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ABC VIERNES 22 s 6 s 2007 Tribuna Abierta OPINIÓN 7 Javier Barraca Mairal Profesor de la Universidad Rey Juan Carlos Y SU LITERATURA S ya innegable el profundo malestar social que suscita, entre nosotros, la actual situación de la enseñanza y el uso del español. La lengua y la riqueza literaria españolas no gozan hoy de todos los apoyos que sería conveniente, curiosamente, dentro de nuestras fronteras (recordamos la contundente Tercera de ABC, Cuestión de Estado de X. Pericay, del 5- III- 2007) Dado que el conocimiento de la lengua y su expresión literaria juegan un papel vital en la formación y desarrollo de la personalidad e identidad de los sujetos y sus comunidades, esta tendencia resulta destructiva. Cuando lo antedicho se concentra en una lengua y un haber literario concretos, como el español, que constituye el núcleo de un determinado vínculo cultural común, los efectos son demoledores. Tal vez, se trata de una simple figura de nuestros avatares sociopolíticos. Pero ¿qué se extravía con ello? Ya Camilo José Cela llegó a afirmar que: La literatura y el pensamiento son dos ingredientes a considerar en eso de la buena marcha de los pueblos Algunas inevitables palabras Cela, 1989: 795) De entrada, el hecho exhibe un suicida espíritu de confrontación que avoca al empobrecimiento personal y colectivo. Mucho, por tanto, cuando no demasiado perdemos con este autodestructivo cerco ideológico o político al español, a la cultura y al arte generados desde él. ARA mostrarlo, conviene recordar los innumerables valores que la lengua y el patrimonio literario españoles han comportando y deben aún aportarnos. En primer lugar, debemos notar que lo más valioso de una lengua se halla en las personas, cuya comunicación facilita; y, así, en la historia o el patrimonio de tradición, valores y experiencias que sus vidas comportan. Además, toda lengua desarrolla la grave función de facilitar la unión e integración y, por tanto, la cohesión social, tal como expuso Nebrija. La lengua, implícitamente, fomenta la convivencia; de ahí que ésta peligre siempre cuando atacamos a lo que ha colaborado a esa pacífica vida en común. No estamos siendo alarmistas al indicarlo; léase la historia. Recientemente, esto ya se ha denunciado de manera pública Fobia hacia el castellano en CC. AA. en las que se gobierna con partidos EL VALOR DEL ESPAÑOL E Si no favorecemos el desarrollo del español, en realidad, minamos la futura identidad española de las personas concretas y las colectividades perpetuo, como todo lo viviente; y, en ellas, lo recibido acrece o mengua. Por esto, cuando a alguien se le priva de un contexto, verdaderamente idóneo, para el crecimiento adecuado en el seno de una cultura lingüística, se coartan a la par su dignidad y sus propias posibilidades de desarrollo personal y social. Lo mismo vale en el orden colectivo: el porvenir de un modo de vida en común pende del fomento pleno de su lengua y cultura. S un hecho el que si no favorecemos el desarrollo del español, en realidad, minamos la futura identidad española de las personas concretas y las colectividades. Sin el fomento adecuado de la lengua y la cultura españolas, no cabe esperar sencillamente un porvenir compartido de los propios españoles. Lo mejor radica en que para advertir esto, basta con amar el español y su cultura, tal como señaló Salinas: Yo, sin ser filólogo, llevo cerca de treinta años en diaria y estrecha convivencia con mi lengua. Soy profesor de literatura... enseñar literatura ha sido siempre, para mí, buscar en las palabras de un autor la palpitación psíquica que me las entrega encendidas a través de los siglos: el espíritu en su letra Defensa del lenguaje Existe, en efecto, un caudal espiritual inagotable en la Literatura y la sensibilidad estética expresadas en nuestra cultura. Estos humanistas cauces de desarrollo constituyen la cumbre de nuestro