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ABC JUEVES 21- -6- -2007 La heredera de Juan Ramón desmonta la lectura escandalosa de Libros de amor 81 El azul Patinir, belleza y promesa de felicidad Si hay un color que predomina en los cuadros de Patinir es el azul. El pintor Gerardo Rueda se refería a él como un extraordinario color azul que lo baña y lo inunda todo. Sólo el color supone una especie de flechazo, de magia especial Alejandro Vergara confiesa que se ha vuelto loco con ese azul. Tanto, que ha acabado obsesionándose con él y buscando por doquier libros sobre este color. Recuerda el día en que su padre, siendo él niño, le dijo durante un paseo por Moncloa, mirando la sierra, que las montañas eran azules, y no verdes, ni marrones: Lo viví como si fuera una revelación Patinir, dice el comisario, te obliga a ver el cuadro muy de cerca y recorrer sus detalles, pero es inevitable que los ojos acaben atrás. Patinir consigue pintar belleza con esos azules, pero también con una franja blanca que pinta entre el horizonte y el cielo (se repite en todas sus obras) Es una especie de promesa en el más allá. Para Patinir es una promesa de Dios, supongo. Para mí, que no soy religioso, es una promesa de felicidad o de algo más abstracto Belleza y trascendencia logradas con azules y blancos. En el libro El joven del clavel de Isak Dinesen, se cuenta la historia de una muchacha que coleccionaba jarrones azules, porque debía haber quedado algo de aquel tiempo en el que todo el mundo era azul Dice Vergara que, al contemplar los cielos de Patinir, tenemos la sensación de estar ante ese azul primigenio; sentimos una sensación de epifanía al contemplar los azules que pintó Patinir Paisaje con San Cristóbal de Patinir (Patrimonio Nacional Monasterio de El Escorial) combinación de realidad y fantasía, como por los colores Se refiere a la belleza en el sentido trascendente de la palabra: Dedicarle un rato largo a Patinir te hace más feliz de lo que eras antes de ver sus obras, como cuando ves una gran película o lees una gran novela. Sin duda, es uno de los pintores que más me ha aportado no como historiador, sino como amante de la pintura De las obras maestras de Patinir, Vergara tan sólo echa en falta en esta muestra un San Jerónimo del Louvre, que no ha podido viajar por su estado de conservación (la tabla tiene una grieta que la hace muy frágil) A los cuatro cuadros del Prado se suman joyas como el Bautismo de Cristo del Kunsthistorisches de Viena; Tríptico con la penitencia de San Jerónimo del Metropolitan; Paisaje con la huida a Egipto del Koninklijk Museum de Amberes o Paisaje con San Cristóbal de El Escorial. Hay obras suyas en colecciones particulares de Suiza, Alemania y Madrid. Pero la exposición cuenta además con un prólogo y un epílogo: los precursores y los seguidores de Patinir, reunidos en una treintena de obras. En- ABC Prólogo y epílogo Bautismo de Cristo de Patinir (Kunsthistorisches Museum de Viena) tre los primeros, Robert Campin, Rogier van der Weyden, Gerard David o, sobre todo, El Bosco. Patinir fue uno de los primeros pintores en incorporar sus imágenes inventadas- -comenta Vergara- El Bosco pinta una idea del mundo en la que se dirime la lucha entre el bien y el mal, entre Dios y el demonio. También se da en Patinir Este prólogo se completa con cuatro joyas de manuscritos iluminados, procedentes de la Biblioteca Nacional, el Museo Lázaro Galdiano y el ABC Getty. Su herencia se aprecia en algunos contemporáneos, como Bernard van Orley y Joos van Cleve, o en artistas posteriores como Herri met de Bles (sobrino de Patinir) Jan van Amstel o Simon Bening. Vergara advierte ecos de Pati- nir en Velázquez (muy evidente en cuadros como San Antonio abad y San Pablo ermitaño y en Pieter Bruegel el Viejo La cosecha de heno dice el comisario, es un homenaje a Patinir) Un auténtico festín esta exposición, donde fantasía y misterio dan la mano a una nueva ilusión de realidad. Más información en: http: www. museoprado. mcu. es