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4 OPINIÓN JUEVES 21 s 6 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro EUROPA SE CONSTRUYE DE CRISIS EN CRISIS MENOS UNIÓN, MENOS CONVERGENCIA os dirigentes de Convergencia i Unió están prolongando con sus polémicas públicas las graves consecuencias que ha tenido la pérdida del poder autonómico y municipal para esta coalición nacionalista. La transición desde la Generalitat catalana a la oposición ha hecho aflorar diferencias de criterio entre Josep Antoni Durán Lleida y Artur Mas, que hasta 2003 estaban controladas por el liderazgo indiscutible de Jordi Pujol, cuya retirada parece estar emancipando a Unió y Convergencia del deber de anteponer las coincidencias sobre las diferencias. Durán y Mas representan algo más complejo que dos enfoques tácticos del nacionalismo catalán y de la relación que debe asumir con los partidos nacionales. Sus discrepancias afectan al rumbo que ha de tomar la coalición nacionalista que lideran para recuperar su posición en el escenario político catalán y, por derivación, en el nacional. Su crisis actual, evidente e innegable, responde a errores estratégicos de fondo cometidos en los últimos años. CiU se embarcó en una subasta soberanista para evitar que Esquerra Republicana de Cataluña se aprovechara de la fuga de los votantes más radicales, lo que la obligó a abandonar las posiciones de pragmatismo y equilibrio que habían permitido a los convergentes ser un factor de estabilidad de los partidos nacionales. Apoyó un estatuto cuyo modelo social se configuró con los estereotipos y prejuicios más significativos de la izquierda, como el laicismo, el intervensionismo y el relativismo, en todo caso absolutamente alejado e incluso antagónico al tipo de sociedad que se corresponde con unas formaciones de carácter democristiano y liberal. Y, sobre todo, se fio de Rodríguez Zapatero cuando éste reclamó a Artur Mas para sacar al Gobierno socialista del atolladero estatutario. Errores que, de una forma u otra, denunció claramente Jordi Pujol en la reciente entrevista concedida a ABC, cuando reconoció que Zapatero engañó a los catalanes y que no era el momento para reformar el Estatuto. L Ahora ha quedado al descubierto la tendencia de Durán i Lleida de buscar el arropo del poder central para recuperar protagonismo política, y la de Artur Mas de asumir un papel opositor al PSOE que les permita restaurar un perfil propio sin riesgo de volver a ser absorbido por la política ilusionista de Rodríguez Zapatero. El problema para CiU es que Cataluña se acostumbre a vivir sin ella, algo que parecía improbable- -cuando no imposible- -en una comunidad aferrada al estatus quo que instauró el pujolismo, que decide su futuro con unas cuotas de abstención deslegitimadoras y que ha envejecido prematuramente su nueva etapa estatutaria. De hecho, su nuevo estatuto de autonomía sólo fue respaldado por un exiguo tercio de su censo electoral y está pendiente del hilo que el Tribunal Constitucional puede cortar con una sentencia que difícilmente podrá eludir las flagrantes inconstitucionalidades de la norma. Se trata de una comunidad en la que cuando algo cambiaba era para que todo siguiera igual. La reunión que ayer mantuvo Durán con Zapatero se produce en un mal momento para la dirección convergente, propicio para equívocos sobre la continuidad de la coalición nacionalista y de la unidad de estrategia de los partidos que la integran. El futuro político inmediato emplaza a CiU a una recomposición de actitudes y programas. La sentencia constitucional sobre el Estatuto y la celebración de elecciones generales en 2008- -si no antes- -serán hitos a corto plazo que pueden alterar el escenario actual en Cataluña y la correlación de fuerzas en las Cortes. Perseverar en el soberanismo radical, mantener reservas esencialistas hacia el Partido Popular- -abandonadas incluso por el presidente del PNV, Josu Jon Imaz- sobreponer el nacionalismo extremista a la defensa de un modelo social, cultural y familiar coherente y condicionar los pasos inmediatos al PSOE son errores que, si CiU los reitera, sólo ahondarán su crisis y prolongarán su desubicación en la política catalana y española. EL AGRADECIDO PENSADOR DE ZAPATERO L filósofo Philip Pettit es un perfecto desconocido fuera del mundo académico anglosajón. Su doctrina acerca del llamado republicanismo cívico promueve los valores de la democracia participativa y deliberativa frente a la crisis- -que tal vez exagera- -de las instituciones representativas. En todo caso, son teorías propias para el debate científico que casi nunca resisten el contraste con la vida política real. Rodríguez Zapatero ha mostrado siempre una extraña predilección por este pensador, recibido con todos los honores en La Moncloa como una especie de gurú del socialismo posmoderno. Pettit muestra su gratitud hacia tan insospechado discípulo prodigando los elogios a la política socialista: califica de