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4 OPINIÓN LUNES 25 s 6 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro CONTINUIDAD EN DOWNING STREET L SANGRE ESPAÑOLA EN EL LÍBANO A guerra del Líbano se ha cobrado la vida de seis soldados españoles y son varios los heridos causados por un atentado al paso del vehículo militar en el que patrullaban por el sur del país, muy cerca de Jiam y a pocos kilómetros de la frontera con Israel. Todavía se desconoce la autoría del atentado, pero no hay que descartar ninguna hipótesis, ya que recientemente Al Qaida amenazó a España por su presencia en el Líbano y Afganistán, y la propia milicia chií de Hizbolá acusó hace unos días al contingente de Naciones Unidas desplegado en la zona de estar trabajando para los intereses de Israel, su gran enemigo. En cualquier caso, y con independencia de quiénes hayan sido los autores del ataque terrorista, lo más urgente es ahora atender a los heridos, garantizar la seguridad de nuestro contingente militar en el Líbano y honrar a los caídos españoles como es debido, esto es, eludiendo los actos vergonzantes en los que otras veces ha incurrido el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Por eso, hay que insistir en que han fallecido seis soldados españoles en una misión exterior expuesta a un alto riesgo, tal y como por desgracia han demostrado los hechos. Nuestros soldados merecen de su Gobierno un homenaje que esté a la altura de su sacrifico por la causa de la paz y la libertad. Por tanto, esta vez el presidente Zapatero no tiene excusas: debe actuar con responsabilidad y no puede evitar, como ha hecho otras veces, la exposición de su persona ante los medios de comunicación y ante las cámaras de televisión durante el funeral de Estado que exige la memoria de nuestros soldados. Nadie discute que nuestro país debe seguir desempeñando la misión exterior que realiza en territorio libanés. España forma parte de una Fuerza de Interposición de Naciones Unidas en el Líbano (FINUL) que trata de poner paz en una zona en guerra que enfrenta a las milicias chiíes de Hizbolá con todo el mundo, incluyendo aquí al propio Gobierno libanés y a Israel, con quien mantuvo un duro enfrentamiento el año pasado. A pesar de la torpeza y los dislates demagógicos L con los que José Luis Rodríguez Zapatero abordó la crisis generada hace un año a raíz del enfrentamiento entre los terroristas de Hizbolá e Israel, lo cierto es que España está haciendo lo que le corresponde hacer: contribuir a la frágil estabilidad de un país castigado por la guerra civil y la desestabilización terrorista de Hizbolá. Y aunque en el verano de 2006 perdimos buena parte de nuestro crédito y la tradicional capacidad de interlocución española en Oriente Próximo debido a los gestos anti- israelíes que protagonizó el presidente Zapatero, el envío de 1.100 soldados españoles al Líbano ha compensado los errores generados por sus críticas al Gobierno del primer ministro Olmert y por tomar partido en el conflicto al lucir en un mitin socialista el pañuelo palestino. Al igual que sucede en Afganistán, y antes en Irak, nuestro país desarrolla en territorio libanés un gran esfuerzo militar contribuyendo a la seguridad del conjunto de Oriente Próximo y de la comunidad internacional. Nuestro Gobierno no puede negar, como hace una y otra vez, los riesgos de esta misión, como tampoco puede hacerlo en Afganistán. Estamos en medio de un avispero peligrosísimo y la opinión pública española tiene que saberlo. Las medias tintas y la ambigüedad siempre son malas, pero en este caso más todavía, ya que los ciudadanos tienen derecho a saber si se garantiza o no la seguridad de nuestros soldados. Urge, por tanto, la comparecencia del Gobierno para explicar en el Congreso de los Diputados qué es lo que ha sucedido en el Líbano- -en este sentido merece un elogio la rápida respuesta, ayer, del ministro de Defensa, José Antonio Alonso- porque es necesario aclarar las condiciones en las que nuestras tropas llevan a cabo su misión. Sobre todo después de las enormes dosis de demagogia que desplegaron los socialistas cuando estaban en la oposición y criticaron sin ningún recato las misiones exteriores que abordó José María Aznar al frente del Gobierno. El sentido de Estado se demuestra así: dando la cara sin hurtar a los ciudadanos los peligros de una misión extremadamente grave en un país en guerra y bajo el azote del terrorismo. RADIOGRAFÍA DE LA JUSTICIA L Consejo General del Poder Judicial ha presentado un informe sobre la situación de los Tribunales de Justicia en 2006 que ofrece datos sobre el incremento de litigiosidad, el número de asuntos que se resuelven y los que quedan pendientes, la dilación de los procesos y, entre otros más, el estado actual de la plantilla judicial. En general, la justicia sigue siendo un enfermo crónico que mejora de una dolencia para sufrir el agravamiento de otra. Por eso, este informe presenta unos datos positivos y otros negativos, aunque el balance es que se confirma la tendencia de que, al final de cada uno de los últimos ejercicios, hay más asuntos pendientes que resueltos. En