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6 OPINIÓN VIERNES 29 s 6 s 2007 ABC AD LIBITUM QUE VIENE EL DEBATE ÍDOLOS DE LA CUEVA LA VICTORIA DE LAS CIUDADES Balzac, que sabía de lo que hablaba, afirmaba EGÚN el informe de las Naciones Unidas acerca que no había mejor novela que la vida de una ciudel estado de la población, en algún momento de dad. Para los grandes narradores del XIX, la moder 2008, y por primera vez en la Historia, el número na urbe no sólo era el ámbito donde transcurría la de habitantes de las ciudades será superior al de las zoperipecia de héroes individualistas y problemátinas rurales. Se quiebra así definitivamente el que, descos, sino, a menudo, un auténtico personaje sin rosde nuestros orígenes como especie, había sido el más tro cuyo devenir proteico era mucho más que la meextendido modo de hábitat humano. El informe subrara acumulación de las vidas que la habitaban. El ya otros aspectos importantes, como que el incremenLondres de Dickens, el Madrid de Galdós y el to de la población urbanita del planeta (a razón San Petersburgo de Dostoyevski nos familiade cerca de un millón de personas por semana) rizan con esa ciudad que, a partir de Baudeestá teniendo lugar, sobre todo, en Asia, África laire, ya reconocemos- -para bien o para y América Latina, tres continentes en los que mal- -como nuestra. el éxodo rural ha aumentado prodigiosamente Pero el desarrollo de la ciudad se alimenta en los últimos años, y que habrán doblado su pode la mayor de las paradojas, al concentrar a blación ciudadana en un par de décadas, acerla vez la miseria de los desposeídos que a ella cándose a, o superando, ese 72 por ciento de haacuden y los medios y oportunidades que les bitantes de ciudades que ostenta Europa o el 81 MANUEL permitirían abolirla, pero a los que no todos por ciento de Estados Unidos. El documento RODRÍGUEZ logran acceso. Por eso, la ciudad atrae con el constata, asimismo, que las ciudades que más RIVERO sueño de la prosperidad, pero a menudo acacrecerán son las pequeñas y medianas; las meba siendo sumidero de esperanzas y partera de nuegalópolis hipertrofiadas (México, Bombay, Sao Paulo, va miseria para los excluidos. El informe de las NaSeúl) se estancan o pierden habitantes, un proceso ciones Unidas señala lo que está sucediendo y, adeque, sin embargo, no afecta a megaurbes que, como más, formula un serio aviso al que no sólo deberían Nueva York, Tokio o Londres, forman parte del excluprestar atención gobernantes y urbanistas: una tasivo club de las ciudades globales (en la terminolorea urgente para ya mismo es re- imaginar y planifigía de Saskia Sassen) es decir, de ese pequeño número car la estructura, prestaciones y servicios (desde la de metrópolis cuya actividad tiene un efecto significavivienda y la salud a la higiene y la educación) de tivo en la economía, la cultura o la política del planeta. esas ciudades que van a crecer exponencialmente a Desde que surgieron las primeras aglomeraciones partir de ese arrollador flujo migratorio desenraizahumanas en el Creciente Fértil, la ciudad ha sido el facdo, modificando radicalmente el entorno, las formas tor ineludible del progreso. Erigidas en lugares privide convivencia y la calidad de vida de sus habitantes. legiados para la defensa o el intercambio, se convirtieEncontrar fórmulas para las ciudades que tengan en ron inmediatamente en focos de atracción y de irradiacuenta las complejas realidades del mundo que nos ción de riqueza y cultura. La primera gran revolución ha tocado vivir es una tarea acuciante. Como tamurbana de la modernidad, propiciada por el impulso bién lo es educar a los nuevos urbanitas en los valomovilizador de la Revolución Industrial, fue el inicio res democráticos que surgieron en y desde ellas. Si de un camino que ahora parece llegar a su cénit: cada ellos faltan nuestras ciudades pueden convertirse en vez más el mundo se hace ciudad y la ciudad suplanta infiernos superpoblados. al mundo. ESDE que Alexis de Tocqueville- -liberal y discípulo de Montesquieu, no se olvide- -volvió de su excursión norteamericana y escribió los tres tomos de La democracia en América hace más de siglo y medio, buena parte de los pensadores y todos los politólogos europeos no han dejado de mirar hacia los EE. UU. Ni los más furibundos antinorteamericanos prescinden de tan educativa costumbre y, aunque sea a su pesar, varias de las capas de la cebolla de su formación tienen, aunque lo disimulen sus portadores, un indeleble made in USA. Nuestra joven democracia imita el tradicional Debate soM. MARTÍN bre el estado de la FERRAND Unión pieza litúrgica fundamental en las relaciones entre el Ejecutivo y el Legislativo instalados en Washington, con un Debate sobre el estado de la Nación ¿a qué nación se referirá la convocatoria en sus contemplaciones periféricas? -que la próxima semana, ya con los calores de julio, enfrentará a los siempre enfrentados José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy. En el tiempo presidencial de Zapatero ese debate ha venido a menos. Ha decaído en fondo y forma. Un mucho porque el socialista, corto de talento y largo de resabios, tiende a convertirse en una pared de frontón en la que rebotan las pelotas del monocorde y monotemático monopolista de la oposición y un poco porque aquí, para nuestro riesgo y desgracia, aparte del proceso de paz que tiene ensimismado al nieto de su abuelo y de los sucesos mortuorios que genera la presencia exterior de nuestro Ejército, no pasa nada de provecho. El Gobierno, si es que existe, está huido y sólo la vicepresidenta se limita, los viernes, a echar balones fuera con creciente cara de enojo y gesto de cansancio. El de la próxima semana será el último de estos debates, grandes en su convocatoria y mínimos en su enjundia, que enfrentan a Zapatero y Rajoy... en la presente legislatura. En la próxima todo puede seguir igual- -es decir, peor- -si unos no invocan el futuro y los otros no se sacuden el pasado y a quienes lo encarnan y representan con machacona monotonía. Entre la memoria histórica que inspira a Zapatero y la justificación del ayer que limita a Rajoy, aquí debatimos- -mucho, demasiado- pero no prosperamos con el ritmo y grandeza que debiéramos. La centrifugación del poder nacional que ha orientado el Título VIII de la Constitución vigente, con sus ventajas e inconvenientes, exige un fuerte liderazgo nacional. Algo más de lo que Zapatero puede y, a juzgar por los hechos, quiere Rajoy. Sin ese liderazgo, entendido como grapa que aúne los diecisiete pliegos de nuestra realidad vigente, mal presente nos espera y peor futuro nos aguarda. Es la consecuencia de un generalizado entendimiento del poder como fin en sí mismo y no como herramienta para el perfeccionamiento de la Nación y la felicidad de sus vecinos y, dadas las fechas, también contribuyentes. D S