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100 GENTE Muere El Fary, una de las figuras de la canción española MIÉRCOLES 20 s 6 s 2007 ABC ADIÓS A UN POR JOSÉ ORTEGA CANO EN SU PUNTO BRAVO ARTISTA Beatriz Cortázar l Fary me invitó al bautizo de su hijo Jabuguito como cariñosamente le llamaba él, donde la madrina era Rocío Jurado y el padrino Antoñete. Ese día toreaba yo en la Feria de Burgos y tenía unos deseos enormes de llegar a tiempo a la celebración, envuelta de muchas connotaciones. Por cierto, el niño tendría ya de tres a cuatro años, por lo travieso que fue durante toda la fiesta, según me contaron. Pero lo que más me movía estar esa noche era conocer a la madrina. Se complicaron las cosas y no pude llegar a tiempo... Conocí a Luis hace unos veinticinco años, cuando nos juntábamos un grupo de amigos, como Antoñete, Raúl Aranda y yo, a jugar al mus. ¡Qué bien jugaba! Era un verdadero espectáculo las formas tan pícaras de hacer las señas y lo divertido que era. Su afición a los toros es reconocida, pues era abonado a Las Ventas con su pareja Conchi- -se querían a morir- Su famosísima copla El torito bravo se ha convertido en un homenaje constante a los toros. El Fary tenía por dentro, en lo hondo de su sentimiento, a un torero muy madrileño. ¡Qué de veces toreó al toro de la calle! Y no digamos al del escenario, donde se transfiguraba. Amigo Luis, te mando el cariño de toda la familia taurina. Mi reconocimiento a un hombre bueno y un artista del pueblo. Seguro que os encontraréis en el cielo tu comadre Rocío y tú. Cuando en Yerbabuena vea un torito beber en la fuente siempre estarás tú, Fary. Y que nadie lo toque, que lo dejen tranquilo, que no lo provoquen... E EL MÁS SIMPÁTICO DE LA COPLA on sus tacones, su Mercedes y un humor que alegraba allá por donde pasara, a El Fary no había quien lo imitara. Para eso estaba él, en versión original. Para reírse con todos y de uno mismo si llegaba el caso. Como cuando decían que no había nadie más feo que El Fary comiendo un limón. Y se partía. Tal era el carácter de este artista que ni en sus horas más bajas ha querido amargar la vida a nadie. Hace unos meses, y por culpa de un amigo que le disculpó en una fiesta comentando lo mal que estaba, nos enteramos de que El Fary luchaba contra el cáncer. Su familia pidió discreción y respeto, que es lo mismo que rogar tranquilidad y que les dejen en paz. Y así fue. Por eso, y a pesar de que se conocía su gravedad, ayer supo a sorpresa la noticia de su muerte. Con El Fary se va un artista hecho a sí mismo. Al igual que otros de su quinta procedía de una familia muy sencilla y su gran empeño desde niño fue dar a su madre la calidad de vida que no había tenido. Por eso luchó desde abajo, como hacen los grandes, para poder sacar a los suyos adelante. Fue un gran admirador de Rafael Farina y uno de los pocos, de los últimos, que quedan de la copla. Rotos por el dolor, ayer su viuda e hijos apenas quisieron hacer declaraciones. Su mujer ha estado pegada a la cabecera de su cama desde que fue ingresado en el Hospital Madrid. No ha querido separarse ni un minuto de su lado porque le necesitaba tanto como él a ella. Con esa misma discreción con la que han llevado la enfermedad es como hubieran querido velarle. Pero no es fácil estar lejos de los focos cuando quien se ha ido es un artista, un hombre simpático y divertido que alegraba los platós que pisaba y llenaba de energía los escenarios por donde actuaba. De El Fary, hoy por hoy son todo homenajes y buenas palabras. Pasado un tiempo tal vez no haya homenajes, pero sí quedarán buenas palabras, puesto que nunca hizo mal a nadie ni nunca sembró odios en su carrera hacia la fama. Que tomen nota. C Juan, uno de los componentes de Los Panchos, junto a su esposa quisieron dar su último adiós al artista La Chunga se mostró muy apenada por la desaparición de su entrañable amigo FANTÁSTICO Siempre sonriente, siempre queriéndose comer el mundo a bocados. Sabía que aquella oportunidad era su gran oportunidad y posiblemente la única oportunidad... POR JOSÉ MARÍA IÑIGO ta- cantante José Luis Cantero, de apodo artístico El Fary. Había llegado a Prado del Rey con toda la ilusión del mundo ante la perspectiva de actuar en una televisión vista por decenas de miles de espectadores. Cuando después del ensayo le pedí que se cambiara de ropa para la actuación me dijo que aquella ropa que llevaba era la única que tenía. Una azafata le acompañó al Corte Inglés y le vestimos de arriba abajo. Estoy como un príncipe repetía constantemente. Manolo Escobar aceptó ser su padrino aquel día. Habló de él, al que no conocía, en términos altamente elogiosos, naturalmente, como debía ser. Y cantó. Y triunfó. A partes iguales, por su arte y por su personalidad, por su gracejo en el hablar, por su chispa, por su soltura. La gente, recuerdo, disfrutaba escuchándole hablar. Siempre sonriente, siempre queriéndose comer el mundo a bocados. Sabía que aquella oportunidad era su gran oportunidad y posiblemente la única oportunidad. En aquellos tiempos no era fácil aparecer en televisión. Hacerlo bien supondría un espaldarazo total a su carrera. Y así fue. Al día siguiente las compañías le buscaban para ofrecerle un contrato de graba- M e había enviado una cinta casete con un par de canciones. En su carta aseguraba que cantaba por Manolo Escobar pero mucho mejor. Que lo suyo era el cante y que si le permitía actuar en televisión sería un pelotazo y que el personal se iba a quedar con la boca abierta con su arte. Por aquel entonces yo presentaba en TVE el programa Fantástico donde los artistas noveles podían demostrar su valía en la sección Ese día es hoy Y en esa parte del programa presenté por vez primera al taxis- ción. Los agentes y managers igual. El Fary había triunfado. Tres actuaciones más y El Fary dejaría su taxi de siempre, para conducir su propio Mercedes. Su éxito fue fulgurante. Seguramente como su vida. Yo le recordaré siempre el entusiasmo con el que llegó aquel primer día al Estudio 1 de Prado del Rey, asegurándome que su actuación sería un tiro, que no me preocupara por nada, porque él era un fenómeno. Derrochaba alegría, ganas de cantar, ganas de volar solo, de comerse el mundo. Se encontraba a sus anchas. Joder, camerino y todo, pero si esto es un palacio... decía. Cuidadito con el maquillaje que yo soy un tio eh... decía a la maquilladora. El Fary se nos ha ido. Seguro que ya están en el cielo cantando a ese torito que fue la tarjeta musical del ciudadano Cantero aquí en la tierra.