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98 CULTURAyESPECTÁCULOS DOMINGO 24 s 6 s 2007 ABC Darwin y FitzRoy, capitanes intrépidos La editorial Salamandra publica Hacia los confines del mundo una novela basada en el viaje y la amistad de estos dos gigantes de la ciencia DIEGO JALÓN BARROSO MADRID. Estaban hechos de otra pasta; hoy los tomarían por locos, por inconscientes, no les dejarían ni zarpar. Pero el 27 de diciembre de 1831, el capitán FitzRoy y su tripulación, a bordo de un bergantín de noventa pies, diez cañones y tres palos, del tipo Cherokee, conocido en la marina inglesa como bergantín- ataúd por su profundo combés, su escaso francobordo y su facilidad para hundirse ante un fuerte oleaje, salieron del puerto de Plymouth para cartografiar los confines de la Tierra, en una circunnavegación de cinco años por los mares más temibles y rugientes, que cambiaría nuestra forma de entender el mundo. Uno de los almirantes ingleses de la época, al que todos los marinos de hoy en día conocen por su escala de vientos, el almirante Beaufort, sugirió a FiztRoy el nombre de un joven que podría ir con ellos en el Beagle como naturalista, un tal Charles Darwin, hijo de un médico de pueblo, aspirante a párroco, aficionado a la caza y descendiente de un mono. El viaje en el que nos embarcamos al emprender la lectura de esta monumental y documentada novela, convirtió al joven Darwin en uno de los científicos y pensadores más famosos del mundo, el autor de El origen de las especies Cinco oficiales del Beagle alcanzaron con el tiempo el grado de almirante, dos llegarían a ser gobernadores de Nueva Zelanda, uno fundó la colonia británica de las islas Malvinas y FizRoy fue un pionero de la meteorología moderna y su primer gran impulsor en Gran Bretaña. Es la obra de Harry Thompson que ahora publica Salamandra, la historia del valor de unos colosos, del arrojo de unos héroes, pero también la de sus debilidades, sus miedos y sus sufrimientos. La tripulación del Beagle senta también en su relato a los patagones, los gauchos, los tahitianos y los mahoríes; nos introduce en la sociedad inglesa, argentina y brasileña del siglo XIX y nos glosa la increíble pero verdadera historia de Fuegia, York y Jemmy, los fueguinos a los que FitzRoy llevó a Londres y devolvió luego a Tierra del Fuego. Hacia los confines del mundo es además y sobre todo la historia de una amistad, entre FitzRoy y Darwin, dos hombres navegando a través de uno de los momentos más cruciales de la historia y de la ciencia. Amistad que se rompe a uno y otro lado de la Biblia, un muro que Fitzroy no quiere saltar y que Darwin derruye a golpes de pico de pinzón. Y aunque el naturalista acabó teniendo la razón y la fama, se intuye que Thompson se hubiera quedado con FitzRoy, el gran marino, el prudente capitán, el fiel amigo, el caballero honrado, el cristiano creyente, el hombre de palabra que sabe luchar y sobreponerse a un trastorno bipolar mientras cuida de sus hombres en un viaje fascinante alrededor de un mundo por descubrir. Imagen del barco HMS Beagle cruza el Estrecho de Magallanes, vuelve atrás, levanta mapas y derroteros de toda la Tierra del Fuego, descubre el Canal Beagle y pone literalmente las primeras piedras de Ushuaia, cartografía y desembarca por primera vez en las Islas Malvinas, dobla el cabo de Hornos, remonta la costa de Chile, ABC fondea en las Galápagos, cruza el Pacífico, atraca en Nueva Zelanda, atraviesa el Índico, pasa el cabo de Nueva Esperanza y regresa a Inglaterra, no sin antes volver a cruzar el Atlántico hasta Brasil para hacer unas comprobaciones cartográficas de última hora. Harry Thompson nos pre-