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94 TOROS www. abc. es toros VIERNES 22- -6- -2007 ABC José Tomás ha vuelto para quedarse FERIA DE SAN JUAN Plaza de toros de Alicante. Jueves, 21 de junio de 2007. Séptima corrida. Lleno de no hay billetes Toros de Domingo Hernández y Garcigrande, de desigual y regular presentación; descastados y de bajo juego, mansos y deslucidos 2 y 5 Enrique Ponce, de tabaco y oro. Pinchazo y pinchazo hondo. Aviso (saludos) En el cuarto, pinchazo, estocada y tres descabellos. Dos avisos (saludos) José Tomás, de rioja y oro. Pinchazo, media y descabello. Aviso (saludos) En el quinto, dos pinchazos y estocada. Aviso (saludos) Francisco José Palazón, de celeste y oro. Pinchazo, otro hondo y dos descabellos. Dos avisos (silencio) En el sexto, estocada y tres descabellos (saludos) Un toro se escapa y bordea la tragedia Ocurrió durante la lidia del sexto. Se había cambiado el tercio de varas y el picador de turno abandonaba el ruedo por el portón. Cuando el toro vio la puerta abierta, enfiló tras el caballo, sin que diese tiempo a cerrar. Un operario, Antonio Aznar de nombre, que trataba de evitar la escapada, fue corneado contra la pared, de mala manera. El pánico cundió entre los tendidos cuando sacaron al hombre con la camisa encharcada de sangre. Fue intervenido de urgencia en la enfermería, con una cornada de tres trayectorias en axila y zona pectoral y fractura de clavícula (pronóstico muy grave) también resultó herido un picador de la cuadrilla de Palazón. A punta de capote, devolvieron el toro a la lidia. ZABALA DE LA SERNA ALICANTE. Diez minutos se retrasó la corrida por las aglomeraciones en los accesos. Ni un alfiler sin cabeza cabía por las entradas, de por sí estrechas. El público taurino, el más puntual del mundo, se impacientó en silbidos de expectación e intranquilidad. Por la bocana del portón de cuadrillas destellaban decenas de flashes, intensos relámpagos de luz azul para inmortalizar a José Tomás en su segundo paseíllo de regreso a la tierra, al planeta de los no muertos, todavía. Una nube de fotógrafos rodeó al torero cuando pisó la arena. También a Enrique Ponce, que se precipitó el primero para no hacer esperar ni una décima más al nervioso respetable. Roto el paseo, J. T. fue convidado a saludar una ovación de gracias (por volver) La compartió con torería, como debe ser, con Ponce y Palazón. Nadie quiere perderse una sola tarde tomista. Ni Las cuadrillas socorren a un operario, con la camisa ensangrentada, tras ser corneado muy grave la Santa Madre Iglesia: el obispo de Alicante se acreditó en el callejón. Y el alcalde de Nimes. Y el entorno de Sarkozy. Y aficionados de todas las partes de España, América y Francia. Todos quieren meter los dedos en las llagas para creer. Y hay motivos. Sobran los motivos. La prueba la vieron con un toro sin cuello, frenado, manso y distraído, al que José Tomás toreó con esos avíos que responden a los impulsos de las palmas de las manos y a las muñecas. En el sitio, a base de temple, con los vuelos, lo fue haciendo romper sin que rompiese nunca. Dejaba que metiese la cara, y en la segunda tanda le extrajo al toro redondos ligados, de conjunción y largura, muy por encima de las condiciones del bruto. Ronda sensacional. Al toro no le convenció aquello y en la siguiente serie se resistió todavía más, muy quedo, hasta para dibujarle un trincherazo. En la izquierda no había ni siquiera ese recorrido parco. Un parón quitó el aire a los tendidos. Ni un movimiento en falso. Valor de plomo que no se quebró ni con un inoportuno desarme que acalló la música. Como en Barcelona, no hacía falta. A pies juntos apuró y se ciñó con impávida quietud. Las espinillas eran los testigos más próximos de las astas. Todo en los medios. Las manoletinas también. Y el intento fallido de estocada. Fue el conjunto un tratado de intenciones: José Tomás ha vuelto para quedarse. No valía ni la mitad del esfuerzo el toro, que aguantó con medio acero hasta el descabello. También Ponce pinchó el suyo. Un toro noble, con una pun- VIGUERAS ta de genio de principio, y a menos en faena pulcra y templada, de mando y ordeno, de emoción estética por la composición. Palazón jugó los brazos a la verónica y remató con una estupenda media que prácticamente vino a ser el más bello pasaje. Flojeó el toro, que se recuperó en tandas de derechazos de una obra que no acabó de despegar. Fue tarde de avisos para todos, y oyó dos como Ponce con el soso y apagado cuarto, con el que trató de inventarse una labor de múltiples recursos, desde los cites con la muleta plegada hasta un desplante de rodillas de espaldas al toro. Pero volvió a encasquillarse con el estoque. En su descargo, y también en el de sus compañeros- -entre todos sumaron siete recados presidenciales- vaya, pinchazos aparte, que la corrida de Domin- go Hernández- Garcigrande tardaba siglos en echarse aun con las espadas dentro... Sirvió para poco, y ni siquiera para eso el toro que completó el mal lote de José Tomás. Bronco, violento, agarrado al piso, embestía a arreones, sin desplazarse nunca tras los engaños que J. T. le presentaba en loable actitud. Se arrimó valientemente, pero de aquello era dificilísimo que saliese nada en limpio. Palazón a punto estuvo de remontar con un sexto que se movió por el pitón derecho manejable pero sin clase. Lo mató de un solo viaje, mas de nuevo requirió el animal el verduguillo con toda la espada hundida. Bastante extraño.