general, del denso y preciso informe del CGPJ, se desprende que hay mucho más trabajo judicial, que está mal repartido, que la fórmula de los juzgados especiales tiene tantas ventajas como inconvenientes (los juzgados de lo Mercantil han aumentado los asuntos pendientes en un 47 por ciento) y que las dilaciones de los procesos siguen siendo inaceptables para un sistema que se basa en el derecho a una tutela judicial digna de ser llamada efectiva. Por si fuera poco, el CGPJ avisa de que la jurisdicción contenciosa administrativa puede verse colapsada por la avalancha de recursos contra multas impuestas por el carné por puntos o contra decisiones administrativas en materia de extranjería. Tras los datos, la pregunta clave es qué ha hecho el Gobierno por la Justicia en estos tres años. La única reforma aproba- E da por el PSOE fue el asalto al CGPJ- -mediante proyecto por trámite de urgencia y lectura única- -para implantar una mayoría cualificada en el nombramiento de magistrados del TS. También se ha tocado al Tribunal Constitucional, fundamentalmente para dar a su presidenta actual un blindaje que garantice la conservación del voto de calidad en las resoluciones de los recursos contra el estatuto catalán, prejuzgando temerariamente el sentido del voto de esta magistrada. Se aprobará la reforma del estatuto orgánico del Ministerio Fiscal, con la que el Gobierno ahormará a esta institución con los criterios de subordinación política y caudillaje interno que ya está ejecutando el actual fiscal general del Estado. No ha habido una sola reforma procesal mínimamente relevante ni eficaz. El encomiable trabajo de los juzgados de Violencia de Género empieza a verse menoscabado por la saturación. En general, el ciudadano no existe. Sólo interés político. Desde que el PSOE rompió el acuerdo de Estado para la Reforma de la Justicia, su única preocupación ha sido controlar el CGPJ, instrumentalizar el Ministerio Fiscal y neutralizar a los jueces poco sensibles con el proceso de paz Eso sí, el idílico programa electoral de Zapatero de 2004 prometía que antes de finalizar la legislatura, cualquier ciudadano o ciudadana obtenga una sentencia firme, dentro de la jurisdicción ordinaria, en un plazo no superior a dos años Tres años después, la promesa sobre justicia es otro fraude. A parsimoniosa despedida de Tony Blair de la política ha llegado a su fin en una atmósfera llena de simbolismo. Aunque seguirá siendo primer ministro hasta el próximo miércoles, cuando presente formalmente su dimisión a Isabel II, ayer se confirmó su relevo al frente del laborismo británico. Mientras el congreso de su partido aprobaba la designación de Gordon Brown como su sustituto para tomar las riendas del Gobierno, las encuestas indican que en este momento los laboristas volverían a ganar las elecciones frente a los conservadores, y que la herencia de casi tres mandatos consecutivos es, en conjunto, satisfactoria. A diferencia de muchos de sus predecesores, Tony Blair se ha despedido dejando anclado- -a su manera, pero bien anclado- -al Reino Unido en la Unión Europea, a la vez que ha dotado a la UE de una buena herramienta para seguir avanzando en el mundo. Las dudas sobre si Gordon Brown es más o menos europeísta que Blair no van a tener ya mucha importancia: Blair ha hecho muy buenos discursos, pero a la hora de la verdad ha sido un gran pragmático. Puede que Brown se exprese en otros términos, pero no tendrá más remedio que rendirse también a la evidencia de que el futuro del Reino Unido está vinculado al de Europa. En general, no es de esperar que Gordon Brown vaya a imprimir un sello muy distinto al que ha marcado Blair en lo que queda de legislatura hasta 2010, entre otras cosas porque el próximo primer ministro ha participado en la mayor parte de las decisiones importantes que ha tomado Blair. De hecho, los expertos bromean diciendo que lo único que va a cambiar en el Reino Unido es que, a partir de ahora, no habrá que esperar a que el jefe del Gobierno consulte antes con Gordon Brown como ha sido práctica habitual durante toda la era de Blair. Ya han empezado las peticiones para la retirada de las tropas británicas de Irak, pero afortunadamente para el próximo premier esta decisión se da ya por descontada por la vía de los hechos, aunque Brown deba administrarla con inteligencia para evitar que se puedan repetir los mismos errores cometidos en Irak en la operación de la OTAN en Afganistán. Para culminar el adiós de un político fuera de lo común, Blair ha querido que su última visita al extranjero haya sido una audiencia con el Papa Benedicto XVI, como preludio de su prácticamente segura conversión al catolicismo. No se podía haber imaginado un gesto más cargado de significado que éste, que Blair ha sabido administrar con prudencia y valentía en unos tiempos en los que no resulta fácil la defensa de ciertos valores religiosos y morales. Más allá del hecho histórico que representaría esta decisión, aplazada ya para cuando deje de ser primer ministro, lo cierto es que no es corriente que los grandes responsables políticos se atrevan a hacer suyos gestos como éste.