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4 OPINIÓN MARTES 19 s 6 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro UN SÍMBOLO EN CATALUÑA A reaparición triunfal del torero José Tomás en la Monumental de Barcelona es una magnífica noticia para la Fiesta. El torero madrileño, convertido en un auténtico fenómeno mediático y de masas, cautivó a las 20.000 personas que colocaron el cartel de no hay billetes en la histórica plaza. Tres orejas y salida a hombros por la puerta grande son el balance de ese éxito espectacular en una jornada para el recuerdo. Más allá del ruedo, la deseada reaparición de José Tomás ha demostrado que la tauromaquia goza de excelente salud en Cataluña, mal que le pese a los nacionalistas radicales y a los republicanos, que se empeñan en desfigurar la realidad para su propia conveniencia y que, con una forzada impostura antitaurina, no hacen sino alejarse cada vez más de esa inmensa mayoría de ciudadanos que- -aficionados o no- -demuestran un enorme respeto hacia la Fiesta Nacional. La esposa del presidente de la Generalitat, el delegado del Gobierno, muchos empresarios y personajes tan significativos de la cultura como Albert Boadella o Joan Manuel Serrat asistieron a un espectáculo que despertó el entusiasmo general frente a los insultos de unos cuantos manifestantes, cuya protesta no supera la condición de simple anécdota. A pesar del sectarismo de ERC y de la tibieza de los socialistas (llegaron a denominar a Barcelona ciudad antitaurina la sociedad catalana ha dado otra lección a una clase política cada vez más alejada de la gente común. El ridículo de algún miembro del tripartito, que pretende extirpar de Cataluña supuestos símbolos españolistas como los mantones o el flamenco, queda de manifiesto cuando la Monumental se llena hasta los topes de un público entregado. En otro plano, la lucha por eliminar símbolos como el himno o la bandera de España está condenada al fracaso ante la resistencia natural de una sociedad en la que una inmensa mayoría conjuga con naturalidad la identidad española con la catalana, como viene ocurriendo desde hace siglos. Ha sido un acierto promover la reaparición de José Tomás precisamente en el ruedo barcelonés, como expresión de esa vitalidad social y cultural reflejada en un espontáneo viva la Fiesta lanzado por un espectador durante la lidia, que fue coreado por toda la plaza. Algunos se empeñan en promover el localismo y una lectura falsa, casi infantil, de la historia, pero los ciudadanos no se dejan engañar por mentiras y falsedades. El mundo del toro no sólo no es ajeno a Cataluña, sino que Barcelona y otras localidades son plazas de primer orden que consagran a las grandes figuras y determinan la carrera de los aspirantes a serlo. El cartel del domingo no era sólo el producto de un afán legítimo por reivindicar la Fiesta, sino también la expresión de que los mejores quieren triunfar en una sede del más alto nivel taurino. Se equivocan una vez más los que pretenden imponer esa visión sesgada de España como una simple yuxtaposición de genuinas culturas nacionales frente al carácter artificial de la cultura española. JOSÉ TOMÁS, L VEINTE AÑOS DESPUÉS, ETA NO CAMBIA L 19 de junio de 1987, ETA hizo estallar en el aparcamiento del Hipercor de Barcelona un coche bomba que causó la muerte a veintiuna personas, todas civiles, y heridas a medio centenar. Fue, hasta los atentados del 11 de marzo de 2004, el crimen terrorista más sangriento cometido en España y sigue siendo el más brutal de la banda etarra, que repitió ese mismo año otra matanza en la Comandancia de la Guardia Civil de Zaragoza, donde asesinó a once personas, entre ellas cinco niños. Veinte años después de la masacre de Hipercor, ETA es aún la mayor amenaza para la libertad y la vida de los ciudadanos españoles. Su vocación terrorista no se ha modificado un ápice, sino todo lo contrario, porque en este tiempo ha perseverado en el asesinato y la extorsión, a pesar del rechazo social, el aislamiento internacional y la eficacia de la acción policial y judicial. La memoria de aquel brutal atentado no sólo resulta obligada para que sus víctimas- -todas las víctimas de ETA y del terrorismo- -sean recordadas permanentemente por una sociedad que ha de aspirar a la derrota de sus enemigos; también lo es para no olvidar qué es ETA, qué pretende y a qué está dispuesta para conseguirlo. ETA sí es capaz de matar indiscriminadamente, sí es capaz de asesinar a niños y a civiles. Los etarras no representan una categoría menor de terroristas, por más que los atentados del 11- M hayan sido reiteradamente manipulados en este sentido. En ETA sólo cambian las tácticas, no la estrategia del terror, ni los objetivos netamente nacionalistas y de extrema izquierda. No entender esta realidad de la organización etarra equivale a no conocerla y, por tanto, a asumir el riesgo de hacer análisis erróneos sobre su voluntad de seguir o no con el empleo del terror. También en 1987 se dijo que ETA había ido demasiado lejos con el atentado de Hipercor, y que esta masacre se haría insoportable a la izquierda abertzale. Entonces, Herri Batasuna era un partido legal- ¿para qué sirve la