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ABC JUEVES 28- -6- -2007 La alcaldesa de Leganés gobernará solo 22 días por la moción de censura de PSOE e IU Guadalupe Bragado 53 La joven getafense asesinada, ABC Sandra Palo Bermúdez siguiente verja del recinto. Sorprendente resultó el despliegue para impedir a esta mujer llorar su rabia a las puertas de El Renasco: seis agentes de la vecina comisaría de Carabanchel y dos vigilantes. María del Mar Bermúdez no cabía en su rabia: ¡No me toquen! ¡El juez me dijo que iba a salir a las 12! ¡Me han engañado! ¡Todos me han engañado! ¡Y le han sacado tapado! gritaba desconsolada, ante el apoyo ciudadano. Las que vinieron las siguientes cuatro horas fueron las muestras del mayor dolor. No me voy a mover de aquí hasta que alguien con poder venga a darme una explicación aseguraba la madre, que se agarraba a la fotografía de Sandra que llevaba estampada en su camiseta. Me han hecho esto porque soy una mosca cojonera para todos decía, no sin razón. Voy a tomar medidas contra el centro y contra el juez. ¿Por qué no están aquí para dar la cara? Son todos unos corruptos y unos sinvergüenzas gritaba Bermúdez. Llevo cuatro años esperando este momento. Esto es lamentable. El juez me engañó hasta en la fecha de la vista se quejaba, en referencia a la vistilla en la que se propusieron las condiciones de la libertad vigilada. Al cabo de dos horas, María del Mar se desvaneció. Tuvo que ser atendida por una psicóloga. En la ambulancia pasó más de hora y media. Cuando cayó desmayada, su marido le pedía: Respira, respira Y la madre, rota de dolor, sólo podía decir: No quiero respirar. ¡Sandra, llévame contigo! María del Mar Bermúdez s Madre de Sandra Palo EL RAYO QUE NO CESA Se ha convertido en el símbolo de la lucha contra una ley, la del Menor, que está recibiendo el varapalo social. Sus ansias de justicia llegarán a Estrasburgo POR C. HIDALGO MADRID. En el pequeño cuarto de estar de la familia Palo, en Getafe, hay una foto en la que aparece María del Mar Bermúdez acompañada de unas amigas. Sonríe. Ahora, sus labios rara vez se arquean. Esta mujer es mucho más que una madre coraje. Ha puesto voz y rostro no sólo a la injusticia de una ley hecha a la medida de los que delinquen, sino a otros muchos casos que, a diferencia del suyo, son anónimos para la opinión pública. Ahí reside su fuerza. Ahí reside su generosidad, empujada por un vigor que debe de dar el verdadero dolor. Eso sólo ella lo sabe. La última vez que habló con su hija fue poco antes de que la mataran, el 17 de mayo de 2003. Pasó la noche en vela esperando que volviera de una noche de diversión con sus amigos. A la mañana siguiente, la familia Palo, sin Sandra, acudió a la Primera Comunión del más pequeño. Cuando regresaron a casa, la Policía les esperaba para darles la cruel noticia. Así empezó la lucha de esta madrileña de 46 años, dependienta de la sección de Textil de Carrefour. Junto a ella, Paco, su marido, siempre ocupando un segundo plano, pero siempre junto a ella: Yo le dije a Mari desde un primer momento que la apoyaría en lo que quisiera explica. Esta mujer de muchas palabras y un solo sentimiento es capaz de echar mano de los ver- sos de Neruda para hablar de su pequeña Sandra, pero también ha inspirado, incluso, los del poeta ecuatoriano Jacinto Bacon. Es, al cabo, el poder de la palabra, el único que entiende María de Mar, una mujer capaz de estar siendo asistida en el interior de una ambulancia por una crisis de ansiedad mientras telefonea a una diputada del Congreso o atiende una llamada del vicepresidente regional. Le roba horas al día para dignificar aquellos objetivos que muchos políticos llevan en la boca, pero que pocos se atreven a defender como ella. Ayer por la mañana, cinco minutos después de que Rafita saliera del centro de menores, a María del Mar se le volvió a romper el cielo en pedazos. Pero ella no sucumbe a la impotencia. Dice que peleará hasta llevar el tratamiento judicial de estos salvajes delitos cometidos por menores al Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo. Y seguro que lo consigue. Y seguro que sus manos, cinceladas por el dolor, no descansarán hasta llenarse de justicia. El tiempo lo dirá.