valientes los contactos con ETA, considera el diálogo como panacea de todos los males y alaba las virtudes del estatuto catalán. Además, identifica ciertas leyes- -sobre matrimonio homosexual o sobre dependencia- -con su doctrina de la libertad como no dominación aunque la relación entre una cosa y otra parece más bien remota. Ayuda a sus amigos criticando el centralismo agresivo del PP y a los que tienen un miedo excesivo a que España se rompa. Sólo hay un leve tirón de orejas para el presidente a causa de la dispersión de los presos de ETA, que supone a su juicio una inmensa carga para las familias. El resultado de la evaluación es muy positivo: el profesor califica con un sobresalien- E te a su alumno aventajado. Habrá que suponer que cuando esa política penitenciaria sea suficientemente progresista Zapatero obtendrá una flamante matrícula de honor. Bien está que los políticos se ocupen de la batalla de las ideas, incluso desde la perspectiva de una izquierda que busca referencias después de la crisis irreversible del marxismo. Sin embargo, no conviene confundir los planos. Pettit, igual que otros filósofos mucho más sólidos, tiene su papel en el ámbito académico, pero no en la discusión política de cada día entre Gobierno y oposición. En democracia son los ciudadanos quienes aprueban o suspenden al jefe del Ejecutivo y no los profesores, cuya benevolencia, como es natural, se ve favorecida por el buen trato que reciben. La mezcla entre teoría y práctica conduce a resultados absurdos. Zapatero dijo una vez que tenemos un Rey muy republicano pretendiendo decir algo tan simple como que Don Juan Carlos mantiene un profundo compromiso con las libertades públicas. Los partidarios españoles de las tesis republicanistas utilizan el extraño nombre de ciudadanismo para eludir el término republicanos y evitar así la confusión. El presidente del Gobierno no puede jugar con equívocos ni ambigüedades, porque cada una de sus palabras y de sus actos tiene una trascendencia pública muy superior a las teorías y discusiones académicas. ESDE sus orígenes hace ahora cincuenta años, la Unión Europea ha demostrado que las sucesivas crisis políticas no la debilitan, sino todo lo contrario, y que no hay razones para suponer que en este caso el tropezón del no francés en el referéndum sobre el tratado constitucional tenga efectos insalubres para el futuro del proyecto comunitario. Evidentemente, no se puede negar que habría sido mejor mantener la Constitución original, porque significaba la racionalización y clasificación ordenada del Derecho europeo- -precisamente en la línea de lo que pedían muchos de los que votaron no en los referendos francés y holandés- -y contenía los mecanismos para convertir la maquinaria de Bruselas en un instrumento más eficaz para funcionar en un mundo cambiante e imprevisible. Pero, hasta ahora, a un tratado le ha seguido otro y la experiencia nos dicta que no hay nada más perecedero que el entusiasmo de los líderes europeos cuando llegan a un acuerdo, porque ese es siempre el momento en el que empieza el inevitable camino hacia la reforma o la sustitución de lo que se acaba de aprobar. En Europa, lo que hoy es un avance histórico se suele convertir muy pronto en un instrumento caduco. La presidencia alemana ha conseguido elaborar un mecanismo que se servirá precisamente de esta práctica para convertir los puntos más importantes de la Constitución en reformas concretas de los tratados existentes. Aquel ilusionante proyecto quedará diluido en la maraña del Derecho comunitario general y perderá toda la visibilidad que tenía, pero puede preservarse todavía en sus esencias- -en puntos concretos y necesarios, como la personalidad jurídica de la UE o la creación de la figura de un presidente permanente- Hay otros elementos que deberán ser negociados porque siguen provocando reacciones hostiles: Gran Bretaña no ve con buenos ojos que la Carta de Derechos Fundamentales tenga validez jurídica y considera que la institucionalización de la política internacional europea en la figura de un ministro de Asuntos Exteriores puede tener consecuencias sobre aspectos de soberanía, tales como el puesto de miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU; Holanda busca ampliar los poderes de los parlamentos nacionales y Polonia quiere que se revise el cálculo del peso de cada país en el sistema de toma de decisiones, lo que hasta ahora parece ser el atasco más áspero de la discusión. Con todo esto, Angela Merkel pretende dejar cerrado un paquete que será aprobado en una futura conferencia intergubernamental y que entraría en vigor a partir de las elecciones europeas de 2009. Europa se construye en un proceso dinámico y, aunque en estos momentos parezca que estemos en plena indigestión de la última ampliación, nadie pone en duda la idea europea. La UE sigue siendo el proyecto más ilusionante que tenemos y, con todas sus crisis, lo único cierto es que nadie ha pedido salir de ella. D