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ABC MIÉRCOLES 20 s 6 s 2007 DEPORTES 95 Xavi se lamentaba el pasado domingo, tumbado en el césped del estadio del Gimnástico, de la oportunidad perdida para ganar la tercer Liga consecutiva REUTERS El mal de altura no perdona El Barcelona tampoco se ha librado de la epidemia que asola a casi todos los equipos. Es casi imposible que un equipo campeón sobreviva más de tres temporadas y, después de ganar dos Ligas y una Champions los azulgrana han caído en picado ENRIQUE ORTEGO MADRID. El Barcelona se resiste a cerrar un ciclo, pero los resultados mandan. Por mucho que Joan Laporta confirmara ayer a Frank Rijkaard en el banquillo y también su intención de retener a Eto o y Ronaldinho y reforzar el equipo, es evidente que en el Camp Nou habrá un antes y un después de esta nefasta temporada en la que aspiraba a seis títulos mayores y sólo consiguió la Supercopa de España, que era el menor de todos ellos. Ese viejo zorro del fútbol llamado Sacchi aventuró que el gran peligro de los azulgrana sería la relajación lógica que produce la victoria. Acertó. Tres títulos consecutivos les saciaron el hambre. Comenzaron a otear el horizonte por encima del hombro. Sobre todo alguna de sus estrellas, caso de Ronaldinho, que ha sido protagonista por su querencia a encerrarse en un gimnasio imaginario en lugar de desarrollar su fútbol en el césped, con el agravante además de que su equipo le necesitaba más que nunca porque había sufrido dos lesiones graves casi consecutivas en las personas de Eto o y Messi. Ronaldinho ha marcado 21 goles, -más que nunca desde que está en España- pero ha sido el claro ejemplo de la necedad futbolística. La caída del imperio azulgrana ha recordado mucho a la debacle del imperio galáctico del Bernabéu. Los mismos vicios, parecidos pecados. Mal de altura. La enfermedad del campeón. Se veía venir desde principio de temporada. Y aquí es donde hay que señalar con el dedo a Laporta por no darse cuenta de lo que estaba pasando, a Beguiristáin por darse cuenta pero no hacer nada y a Rijkaard por querer tratar de la misma forma al equipo en la victoria que en la derrota. Después del doblete, los técnicos consideraron que la plantilla sólo necesitaba retoques y la inversión en fichajes fue de 31 millones con la llegada de Thuram, Zambrotta y Gudjohnsen. También fueron devorados por la dinámica de una plantilla que ahora, en pleno caos, se defiende de las críticas de la Prensa, e incluso de su presidente, reconociendo que el pecado no ha sido la falta de compromiso que apunta Laporta, sino exceso de confianza. Primer aviso: una gira de pretemporada nefasta en julio, con partidos sin entrenamientos. Segundo aviso, en agosto, en Mónaco. El Sevilla destroza al Barça en la final de la Supercopa de Europa. (3- 0) Tercer aviso, octubre, en el Bernabéu, un Madrid en plena crisis de juego le gana fácil (2- 0) Cuarto aviso, Intercontinental, derrota ante un equipo del montón, el Internacional de Porto Alegre. Quinto aviso, marzo, eliminación en la Champions a pies de un Liverpool que fue superior. Sexto aviso, mayo, fuera de la Copa tras un escandaloso 4- 0 en Getafe. Séptimo y definitivo aviso, empates del Betis y del Español en el Camp Nou. La Liga también se escapa. AB ESUMEN DE L R I C GA 3 1 El Madrid, campeón 2 Atlético, la decepción 3 Barça, el derrocado 4 Sevilla 5 Los mejores 6 El drama vasco La periodicidad de los reveses no fue tenida en consideración por ninguno de los estamentos del club y se vieron sobredimensionados por las malas relaciones de una plantilla en la que los celos y las envidias provocaron una guerra civil. Eto o fue el primero en vocear lo que interiormente se conocía en el club. Se negó a jugar contra el Racing, dejando al entrenador fuera de juego; cargó contra los jugadores que se escondían, refiriéndose a Ronaldinho sin citarle. El cisma estaba abierto y no se cerró nunca. Pretender que Eto o y Ronaldinho sigan cohabitando en el mismo vestuario se antoja una quimera. Y más si viene otro gallo como Henry, que además es íntimo del camerunés. Si el Milán insiste no sería descartable que el africano emigrase. El presidente pide a Rijkaard disciplina y mano dura, amén de una exigencia mayor en los entrenamientos. Habrá mediorevolución en el capítulo de bajas y Abidal, Yayá Touré y Henry entrarán como revulsivos. Siete avisos antes del fracaso DEL 4- 3- 3 AL 3- 4- 3 Rijkaard se enredó en su pizarra E. O. MADRID. Nada hacía presagiar que Fran Rijkaard se fuera a liar tácticamente en su cuarta temporada en el Barcelona. Todo lo contrario. El equipo tenía asimilado un sistema y un concepto de juego que había dado unos resultados extraordinarios. Cabía pensar que todas las pruebas que tenía que hacer ya las había hecho el técnico holandés en la primera etapa de su primera temporada, cuando estuvo a un paso de la destitución para completar una gran segunda vuelta. En los dos siguientes años ganó dos Ligas y una Champions con un elástico 4- 3- 3, donde cada jugador sabía sobradamente lo que tenía que hacer. Había una idea y libertad para desarrollarla. Pocas extravagancias tácticas hizo en esas dos temporadas. Sin embargo, en ésta se enredó. Quiso cambiar el paso y como le salió bien el primer día, apostó por la pizarra de su profesor Johan Cruyff y terminó rectificando a base de pescozones. Sacó del armario el 3- 4- 3 del Ajax, club donde se hizo futbolista. La eliminatoria de Copa estaba complicada y para remontar en Zaragoza y no desmontar a ningún titular sacrificó un defensa para meter un hombre más en el centro del campo y no renunciar a sus tridente de arriba. Le salió bien. Se clasificó. Repitió en Sevilla, esta vez en Liga, y perdió. Volvió a jugársela en Liverpool porque también tenía que remontar y no consiguió el objetivo a pesar de ganar el partido. Contra el Real Madrid recurrió de nuevo al 3- 4- 3 y el empate de los blancos sirvió para enterrarlo definitivamente... por el momento. El sistema de Cruyff ABC