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ABC SÁBADO 23 s 6 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA ALGUNAS COSAS RARAS UÉ raro es todo eso de las Baleares, ese extraño cortejo de una princesa caprichosa y pizpireta en el que de prontounodelos galanes renuncia alejándose con un gesto de asco y despecho. Qué inusitada espantá, qué sombrías incógnitas, qué inquietante sensación de que se quedan entre bastidores detalles que deberían conocer los ciudadanos con cuyo voto se trafica en despachos de titularidad pública. Qué olor a enjuague indecente, ainmoralidadturbia, a canallada borrosa y deshonesta, apuñalada sucia deslizada entre abrazos y lagrimitas de cocoIGNACIO drilo. Qué opacidad tan CAMACHO sospechosa, qué manejos tan dudosos, qué malicioso presagio de podredumbre y miseria. Hay algo que no cuadra en ese desenlace de despecho, en esa manifiesta arcada de náusea con que Jaume Matas ha abandonado de repente el escenario tras un almuerzo a solas con María Antonia Munar, la intrigante princesa en cuya dote brillan las llaves de un reino. Y no encaja tampoco en la previsible lógica del mercadeo político ese repentino desprendimiento de la dama, cuyo gélido corazón late desde hace mucho tiempo con el hermético tintineo de una máquina registradora. De repente, la codiciosa fabricante de bisagras de oro, que lleva años vendiendo al mejor postor con la frialdad mercantil de quien no profesa otra ideología que ladesus lujosos collares y vestidos de seda, se cambia de aliados para entregar el poder con aparenteardordesinteresado de prebendas, y renuncia de golpe al Ayuntamiento de Palma, a la cúpula del gobierno y hasta a su propio feudo del Consell Insular, la Barataria en la que ha levantado un señorío de influencia y privilegios. Algo chirría en la estructura de este guión de conversiones paulinas que convierten una ávida subasta de especuladores en una tómbola benéfica. Y chirría más cuando Matas se marcha con expresión de recelo y de hastío, y cuando los socialistas y sus extravagantes socios, beneficiarios del repentino tránsito de los escrúpulos de la sirenita, moderan su arrogancia en un silencio de conveniencias. Yel chirridosetransforma en ulular desirenas de alarma cuando un retirado político de izquierdas, familiarmente vinculado a las instituciones judiciales de Mallorca, comenta en público la notoriedad de ciertas consignas circulantes en el ámbito delos fiscales de la isla respecto a misteriosas causas de presuntos delitos urbanísticos flotantes a merced del caprichoso viento de la Tramuntana. Algo huele a podrido en la política balear, que lleva tiempo infectada de hongos que crecen entre túneles, ladrillos y polvo de cementeras. Se oye frufrú de togas en los pasillos, seescuchan psicofonías de fantasmas de corrupción, se atisban llantos de sirenas varadas en sus ambiciones y se reparten túnicas de tribuno en las covachas de los palacios góticos del Born palmesano. Pero nadie explica a los ciudadanos qué se compra y se vende con sus votos, ni a cambio de qué impunidades, favores o regalías se trocan rudos pijamas de rayas en fantasiosos modelos de noche y fiesta. Q LA MARIONETA DEL VENTRÍLOCUO UE uno de los momentos más bochornosos del llamado proceso de paz Zapatero había proclamado con solemnidad que sólo iniciaría contactos con los etarras cuando se hubiera comprobado que habían desistido de sus propósitos criminales; también proclamó que el anuncio de esos contactos se haría en sede parlamentaria. Mintió alevosamente. Los etarras demostraron que no estaban dispuestos a desistir de sus propósitos criminales- -siguieron extorsionando a empresarios, aprovisionándose de armas, incluso montaron un aquelarre en una campa en el que volvieron a vindicar la lucha armada -y Zapatero anunció el inicio del diálogo en los pasillos del Congreso. Fue la suya una declaración fraudulenta, en la forma y en el fondo. Rehuyó la tribuna de oradores para evitarse la vergüenza de un debate en el que la oposición le habría recordado que no se daban las circunstancias exigibles para iniciar el diálogo y creyó, con ese cinismo pueril de quien se aferra a la literalidad de la palabra dada para traicionar su espíritu, que la añagaza salvaba su promesa de anunciar dicho diálogo en sede parJUAN MANUEL lamentaria. Pero más indecoroso que DE PRADA la forma elegida, medio de tapadillo o matute, fue el tono de su declaración, con expresiones en las que se aludía al respeto a las decisiones de los ciudadanos vascos y menciones constantes a las cuestiones políticas a las las formaciones políticas de Euskadi a la la pluralidad política y no sé cuántas politiquerías más, como si lo que se fuese a discutir en tales negociaciones tuviera una naturaleza política y no estrictamente criminal. Todo ello, por supuesto, aderezado con invocaciones a la democracia para que la pobrecita quedase bien rebozada de mierda. La declaración era, en efecto, indecente. De su tenor se desprendía que las actividades delictivas de una banda de asesinos eran, a la postre, consecuencia de un conflicto político en cuya resolución el Gobierno respetaría un inexistente ámbito vasco de decisión. A una banda de asesinos se le castiga penalmente; y, en el ca- F so de que el Gobierno considere que su disolución procurará beneficios tales a la sociedad que aconsejan una cierta magnanimidad en el castigo, se decretan medidas de gracia. Todo lo que exceda estas consideraciones es farfolla retórica; pero la farfolla retórica siempre esconde intenciones aviesas. A nadie en su sano juicio se le ocurriría afrontar la disolución de- -pongamos por caso- -una banda de pederastas invocando principios de pluralidad política o ámbitos decisorios de voluntad popular; en cambio, Zapatero, al afrontar la disolución de la banda etarra, introducía en su discurso tales elementos. Muchos pensamos entonces que tan incongruentes interpolaciones, así como el tono muy calculadamente ambiguo de la declaración, obedecían a un intento de no soliviantar a los nacionalistas, empeñados en dar solución a un fenómeno estrictamente criminal mediante vías políticas. Pero nos quedamos cortos. Ahora nos enteramos de que aquellas indecorosas palabras de Zapatero habían sido en realidad pactadas con los etarras. El presidente del Gobierno se convierte así en la marioneta de un ventrílocuo criminal. Estábamos acostumbrados a que las declaraciones institucionales de Zapatero se resumiesen en un flatus voci; esta nueva revelación incorpora ribetes acongojantes a la certeza. ¿Es legítimo que las declaraciones institucionales de un presidente del Gobierno, en las que se compromete la voluntad popular, estén consensuadas con una banda de criminales? ¿Es legítimo que el presidente del Gobierno de un Estado soberano actúe como papagayo de un texto en cuya redacción ha participado una banda de criminales? No se cuestiona aquí la legitimidad de Zapatero para dialogar con criminales, sino para que el asunto de ese diálogo sea consensuado con ellos. A esto antaño se le llamaba alta traición. Da mucho miedo pensar que la voluntad popular esta representada por un individuo que pacta sus declaraciones institucionales con asesinos. Recordaba el otro día con Rosa Díez la frase que Rutger Hauer le dirige a Harrison Ford, hacia el final de Blade Runner: Es toda una experiencia vivir con miedo, ¿verdad? Eso es lo que significa ser esclavo