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ABC VIERNES 22 s 6 s 2007 CULTURAyESPECTÁCULOS 83 PULP FICTION Con motivo de la salida de la Biblioteca de Oro de Misterio, este domingo con ABC, el ex director de la Biblioteca Nacional habla de los grandes nombres del género Tolkien trasladaría más tarde a una de las cumbres de las letras inglesas contemporáneas en The Lord of the Rings, y, por otra, con la Sword Sorcery Espada y Hechicería que Robert E. Howard conduciría a su cenit en la revista Weird Tales a través de sus criaturas Solomon Kane, Conan el Bárbaro o el Rey Kull; podía abordar argumentos de SF (ciencia- ficción) como hacían revistas tan famosas como Amazing Stories, donde veló sus armas Frank Rudolph Paul, uno de mis ilustradores favoritos; podía albergar, y de hecho lo hizo con asiduidad, contenidos policíacos y o detectivescos... Esto último es lo que nos interesa hic et nunc, al abrigo de los doce títulos que ABC va a sacar este verano, inspirados en una de las colecciones pulp más importantes- si no la más importante- que aparecieron en España en los años treinta y mantuvieron su presencia en los quioscos durante un cuarto de siglo más o menos: me refiero a la Biblioteca Oro, dedicada a la literatura de misterio y caracterizada por el color amarillo de sus portadas, frente al rojo y al azul que caracterizaban otras series de temática aventurera de la benemérita y nunca bien ponderada Editorial Molino, su alma mater, reina sin discusión posible de la Pulp Fiction en España. Agatha Christie, Rex Stout, Erle Stanley Gardner, Earl Derr Biggers, Edward Phillips Oppenheim y Edgar Wallace son los autores elegidos para esta reaparición pública de la Biblioteca Oro. Todos ellos son genios de la literatura policíaca, centrada en este caso en lo que se conoce por novela- problema o sea, un relato en el que se describe un problema- -casi siempre se trata Luis Alberto de Cuenca Poeta y crítico El gran Quentin Tarantino nos dejó en el título de una de sus más célebres y hermosas películas la huella de su devoción por un subgénero literario, la Pulp Fiction, que a algunos nos tiene literalmente embelesados. ¿Por qué lo de pulp? Porque el soporte en que aparecía semejante literatura, que se inició en la década de los veinte del siglo pasado y se prolongó hasta los sesenta de la misma centuria, era papel muy malo, mera pulpa o pasta de papel, un estadio preliminar a la categoría de papel comme il faut. ¿De qué hablaba la literatura pulp? Su temática era variada: podía referirse a géneros entonces en gestación como la Epic Fantasy, que tanto tiene que ver, por una parte, con lo que Hay pocos artefactos librescos con tanto encanto, tanta sabia modestia, tanto glamour de un crimen aparentemente irresoluble- -que demanda una explicación. Para resolverlo, cada uno de esos novelistas, siguiendo las huellas del capo dei capi Edgar Allan Poe y de su lugarteniente Sir Arthur Conan Doyle, se saca de la manga un personaje proclive a la genialidad que enciende la luz en el pasillo de nuestra incertidumbre y hace que se disipen las nieblas del misterio. Pero en la década de los veinte, cuando estos grandes escritores se habían dado ya a conocer al gran público, comenzó a gestarse una corriente muy novedosa que ampliaba las fronteras del género y, al mismo tiempo, lo teñía de un rigor crítico y de una carácter de denuncia social del que antes carecía, todo ello en las páginas de la revista Black Mask, publicación pulp donde echó a andar la estética de la novela negra también llamada Hard Boiled Fiction, que tuvo y tiene en Dashiell Hammett, Raymond Chandler, Chester Himes y Jim Thompson cuatro de sus nombres más significativos. Los pulps suelen tener sus páginas divididas en dos columnas, a fin de que quepa más texto en menos espacio, y ofrecen como ilustraciones obras maestras de los ilustradores de la época. En EE. UU. el príncipe de esos ilustradores de revis- tas pulp se llamó Virgil Finlay, y, en España, Emilio Freixas, que tanto trabajó para el catálogo de Editorial Molino con su inagotable ingenio creador. He vivido rodeado de pulps nacionales y extranjeros, y he llegado a la conclusión de que hay pocos artefactos librescos con tanto encanto, tanta sabia modestia, tanto glamour. Comprendo cómo Tarantino, fascinado por el subgénero, lo elevase al territorio de la perfección visual en su película Pulp Fiction, aviso para caminantes del enorme interés que presentaban aquellas revistas en papel barato que tanto y tan bien se vendían, junto con las soberbias, sugestivas y, en ocasiones, hasta sicalípticas ilustraciones que las enriquecían, convirtiéndolas con el paso del tiempo en cotizadísimos objetos de deseo por parte del coleccionista y del simple nostálgico en apuros que viaja en busca de su identidad. Me parece, por tanto, una excelente idea auspiciar este nuevo saludo en el escenario (por emplear terminología holmesiana) delaBiblioteca Oro, que vuelve a las estanterías de todos con una atinadísima selección de sus más ilustres autores policíacos, contagiándonos de esa gloria recreativa, humilde y exenta de pedantería intelectual que dimana de la Pulp Fiction.