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ABC JUEVES 21 s 6 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA EL NO PROCESO fuerza de tropiezos, engaños, ambigüedades, errores, mentiras y avatares diversos, el llamado Proceso de paz -pronúnciese -ha acabado desembocando en una suerte de limbo indeterminado y equívoco en el que toda confusión tiene deliberada cabida. Es el No Proceso, o sea, el Proceso sin Proceso, un Proceso deconstruido como las tortillas de Ferran Adriá o la sangría con nitrógeno líquido de Dani García, un fenómeno de nueva cocina política que conserva intactas las propiedades del modelo original bajo una formulación IGNACIO de apariencia licuada, desCAMACHO estructurada o gaseosa. El No Proceso tiene sobre el Proceso propiamente dicho la ventaja esencial de eliminar la presión sobre sus protagonistas. No requiere acuerdos parlamentarios, no exige treguas, no está expuesto al desgaste del debate público. Cada uno permanece en su sitio: los terroristas hacen de terroristas y el Gobierno hace de Gobierno. El No Proceso desactiva a la oposición, que no puede protestar por algo que no existe, y activa a las bases batasunas, que se sienten fortalecidas por el respaldo de sus primos de zumosol de la lucha armada El No Proceso elimina los riesgos políticos del Proceso en cuanto que, al no existir, suprime la contestación, la crítica, el forcejeo, las renuncias. En el No Proceso todos quedan bien: ETA se reserva el derecho de matar gente, de golpe o poquito a poco, graduando el terror a su conveniencia, y el Gobierno el de meter en la cárcel a los terroristas que tenga a mano. Ambos pueden acercarse o alejarse según el clima de opinión pública o el interés estratégico. El No Proceso no tiene calendario concreto, reglas claras ni contrapartidas explícitas, porque lo que no existe no puede ser regulado. El No Proceso tiene riesgos, aristas, incertidumbres y contingencias, pero son los mismos que antes del Proceso. El No Proceso permite a ETA administrar su presión, y al Gobierno administrar su firmeza. El No Proceso es una joya del cinismo político, un ejercicio virtuoso de pragmatismo maquiavélico. El No Proceso, en fin, es un hallazgo, una bicoca, un chollo. El único punto débil del No Proceso reside en su propia condición de inexistencia. Se trata de una cuestión metafísica, ontológica, esencialista. Cualquier aspecto o detalle del No Proceso que lo aproxime al Proceso ha de ser suprimido o, en su defecto, negado, refutado, desmentido. El No Proceso ha de no ser, o como mínimo resultar invisible, que en la sociedad mediática equivale a dejar de ser. Porque si es, si se hace visible, inmediatamente se convierte en Proceso, y hemos quedado en que el Proceso ya no existe. En política, cuando algo que ha dejado de existir sigue existiendo no constituye un asunto filosófico, sino moral. Porque pasa a tratarse, simplemente, de una ocultación, de un engaño, de una mentira. De un fraude. Así que, necesariamente, el No Proceso tampoco puede existir. Pero en realidad está ahí. En alguna parte. En Ginebra, quizá. O en el limbo. A ESOS GEMELOS POLACOS, TAN RAROS... L OS hermanos Kaczynski ganaron las elecciones polacas en octubre de 2005. Hay transiciones difíciles. La de España fue arriesgada. Salió bien, en parte por el respaldo constante, 32 años, de una antigua institución más allá de la política, la Monarquía, símbolo de unidad, decidida a jugarse el todo por el todo en la modernización del país. Eslovenia o Lituania, pequeños estados, son ejemplos de transición desde el comunismo soviético a las libertades democráticas, como Polonia, una sociedad media- grande a escala europea, menor que España, 38 millones de habitantes, 200.000 km 2 menor. Espacio clave en el Continente. Algunos sectores en el poder- -Partido Ley y Justicia, Partido Agrario, Radio María... -esconden sentimientos antieuropeos. El sufrimiento de los polacos ha sido prolongado y terrible. La eurofobia es frecuentemente alimentada por los gemelos. La consigna dada por el presidente Lech Kaczynski a sus negociadores tiene poco sentido: Raíz Cuadrada o Muerte. Un grito de guerra con orígenes oscuros, en defensa de una fórmula aritmética de representación. Los gemelos quieren enfeudarse a la ultraderecha norteamericaDARÍO na. Este comportamiento no es airoVALCÁRCEL so, pero sí legítimo: luego el gobierno que siga lo podrá rectificar. Un principio antiguo como el mundo: el enfeudador es tan responsable como el enfeudado; el corruptor resulta a veces peor que el corrompido. Digámoslo por enésima vez: el dúo Cheney- Bush, derrotado en su propio país, tiene ya poco que ver con Estados Unidos, una sociedad que vive para el futuro. Con el paso de los meses, la posición de los gemelos se hace menos explicable: estar a la orden del presidente Bush (frente al criterio, por cierto, de su secretaria de Estado, Condoleezza Rice) buscar, demora tras demora, la parálisis del proyecto europeo. Tender una trampa de Tiempo, No Podemos Hoy, Quizá Más Adelante... Ni Merkel ni Sarkozy ni sus alia- dos aceptarán esta clase de pretextos. Ni siquiera el Reino Unido lo admitirá. Alemania replica: no se puede volver a abrir ahora el debate sobre sistemas de decisión. Es un asunto cerrado. No se entiende el empeño del presidente Bush, ni su respaldo a los gemelos polacos. La voladura de Europa no conviene a EE. UU. El ministro de Asuntos Exteriores alemán ha sido tajante: la cumbre del día 22 habrá de decidir por unanimidad. Hay (sobre el doble voto de estados y poblaciones) 26 estados sobre 27, aclara el ministro Steinmeier, que han confirmado su decisión. Polonia deberá contar con los 26 o quedar aislada. Muchos polacos creen a su país nacido contra Rusia: su manera de ser es el temor a Rusia (y, por tanto, también a Bielorrusia) En el último año ha crecido el recelo a Alemania. ¿Por qué esta concepción negativa de Polonia, nación contra dos naciones? El Gobierno alemán no ha renunciado a los derechos de los vertriebenen, alemanes expulsados hacia el oeste en 1945, 8,3 millones. La nueva frontera trazada entonces por los soviéticos, con apoyo americano, era una brutal corrección. Millares de pleitos ponen a prueba todavía hoy el derecho privado en tierras de Silesia, Pomerania, Mecklenburgo, reclamadas hoy por ciudadanos alemanes o por sus nietos. Es el espíritu (también) de Prusia oriental, de los caballeros teutónicos del año 900, donde surgió un fuerte componente del espíritu germano. Alemania no era entonces una nación: era un pueblo en movimiento. Algunas fronteras europeas son indiscutidas: quienes las tenemos deberíamos agradecerlo cada día. Volvamos a un asunto central: la UE trata de formar, en pleno siglo XXI, un mecanismo útil para abordar apremiantes problemas. Quiere abordarlos con EE. UU. Japón, China, India, Rusia, Brasil, Canadá... Quiere llegar a acuerdos básicos. El más urgente es el cambio climático, que obsesiona a los británicos tras el informe Stern. Saben que no podrán formar un frente para defender Kioto sin una Europa fuerte. Por eso mantendrán una posición relativamente conciliadora.