legalización de un partido proetarra? -y siguió sometida al dictado de ETA, como todo su entramado seudopolítico, sin que se produjeran críticas que no acabaran silen- E ciadas por orden de los pistoleros. El actual presidente del Gobierno y sus asesores en la materia debieron creer que la ETA de 2004 era distinta de la de 1987 simplemente porque pensaban que los terroristas iban a dejarse seducir por una oferta de diálogo que evitara su derrota. Ciertamente, ETA estaba muy reducida en su capacidad operativa, logística y financiera, pero no estaba vencida aún. Faltaba poco y hoy falta mucho más. Veinte años después, el mayor error no lo ha cometido ETA al seguir con el terrorismo, sino el Gobierno de Rodríguez Zapatero, que creyó que ETA había cambiado lo suficiente como para interiorizar su derrota y dejarse encantar por el discurso de la paz. A los terroristas nunca les han importado mucho los análisis psicológicos ni sociológicos sobre el rechazo a la violencia. Y, menos aún, un presidente de Gobierno con exceso de autoestima y defecto de prudencia. Le ha importado sobre todo la unidad del grupo social que la apoya con o sin asesinatos, el abastecimiento puntual de medios y terroristas y la continua discusión sobre la existencia del conflicto político vasco en el que legitima su violencia terrorista, para lo que es imprescindible colonizar las instituciones vascas con testaferros que actúan al dictado de la propaganda etarra. A pesar de lo que opina el Gobierno, ETA ha logrado estos objetivos en estos tres años de falso alto el fuego. El mayor beneficio de los terroristas es la ignorancia de los responsables políticos sobre su verdadera naturaleza de organización criminal. ETA gana en cuanto un gobierno la convierte en interlocutora política, como ha sucedido en esta legislatura. Por eso es imprescindible traer a la actualidad trágicos recuerdos como el de Hipercor, porque la desmemoria de algunos pone en peligro a todos y porque ningún gobierno tiene derecho a poner el contador de la historia a cero para disculpar errores evitables- -que, más que errores, son apuestas fracasadas- ni a justificar el logro de la paz a cualquier precio, cuando este objetivo se pretenda con medios políticos y moralmente ilícitos. FÚTBOL, INFLUENCIA Y POPULISMO L deporte ocupa un lugar de primer orden en la actual sociedad de masas. Los grandes clubes y los principales eventos internacionales generan una enorme expectación pública y mueven ingentes recursos humanos y materiales. Es imprescindible que los dirigentes y gestores estén ala altura delas circunstancias, puesto quesu comportamiento es percibido como un modelo por muchos aficionados y, en particular, por los más jóvenes. En la competición deportiva se ponen en juego pasiones y sentimientos que los responsables del más alto nivel deben encauzar desde el sentido común y la defensa devalores como la convivencia y la solidaridad, algo que muchos de ellos parecen empeñados en no hacer. De hecho, no todos los presidentes y directivos de equipos cumplen con estas exigencias mínimas. Ha terminado una Liga muy emocionante y resuelta casi en el último minuto, pero no pasará a la historia ni por la calidad del fútbol practicado ni por la imagen de ejemplaridad que responsables de equipos como el vencedor, el Real Madrid, deberían haber ofrecido. Su presidente, Ramón Calderón, no ha estado muy afortunado en su primera campaña al frente del Real Madrid. El título de Liga, ganado más por tesón que por buen juego, no debería ocultar a la masa social la inexistencia de un proyecto atractivo, que ha sido sustituido por decisiones erráticas y coyunturales que- -al final- -han tenido el premio insospechado de un triunfo. Sin embargo, se trata de un triun- E fo que si bien alivia el fracaso en la Champions y en la Copa del Rey, no esconde la realidad de un proyecto asentado sobre bases endebles y viciado por la precipitación. Calderón se equivocó ya desde el inicio de su gestión, cuando accedió a la presidencia tras un proceso electoral sometido al escrutinio de los jueces gracias a un voto secreto de dudosa legitimidad. Y con todo, lo peor son ciertas actitudes populistas que una institución centenaria como el Real Madrid debe rechazar de plano. Con el bochornoso episodio de Zaragoza, Calderón se mostró como un dirigente contradictorio e imprudente, ofreciendo una preocupante sensación de no saber exactamente qué club preside y perjudicando uno de sus mejores activos: su imagen. Pero no es el único caso. Directivos de muchos otros clubes mantienen públicamente conductas inconvenientes que pueden perjudicar el buen nombre y la historia de la entidad que dirigen. Presidentes que a veces demuestran una inclinación a utilizar en su beneficio el cargo que ostentan, o que adoctrinan a sus aficionados con conductas no siempre pacíficas, o que incluso favorecen determinadas tendencias políticas, no sólo traicionan la confianza de los aficionados; también contradicen el espíritu y los principios de un fenómeno, el del fútbol, que sin tener por qué dejar de ser un negocio, nunca debe dejar de ser un deporte. Ni para sus profesionales, ni para sus millones de aficionados.