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ABC MARTES 26 s 6 s 2007 INTERNACIONAL 39 Taylor, el fin de la impunidad El ex presidente de Liberia Charles Taylor volvió a boicotear ayer el proceso abierto en su contra por el Tribunal Especial para Sierra Leona por crímenes de guerra, al no presentarse a la sesión GERARDO GONZÁLEZ CALV 0 MADRID. Decenas de mutilados sierraleoneses siguen con emoción incontenible el juicio en la Haya al ex presidente de Liberia, Charles Taylor. Lo han podido ver a través de grandes pantallas de televisión instaladas en locales municipales de Freetown, capital de Sierra Leona. Son algunas de las víctimas que sufrieron en este país amputaciones de sus miembros durante la orgía de muerte desencadenada en los años noventa con el beneplácito de uno de los señores de la guerra más sanguinarios. Sobre Taylor pesan 11 cargos por crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad. Esto incluye asesinato y mutilación de civiles, el rapto y uso de mujeres y niñas como esclavas sexuales, la requisa de niños soldados. La mayoría de estos delitos los cometió en Sierra Leona como principal aliado del Frente Unido Revolucionario, al que suministró también armas a cambio de diamantes, los tristemente célebres diamantes de sangre Por eso, Charles Taylor es juzgado por el Tribunal Especial para Sierra Leona, que preside la magistrada ugandesa Julie Sebutinde. Como en su día hizo Slobodan Milósevic, Taylor ha rechazado a su abogado, Karim Khan, y ha boicoteado el juicio, por considerar que el tribunal no es honesto ni imparcial Esta argucia no impidió que se iniciara el proceso, que durará entre un año y 18 meses. Ayer una nueva treta de Taylor hizo que se aplazara el juicio hasta el tres de julio El Tribunal Especial para Sierra Leona, creado por la ONU, tiene su sede en Freetown, pero actúa en la Haya a petición de la presidenta de Liberia, Ellen- Johnson Sirleaf, para evitar posibles amenazas de los simpatizantes de Charles Taylor. Y sobre todo porque no es fácil custodiarle con seguridad. Taylor logró escapar en Estados Unidos de una cárcel considerada de alta seguridad. Había huido a este país en 1983 con unos 900.000 dólares de fondos públicos, de los que se apropió durante su cargo de viceministro de Comercio bajo el mandato de Samuel K. Doe. El Gobierno de Liberia pidió su extradición y fue encarcelado como medida precautoria. Pero sobornó a algunos funcionarios y salió de la celda, según algunas informaciones después de limar los barrotes y usar una soga trenzada con sábanas. No fue éste su primer intento de fuga. Cuando renunció a la presidencia de Liberia, en 2003, para evitar una nueva guerra civil, aceptó ser trasladado a Nigeria; fue alojado en una mansión de Calabar. Al enterarse de que los presidentes de Nigeria y de Liberia habían alcanzado un acuerdo para entregarle a la justicia, sobornó a sus guardias nigerianos y hu- Aplazado al tres de julio Charles Taylor, en una imagen tomada en 1990 AFP yó, pero fue localizado y apresado en la misma frontera de Camerún. El juicio contra Charles Taylor tiene algunas novedades. Es la primera vez que un dirigente africano es juzgado por crímenes de esta naturaleza, aunque ha habido candidatos que no le irían a la zaga, como Idi Amín Dadá de Uganda- -ya fallecido- Hisséne Habré de Chad- -retenido en Senegal- Mengistu Haile Mariam de Etiopía y su propio protector Robert Mugabe, todavía presidente de Zimbabue. Otra novedad es la composición del Tribunal, formado por jueces sierraleoneses e internacionales. Algunos dirigentes africanos se opusieron en su día a que Charles Taylor fuera juzgado por un tribunal internacional con sede en Europa, porque, según ellos, ofende la dignidad africana Deseaban que fuera procesado en suelo africano. Esto mismo propusieron cuando Bélgica pidió a Senegal la extradición de Hisséne Habré, ex presidente de Chad, acusado de haber cometido miles de asesinatos políticos y de torturas mientras ejerció el poder, entre junio de 1982 y diciembre 1990. Sin embargo, Habré vive todavía un exilio dorado en Senegal, protegido por un Gobierno estrechamente vinculado a las grandes cofradías musulmanas. Como contrapartida, los africanos que militan en organizaciones de derechos humanos consideran que el juicio a Charles Taylor es una seria advertencia a otros dirigentes que todavía ejercen el poder con despotismo y con claros signos de criminalidad, como Robert Mugabe en Zimbabue y Omar Hassan el- Beshir en Sudán. Creen, con buen criterio, que en África ya pasó la época de la impunidad.