Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
82 CULTURAyESPECTÁCULOS www. abc. es culturayespectaculos MIÉRCOLES 27- -6- -2007 ABC Günther Grass discute con una mujer en la firma de libros que siguió al interrogatorio en la Young Men s Hebrew Association de Nueva York EPA Grass, juzgado en Nueva York La Young Men s Hebrew Association de la ciudad estadounidense se convirtió en un improvisado tribunal popular para el escritor alemán, que respondió a un auténtico interrogatorio por su pasado nazi, recientemente revelado ANNA GRAU SERVICIO ESPECIAL NUEVA YORK. Retrato robot de un judío del Upper East Side de Nueva York: tiene cierta edad, tiene dinero y está loco por la cultura. Vive cerca de los grandes museos y es patrono del Y (pronúnciese Guay de la calle 92 con Lexington. La Y es por Young Men s Hebrew Association, Asociación de Jóvenes Hebreos. Es el tabernáculo de la alta cultura judía en Manhattan. Este lunes se convirtió en un improvisado tribunal popular para el escritor Günter Grass, juzgado por su pertenencia juvenil a las SS y por no haberlo revelado hasta ahora, cuando ya es Premio Nobel, Premio Príncipe de Asturias e intocable. En un escenario presidido por los nombres de Moisés, David e Isaías, ante un auditorio abarrotado de posibles descendientes de víctimas del Holocausto, Grass hizo algo más que leer un fragmento de sus memorias, Beim Haeuten der Zwiebel Pelando la cebolla y que someterse a una entrevista. En realidad, lo que se le vino encima fue un completo interrogatorio. La elección de su interrogador no dejaba lugar a dudas: Amos Elon, nacido en Viena y criado en Israel, es corresponsal de Ha aretz y prestigioso colaborador de The New York Review of Books. Ha escrito innumerables libros sobre la cuestión judía en Alemania, en Israel y en el mundo. A él le correspondió pedirle cuentas a Grass. El escritor alemán entonó el mea culpa con profusión: invocó una y otra vez la estupidez de su juventud, el ingenuo apetito de heroísmo de un adolescente que despreciaba a su padre por mantenerse en la vida civil, y que se presentó voluntario para montar en submarino, no para llevar el uniforme de las SS. Un loco James Dean alemán que odiaba a sus mayores por haber perdido la primera Guerra Mundial y quería ganar la Segunda con tanta fuerza como ansiaba irse de casa e iniciarse sexualmente. Un alma de nitroglicerina que estallaba al choque de la exaltación patriótica y creía que el Holocausto era propaganda enemiga. De acuerdo- -aceptó Elon- pero, ¿cómo pudo necesitar un año entero, tras la guerra, para admitir que los campos de exterminio habían existido? Los norteamericanos llevaron a Grass a conocer de primera mano uno de esos campos. Le llevaron en un vehículo conducido por un militar negro al que sus compañeros blancos no dirigían la palabra. Yo pensé: qué racistas son estos americanos evocó. Elon se sobresaltó: ¿Pero cómo pudo usted pensar eso, encima? Se aprende mucho después de perder una guerra, ya veréis vaticinó el alemán. Sus críticas a la guerra de Irak le valieron los primeros aplausos de la noche. No me imagino a los Estados Unidos aprendiendo de una derrota se quejó Elon. Lleva más tiempo del que parece le animó Grass. Elon siguió machacando un buen rato, haciendo como que no comprendía cómo Grass pudo no saber esto o no darse cuenta de aquello. Las apelaciones del escritor a la vergüenza cegadora merecieron algún desdén. Pero pocos. Era evidente que iba abriéndose paso cierta complicidad entre los dos. Cierta perspectiva de absolu- Apelaciones del autor