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ABC MARTES 26 s 6 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA SOLDADOS, NO BOY SCOUTS STE Gobierno es muy libre de hacer pacifismo de salón, retórica buenista, flower power, alianza de civilizaciones, ansia infinita de y demás mantras de la ética indolora. Pero que no se lo crea cuando toma decisiones que afectan a las Fuerzas Armadas, porque en ellas hay gente que se juega la vida, y a veces la pierde, en una ruleta donde las apuestas ajenas se pagan con sangre propia. Una cosa es engañarse a uno mismo, o intentarlo, y otra engañar a los demás. Cuando para reclutar soldados se ponen en IGNACIO la tele anuncios en los que CAMACHO no sale ni un fusil, todo sonrisas y ejercicios de boy scouts en la tirolina, se está tratando de engatusar al personal con una falacia que oculta y trivializa la verdadera condición de la milicia, sus riesgos, sus deberes y su compromiso de combate. Como estrategia publicitaria puede valer, pero como estrategia política es deshonesta. Y lo malo es que esa barata filosofía de abrazafarolas se aplica luego a la política real, obviando la responsabilidad de las decisiones bajo la cobertura fantástica del pensamiento Alicia Y se manda gente a guerras de verdad, donde se mata y se muere, bajo un discurso de buen rollito solidario, sonrisas contra las bombas y al paso alegre de la paz. Como si fueran misioneros combonianos, con el clavel en la punta del fusil y cajas de tiritas en vez de munición. Legionarios sin fronteras. El resultado es que de vez en cuando vuelven en una caja cubierta con la bandera unos muchachos casi adolescentes reventados por unos cabrones muy aviesos a los que la alianza de civilizaciones les resbala por salva sea la parte, y entonces el discurso de las misiones de paz cruje por todas las costuras porque ha faltado coraje para explicar y aceptar que estaban en una guerra que el Gobierno no quiere admitir porque le estropea el discurso. Una misión digna, solidaria y constructiva, pero en una guerra a la que vamos como monjas de la madre Teresa, a pecho descubierto y con el talante como chaleco antibalas. Ahora hay que poner medallas sobre los féretros, que son muy merecidas pero que los chicos habrían cambiado sin duda por algún inhibidor de frecuencias en su carro blindado. Lo que pasa es que eso cuesta dinero, muchos euros, y sobre todo cuesta el coraje político de pedir pasta en el Congreso para pertrechar a unas Fuerzas Armadas a las que se pretende aliviar conceptualmente de su propia, intrínseca y honorable condición de organización militar para transformarlas en una especie de socorro de afligidos, como la Cruz Roja. No es pintar como querer, dice la copla. Y no se puede gobernar sin un ejercicio de responsabilidad que empieza por aceptar las realidades sin disfrazarlas. Y entender que los terroristas son terroristas, no pacifistas; que los enemigos son enemigos, no hermanos separados; que las bombas son bombas, no accidentes; que los soldados son soldados, no enfermeros, y que la paz no es una flor que se riega con brindis de sonriente voluntarismo demagógico. E LA ESPAÑA ENDEBLE DE ZAPATERO OS componentes estilísticos del zapaterismo dan para convocar una manifestación, para constituir una ONG, para un guión de serie televisiva o para fundar un grupo de nuevas terapias, pero difícilmente vertebran una sociedad. No es que en España la política haya sido habitualmente propensa a mejorar la ósmosis entre las instituciones- -los partidos políticos, por ejemplo- -y la sociedad, la sociedad civil. Pero el caso del zapaterismo es casi extremo, porque a su modo busca la abducción de la sociedad por unos modos de sugestión política que han ido perdiendo consistencia a ojos vista y se empeñan en legislar contra la costumbre o en aplicar unos modelos abstractos sui generis como es el caso de las iniciativas laicistas o el enaltecimiento de una memoria histórica frente a otra. Es el episodio aplastante de la Alianza de Civilizaciones. En realidad, la gran tarea atrasada es todavía que la sociedad española se vertebre de forma coherente. Pongamos la opinión pública. Es prácticamente imposible darle sedimentación y solidez plural si vive ajena a lo que pasa en el mundo o si lo vive en términos edulcorados y virtuales, esquemáticos o maniqueos, desVALENTÍ conectados de la realidad. Todo lo que PUIG concierne a la Unión Europea aburre incluso a las ovejas, cuando lo cierto es que una porción impresionante de las decisiones que afectan a la ciudadanía española ya no dependen hoy directamente de los centros nucleares de la soberanía nacional, sino de ese pool de soberanías compartidas que residen metafóricamente o no en Bruselas. Así quedó la peseta en manos de la numismática. Por razones similares, al ciudadano no se le explica que la defensa legítima del multilateralismo pasa por tener tropas en Afganistán o el Líbano, en virtud del cumplimiento de alianzas y compromisos que a su vez nos protegen de otros riesgos. Llevados a su extremo el neopacifismo y las tentaciones neutralistas, España sería una nación del todo indefensa y aislada. Si otros períodos de gobierno han consistido en soslayar esa evidencia, el zapaterismo se fundamenta en negarla. El sociólogo Víctor Pérez Díaz lleva tiempo indagando L las virtudes y defectos de la sociedad civil en España. Es de hace unos días su conferencia en el Círculo de Empresarios sobre sociedad civil y política en la España de hoy, una intervención de primera magnitud para entender lo que de verdad está pasando en España. Para Pérez Díaz es evidente que una sociedad compuesta por ciudadanos que son individuos libres y miembros de asociaciones voluntarias puede asumir una parte sustancial de la responsabilidad por la solución de los problemas generales de la comunidad, sin delegarla en la clase política. Instituciones como las empresas y mercados, asociaciones y familias, pueden ser escuelas de esfuerzo y de prudencia, de compromiso e innovación, de lealtad, de hacer en común. Son escuelas de independencia y a la vez de interdependencia. Protagonizarán o coprotagonizarán- -dice Pérez Díaz- -el debate público para fomentar el interés público, dando forma a autoridades independientes de expertos o peritos de parte, órganos de estudio, de opinión y comunicación, instituciones educativas o de lobby Ocurre, de todos modos, que la mayoría de think tanks en España mantienen una u otra vinculación con algún partido político. Sucede que la opinión pública se ve no pocas veces excesivamente manoseada por el mundo de la partitocracia. Vemos como la indiferencia avasalla. En un riesgo que las formas democráticas persistan mientras la sociedad abierta languidece. Queda en pie un decorado mientras la vida en el escenario decae y se corrompe. Quizás el periodismo no sea suficientemente claro, ameno y creíble para explicar las batallas de la Unión Europea o para interpretar lo que significa que soldados españoles mueran en el Líbano. No es menos cierto que amplios sectores de la vida social española se desenvuelven al margen del comportamiento de lo que llamamos sociedad civil. Incluso pudiera ser cierto que una figuración atávica y endogámica de la política crea que es mucho mejor que esto sea así. Ese es precisamente un factor de peso no ya para evitar el enfortalecimiento articulado de la sociedad civil, sino ya para contribuir a su mayor fragilidad e inconsistencia. Por el contrario, una opinión pública más viva ha de significar un mayor interés por el bien común. vpuig abc. es