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6- 7 S 6 LOS SÁBADOS DE Riqueza de paisajes y riqueza monumental en ciudades como Pontevedra, una gran desconocida, cuyo casco histórico, plagado de palacios blasonados, bien merece una tranquila visita. El vino es, cada vez más, la otra gran atracción de las Rías Bajas. El paisaje se ha ido transformando a medida que todas las pequeñas parcelas se iban reconvirtiendo en minúsculos viñedos donde las parras de uva albariño aportan su estilizada silueta. En total, 3.200 hectáreas, entre el valle del Salnés y El Rosal, ya a orillas del Miño. Practicamente la extensión de la provincia de Pontevedra de norte a sur. Cerca de doscientas bodegas y más de 6.000 viticultores hacen de la Denominación de Origen Rías Baixas la más grande de Galicia y una de las mayores de España en número de viticultores. El minifundio eleva el coste de la mano de obra, lo que unido a una climatología difícil hace que la albariño sea la uva más cara de cuantas se producen en España. Pero compensa, porque los blancos de esta tierra tienen una elegancia y una esencia floral muy importante, uni- Paisaje de albariño das a una acidez que los hace muy agradables al paladar. En nuestro breve recorrido hemos podido visitar varias bodegas, ejemplo de trabajo bien hecho. Desde Martín Códax, la bodega de mayor producción de la Denominación, con más de cuatro millones de botellas, de admirable regularidad, hasta Albariño de Fefiñanes, en el monumental pazo del mismo nombre, en pleno Cambados, una auténtica joya arquitectónica de 1583. Allí se embotellaron, por los años veinte del pasado siglo, los primeros albariños etiquetados, y de allí siguen saliendo unos vinos excepcionales, como el III Año, fermentado sobre lías en depósito. Pero también Terras Gauda, en El Rosal, una de las grandes marcas de la D. O. o Mar de Frades, con su impresionante bodega recién estrenada en pleno monte, con enormes ventanales desde los que se divisa todo el valle del Salnés con el fondo de la ría de Arosa (el mar de Frades o de Frailes por el que llegaban los peregrinos por mar en su ruta a Santiago de Compostela) Para acabar, una cata organizada por Ramón Huidobro, secretario- gerente del Consejo Regulador, nos permitió probar diversos vinos de Los paisajes obligan a mirar dentro y fuera: al mar y las islas, y a los rincones interiores, sembrados de historia distintas procedencias y con distintas crianzas, con mención especial para el Pazo de Señorans Selección de Añada 2001, que ha envejecido perfectamente, y para Sanamaro de Pazo San Mauro. La otra vertiente de las Rías es la gastronómica. La riqueza del mar, sin parangón, se complementa con buenas carnes rojas y productos de la huerta. Una visita en Cambados a la cetárea Mariscos Laureano, de Laureano Oubiña (este es Laureano el bueno nada que ver con el narcotraficante) nos permite ver cómo se depuran con agua de mar almejas, berberechos, ostras y zamburiñas. Y nos permite probar unas almejas impresionantes por tamaño y por sabor, procedentes casi todas de la vecina isla de Arosa. Esta cetárea sirve a algunos de los mejores restaurantes de España. Hay más: pulpo, navajas, nécoras, centollas, lubrigantes (bogavantes) El festín no tiene final. Junto a la oferta tradicional, puro producto, más numerosa, empiezan a aparecer restaurantes de cocina actual, más moderna pero inspirada siempre en el recetario tradicional. En el primer grupo, nombres casi míticos como La Taberna de Rotilio, en Sangenjo; Crisol o Posada del Mar, en El Grove; Anduriña, en La Guardia; Casa Bóveda o Loliña, en Villagarcía de Arosa. En el segundo, los cocineros más atrevidos que rompen con los estereotipos pero no renuncian a sus raíces. Grandes restaurantes como Casa Solla, en Poyo; Pepe Vieira, en Sangenjo; Yayo Daporta o Pandemonium en Cambados; Allo e Aceite, en Marín. Y en medio, los que han evolucionado de forma más moderada, con una simple puesta al día de la mejor materia prima, lo que se ha dado en llamar la tercera vía, representada por La Casa de las Cinco Puertas, en Pontevedra, o Bitadorna, en La Guardia. Unos y otros proporcionan al viajero enormes satisfacciones.