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ABC MARTES 19 s 6 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA POBRECITO CINE ¿Y para qué sirve un Ministerio de Cultura? (Arthur Miller, a Jorge Semprún) OBRECITOS, esos actores tan comprometidos, tan combativos, tan sensibles a las causas de la paz y del progreso, ninguneados ahora por este Gobierno ingrato que ha olvidado, en la borrachera del poder, los favores prestados en los tiempos duros del chapapote y el no a la guerra Qué pena tan grande, qué cuita tan desoladora esta preterición del Ministe- IGNACIO rio de Cultura a su fiel grey CAMACHO de tan desinteresadas y simbólicas lealtades, desoída con arrogancia tecnocrática en esa Ley del Cine que ha saltado sin consideración ni tacto sobre sus fogosas reivindicaciones de intelectuales de guardia. Qué desafección tan desleal, qué portazo tan doloroso, qué intenso agravio moral, qué postergación tan arbitraria; manifiéstense ustedes para eso, movilícense con tanto ardor para acabar en este dolorido silencio, en esta odiosa amnesia, en este injusto abandono. Qué amargura tan sufrida, qué deuda tan mal pagada, qué socorro tan poco agradecido. Pobrecitos, también, esos exhibidores tan generosos, tan atentos a la limpieza y buen estado de sus salas, tan corteses con las demandas del público, tan reacios a la especulación inmobiliaria, tan delicados con la programación y tan emotivamente involucrados en la difusión de la cultura, que se ven obligados a un cierre de protesta en el día que menos gente acude y los escasos acomodadores que sobreviven al ajuste de costes bostezan aburridos a la espera de algún espectador desamparado. Qué tosco trato para sus inquietudes emprendedoras, qué manifiesta ignorancia de sus cuitas, qué pedestre equiparación de su elegante desprendimiento con la mezquina condición de vendedores de palomitas, refrescos y chucherías variadas. Y pobrecita Carmen Calvo, ministra incomprendida, rara minerva del mecenazgo en cuyo ilustrado designio nadie reconoce la preclara iluminación de su criterio ni el denodado activismo de su abierto talante. Qué desperdicio de inteligencia ignorada, qué menospreciada búsqueda de diálogo, cuánto dilapidado esfuerzo regulador, para acabar sometida un prosaico tironeo de subvenciones, zarandeadapor los magnates de la televisión, vilipendiada por los intérpretes, reprobada por los desagradecidos beneficiarios de su abnegada perspicacia. Qué penosa ingratitud, qué acendrado egoísmo, qué tornadizo desapego. Pobrecito cine español, en fin, tan tedioso, tan cargante, tan garbancero, tan sectario, tan autocomplaciente, tan deshabitado de genio, tan escaso de brillo, tan bajo de aspiraciones, tan perezoso de miras. Pobre arte sin público, pobre industria sin vuelo, pobres guiones sin garra, pobre pobreza de donaire, de chispa y de talento. Cuánta autosatisfacción estéril, cuánto narcisismo gratuito, cuánta presunción vanidosa de espaldas a un público hastiado de tanto artificio inútil, condenado a pagar con sus impuestos el fracaso de quienes no son capaces de motivarlo a pagar sus entradas. P LE LLAMAN LA PRINCESA A aparición de Unió Mallorquina en el panorama político de Mallorca fue en su condición de esqueje muy peculiar de aquella UCD que entraba en el proceso de licuefacción. Con el tiempo, llegó a presidir el nuevo partido María Antonia Munar, a la que en la política mallorquina todos, amigos y enemigos, llaman La Princesa Su núcleo de poder ha sido el Consell de Mallorca, organismo heredero- -como los otros consejos insulares- -de la Diputación y a la vez incrementado por competencias transferidas desde la Comunidad autónoma balear, con partidas presupuestarias de amplia disponibilidad que garantizan apoyos mediáticos tan toscos como duraderos. Aquel micropartido ha logrado ser fundamental, tanto con el PP como con la izquierda, para tener el poder en las islas Baleares en caso de no haber mayoría absoluta. En realidad, Unió Mallorquina fue inventada pura y exclusivamente para eso. Ahora otra traslación de poder parece haber comenzado y de nuevo pivotando sobre el mismo eje grupuscular y de representatividad tan poco amplia. En 1999, Unió Mallorquina dio el poder a la izquierda habiendo obtenido tan sólo VALENTÍ 26.000 votos. Del PP se habían computaPUIG do 160.000 papeletas, que duplicaban el número de votos del PSOE, segundo partido más votado. En estas elecciones autonómicas, el PP ha tenido 191.517 votos, lo que es un 46.01 por ciento y se concreta en 28 escaños. Para UM- -en el Parlamento autonómico- -han sido 28.082 votos, un 6,75 por ciento, que son tres escaños, a sumar con quienes dicte el interés público en la versión ilustrada de María Antonia Munar. Con estos poderes, Unió Mallorquina ha comenzado la traslación de poder haciendo que sus dos concejales en el Ayuntamiento de Palma voten a la candidata socialista: se suman también los nacionalistas del PSM y una alianza variopinta eco- comunista- independentista, con lo que, frente a los catorce concejales del PP son quince los que dan el vuelco en la ciudad de Palma. Previsiblemente, combinaciones de naturaleza equiparable irán imponiéndose en el Consell de Mallorca, luego en la composición del Parlamento autonómico y finalmente confi- L gurarán el Gobierno autonómico. En cada caso, la selecta elite política de Unió Mallorquina se quedará con los despachos de mayor asignación, en virtud de una experiencia ya tradicionalmente sufragada por la ciudadanía. En estos momentos, todo suma menos haber sido el partido más votado con diferencia, como es el caso del PP No son pocas las torpezas históricas de la derecha ba. lear, y su naturaleza obtusa parece mantenerla en una imprevisión estratégica de orden connatural. Perder el poder incluso puede resquebrajar su ya precaria consistencia. Por su parte, la izquierda heteróclita llega al poder después de gobernar en 1999 con tanto éxito que dio la mayoría absoluta al PP cuatro años después. Incluso el PSOE comparte la inmadurez de sus aliados a consecuencia de un cambio interno que retiró de escena a sus personalidades de ejecutoria más contrastada. De nuevo la sociedad mallorquina va a tener que pagar la novatada, especialmente en la dimensión económica de una de las zonas de España con mayor renta per capita. Lo que está claro es que ahí el voto territorial no tiene compensación para el voto individual. Aun así, un arcaísmo insularista no es la peor de las conclusiones. Es conocida la posición de Karl Popper frente al sistema de representación proporcional, por la influencia desmesurada que minúsculos partidos políticos pueden lograr en el momento de formar una mayoría. Según Popper, si el pueblo gobierna a través de sus representantes, y por mayoría de votos, es esencial que la distribución numérica de la opinión entre los representantes refleje de forma tan fiel como sea posible lo que prevalece entre quienes son el verdadero origen del poder legítimo: el propio pueblo. En los cuatro años venideros, la filosofía del progreso arrullará la vida de los contribuyentes mallorquines. Mientras tanto, La Princesa habrá llegado a la culminación de sus sueños, tutelando con chic de peluquería diaria la gestión del Ayuntamiento de Palma, del Consell de Mallorca y del Govern Balear. Sus prioridades habrán quedado claras en los pactos fraguados estos días. No hace falta ser muy imaginativo para sospechar que hay quien no se contenta con una concejalía de Palermo si a la vez puede aspirar al principado de Mónaco. vpuig abc. es