debido a que una de las piezas se soltó, lo que permitió a Bell tener una visión de cómo las voces se podrían reproducir a distancia, motivo que le llevó a construir un t ra nsmisor y un receptor que patentó horas antes de que un competidor (otro inventor americano) Elisha Gray, entregase un documento advirtiendo a la oficina de patentes de EE. UU. que él, en California, había inventado el teléfono. Pero como el que da primero da dos veces, Bell pasó a la historia como el verdadero inven- Q Enrique Alonso habla por uno de los muchos teléfonos antiguos que tiene en casa, un Grammont de Francia de 1926. A la izquierda un Ericsson de 1894 tor del maravilloso y útil aparatito. Pero hasta llegar a la actual tecnología móvil, el teléfono ha recorrido un largo y curioso camino que hace las delicias de los coleccionistas, sobre todo las de Enrique Alonso, un médico que lleva 30 años comprando, restaurando, coleccionando y disfrutando de esa evolución que forma parte de la historia de nuestro tiempo y de nuestra propia historia. De esos viejos aparatos que son auténticas joyas. Y encima ha conseguido lo que ningún otro español había logrado antes: reunir más de 350 teléfonos (quizás haya aumentado la cifra porque está por Europa de vacaciones rebuscando en-