obrar y vivir en común. I desdeñamos el trato con nuestras más insignes realizaciones literarias no cabe esperar un futuro de alcance para España. Porque la cima de una lengua o cultura, aquello que ha alcanzado en ella el signo de la excelencia, supone su más precioso tesoro, y la garantía de sus logros venideros. Los entes autonómicos, las instituciones promotoras de la cultura, en el ámbito del Estado español, poseen una responsabilidad decisiva. No basta con que no dañen este patrimonio vivo, ni siquiera es suficiente el que lo preserven y defiendan, sino que deben hacer cuanto sea posible para promoverlo, de una manera activa, incrementando su valor futuro. Sin esta riqueza cultural, no hay posibilidad ni esperanza fiable, en España, de un saber hacer y convivir adecuados. Lo que nos jugamos, en síntesis, es lo mejor de nosotros mismos; lo mejor de ayer, de hoy y de mañana. No tratemos con ligereza la lengua española y nuestro patrimonio cultural más destacado. Arriesgar la lengua y cultura españolas es tanto como poner en peligro nuestro hacer en común futuro, y- -al cabo- -a nosotros mismos. E P nacionalistas radicales Escuela Libre, n 111, febrero, (2007) De hecho, cualquier forma de encuentro humano y social, fundada en lo cultural, resulta vulnerable cuando el marco educativo y los medios de comunicación o relación social le infligen desgastes severos durante algún tiempo. Pero la unidad no es el único tesoro que la lengua contribuye a fomentar. Ella colabora con todo un rico abanico de valores de muy diverso tipo, tanto de carácter estético como ético e incluso religioso o de relación con la transcendencia (tal como cuenta el anecdotario histórico que apuntó el propio Carlos I, acerca del castellano) A través de la unión, fraguada gracias a la lengua y la cultura comunes, podemos participar en un rico concierto de valores. Porque cada lengua supone una visión, única e irremplazable, de la realidad (G. Steiner) En el corazón de esa cosmovisión palpita una forma distinta de habitar el mundo, vinculada a una filosofía de la vida determinada. De aquí que Unamuno escribiera: El lenguaje es el alma del individuo y del pueblo (1886) A ello ha de añadirse el que la lengua y la literatura españolas constituyen una realidad dotada de gran belleza, así como de una acendrada eficacia comunicativa, de singular flexibilidad. Esto no es una cualidad exclusiva suya, por supuesto; pero no puede negarse. Testimonio de este patrimonio estético ofrece la estima universal que se le ha tributado (pensemos en Corneille, Dostoievsky o Hemingway) y el eco de símbolos o mitos literarios como la alcahueta o celestina, el pícaro y el don juan o tenorio de éste, una mínima erudición nos llevará enseguida a recordar a Molière, Byron, Pushkin o incluso a Mozart. A ello, debemos sumar el valor humanístico más hondo de nuestra cultura, pues toda lengua y cultura cooperan, tácitamente, con sus interlocutores en ese vital comprender al otro (la lengua se desarrolla muy especialmente gracias al diálogo y a la interacción social, y las mejores obras literarias amplían nuestro conocimiento de los sereshumanos) Advirtamos la profunda humanidad de textos como El Quijote, La vida es sueño o el conjunto del Romancero; la fecundidad moral de nuestros cuentos y leyendas, de los animados cuadros de Lope, o de la ironía desencantada de autores como Quevedo o Gracián. Este afán de unidad en la diversidad, de conjugar identidad y alteridad, se ejemplifica, de modo genial, a través de los célebres contrastes ese juego de los contrarios tan destacado en nuestro Arte (lo atestiguan el celebrado barroco español, el romanticismo o el 98) N todo esto encontramos una escuela de humanidad y de vida particularmente fecundas. Por descontado, al tratarse de realidades de la vida intelectual, ni la lengua ni la cultura específica, ligada a ella, constituyen patrimonios inertes. Se hallan en movimiento S E