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90 VIERNES deESTRENO VIERNES 22 s 6 s 2007 ABC Por favor, no me sigas La última nota Francia 2006 85 minutos Género- -Drama Director- -Denis Dercourt Actores- -Deborah François, Catherine Frot, Pascal Gregory Disparar al pianista JOSÉ MANUEL CUÉLLAR Si ya me lo decía mi profesor de violín: No te fíes de los pianistas, son gente extraña Y tanto. He aquí una historia de venganza, no de una venganza cualquiera, sino la que todos hemos soñado y ninguno ha sido capaz de llevar a cabo. Es la clásica venganza fría, buen plato y todo eso, pero que en la realidad no se lleva a la práctica, perdido el rencor en el fragor de la batalla diaria, en los acontecimientos cotidianos, en las compensaciones, en la memoria que adormece la rabia y la frustración. Esta vez no. Es esta película un ejemplo peligroso, una enseñanza de cómo no perdonar, de guardar la puñalada y no dejarla escapar. Es enroscarse en uno mismo para que la sangre haga bilis, muerda el alma y no aflore hasta que la venganza, cruel y taimada, salga a flotación con toda su crueldad. Está todo bien logrado en este trabajo de Denis Dercourt. Esa frialdad enmascarada en un rostro angelical, casi virginal, y, sin embargo, todo lo malo, lo demoniaco, está latente, no de una forma tan burda y evidente como en La mano que mece la cuna pero sí como un suave terciopelo en el que se adivina el veneno que se va expandiendo por toda la película sin posible freno. Es cierto que Dercourt ha cargado un poco la mano en el argumento, forzándolo hacia una especie de Teorema de Pasolini casi improbable, pero no tanto como para hacer crujir la trama hasta el punto de lo imposible. Un pequeño agujero en una película que, por otro lado, tiene valores añadidos: es corta, con capacidad de síntesis y no se pierde en senderos inútiles, todo muy mecanizado, acorde con ese deambular casi robótico de la implacable protagonista. Un trabajo pues, pequeño, poco ambicioso, pero lleno de joyitas que van elaborando un producto más que apreciable. Bello y elegante, pero podrido y lleno de amargura por dentro. No se ve, pero Dercourt y su gente hace que se perciba. Lo peor es que resulta agradable y hasta apetece. Gus van Sant recrea en Last Days la agonía psicológica de Kurt Cobain, que se quitó la vida después de plasmar en sus canciones la angustia y el odio que sentía JESÚS LILLO Los últimos días de Kurt Cobain representan la sobrecogedora contrarreloj de un final que el líder de Nirvana venía anunciando desde mucho tiempo atrás, tanto que la CNN +ll egó a darlo por muerto tras su intento de suicidio en Roma. Después de administrarse sucesivas sobredosis de heroína, el 5 de abril de 1994 Kurt Cobain se quitó la vida de un tiro en la cabeza mientras escuchaba el Out Of Time de REM. Dejó la tele encendida- -sintonizaba, sin sonido, la señal de la MTV- -y cerró su nota de despedida con unos versos de Neil Young- Es mejor arder que apagarse lentamente -que certificaron su inmortalidad. La autopsia reveló que se había inyectado tanta droga que hubiera muerto antes de disparar su escopeta. Como señala Charles R. Cross, su biógrafo, Cobain había conseguido quitarse la vida dos veces Filtrados por su viuda y publicados en 2002, los diarios del músico norteamericano contienen algunas pistas para seguir el rastro emocional de un personaje que no se conformó con hacer de la angustia el argumento de una obra, de carácter confesional, coreada por millo- Michael Pitt encarna a Kurt Cobain en la película de Gus van Sant Last Days nes de adolescentes, sino que se empeñó en trazar, en la intimidad de una libreta, el borrador de su obra maestra. separado de su bebé por orden judicial, rodeado de yonkis y camellos en su propio hogar, desmotivado para satisfacer a sus fieles, heredero de tendencias suicidas, traumatizado desde niño por la separación de sus padres y dotado de una sensibilidad que no ha dejado ABC Motivos para seguir Adicto a la heroína, enfermo del estómago, desbordado por el éxito de ventas de Nirvana, Last days Estados Unidos 2006 100 minutos Género- -Biográfico Director- -Gus Van Sant Actores- -Michael Pitt, Lukas Haas, Asia Argento Como un tonto rodante JAVIER CORTIJO A algunas películas las miras con ojos de musaraña mientras ellas clavan la vista en su ombligo de platino, insondable y chulo como un agujero negro. Por ejemplo ésta, lo más parecido a un budista borracho buscando su cortauñas en una catedral que nos hemos echado al coleto en mucho tiempo. Un lince este Van Sant. Además de conservar una aureola casi mítica por sus primeros filmes, ha sido capaz de hacer olvidar a su club de fans que también puede despachar bollería industrial El indomable Will Hunting y Descubriendo a Forrester y, lo que tiene más mérito, colar esa basura radiactiva y copiota llamada Psycho en su prestigiosa tetralogía de la tragedia americana a la que se adscriben la tediosa Gerry la impactante Elephant y esto. Ay, esto. Largo aullido de cadáveres exquisitos y ángeles exterminadores, auto sacramental de leyendas posmodernas engullidas por su propia santidad (y por sus diabólicos amigos, más bien queridísimos verdugos) Etcétera, etcétera. Más que una película, Last Days es un retablo abstracto y conceptual donde cada farfulleo del protagonista (ajustadísimo Michael Pitt, que realmente a veces parece el propio Kurt Cobain en sus últimos días y cada arrastrar de pantuflas en mármol pueden interpretarse de cien maneras y profecías, según el crítico ornitorrinco que nos crucemos. Pero, sinceramente, y salvo un par de escenas con la llaga de la emoción terminal (esa guitarra torturada y a capella) y un par de balones de oxígeno humorístico (ese negro de las páginas amarillas) uno encuentra cien veces más concentración de cine puro y sin explicaciones o guías de uso en los dos minutos de reencuentro entre Dito y Laurie en Memorias de Queens que en cien minutos de este coñazo. Y que me cuelguen de los pulgares los apóstoles del poscine y la madre que los parió. de deslumbrar a artistas de generaciones posteriores y anteriores a la suya, Cobain plasmó en sus diarios- -con un lenguaje escatológico y a menudo agresivo- -los conflictos de un joven cuyo éxito le impidió madurar. Como reconoció su madre tras el episodio de Roma, Cobain se dedicaba a una profesión para la que no tiene la resistencia necesaria Más directa, Courtney Love despachó la muerte de su esposo con un hay que ser gilipollas Siguen siendo las canciones de Nirvana la mejor y más recomendable guía para entender, entre líneas, la larga agonía de Kurt Cobain. Sus últimos escritos, en los que decía adiós a su mujer y su hija, sólo muestran la desesperación cruda- Lo siento. Por favor, no me sigas. No sé adónde voy. Simplemente no puedo seguir aquí escribió durante su última cura de desintoxicación- -de un artista que, según confesó, decidió quitarse de en medio por su incapacidad para seguir emocionándose con una obra musical en la que quizá ya había tocado fondo. Pudo decir más claro, pero no más alto, todo lo que sentía. Más información sobre la película: www. vertigofilms. es last- days