Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
30 6 07 EN PORTADA El interior Por si no soporta la playa... TEXTO: PATRICIA ESPINOSA DE LOS MONTEROS FOTOS: ABC i le espanta la arena, tiene miedo de las medusas, sufre eritema en cuanto llega a la orilla, o le estresan las sombrillas; si, realmente, lo que le gusta es el silencio, comer bien, o disfrutar con los suyos enseñándoles a pescar, no se olvide de que el interior existe. Aquí traemos varios destinos, muy distantes entre ellos, pero con algunos elementos comunes. Se trata de casas antiguas rehabilitadas por sus propietarios y recién incorporadas al mundo hostelero, hace menos de un año. Los que mejor las conocen, porque las han vivido, nos dan las razones por las que consideran un lujo pasar el verano en el interior. S Juan Carlos Ferrero, al saque de su primera experiencia hotelera pinterías de madera. Hoy cuenta con 10 habitaciones con desayuno incluido. Los almuerzos y cenas son por encargo. Manuel Gullón, su actual propietario, ha pasado aquí muchos veranos familiares. Tiene recuerdos maravillosos y no duda un instante a la hora de darnos tres razones principales para venir a Astorga: La primera, conocer los pueblos maragatos, con sus edificios acondicionados para recibir los carromatos de los arrieros que viajaban por toda España. La segunda, y si se tiene mucha suerte, tomar el cocido maragato de Maruja, en Castrillo de los Polvazares. Este pueblo, monumento nacional, organiza sus famosos cocidos, con nueve clases de carne y con la tradicional sopa que se toma al final. La tercera y última razón es que merece la pena acercarse a Val de San Lorenzo, sólo y exclusivamente para conversar con Gloria y su madre, María del Carmen, dueñas de Textil Maragata. Ambas siguen fabricando man- Una casa maragata La casa de Tepa está en Astorga, capital de la maragatería. A su alrededor, un montón de direcciones secretas, como el palacio episcopal de Gaudi, la catedral gótica, el museo romano, el del chocolate... Sdemás, la oferta gastronómica de una cecina o unos mantecados que no hay que dejar de probar. La casona, del XVIII, se encontraba en muy mal estado. La restauración corrió a cargo del arquitecto Ramón de Arana, que mantuvo la estructura maragata y la distribución original. Se recuperaron los muros, los suelos de tarima de pino, y la típica galería en forma de ele, con jardín en el centro, acristalada y con car- La Herrería la forman dos edificios medievales. Arriba, el spa Sara González, una de las componentes de Greta y los Garbo