Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC MARTES 19 s 6 s 2007 OPINIÓN 3 LA TERCERA EL CHOTIS Y LA LIGA Hay quien dice que la Cibeles llevaba la mirada empitonada de hambre y que cuando apareció Raúl se subió la túnica y le ofreció el muslamen para que le ajustase la liga. Entonces la negrura de tantas noches de insomnio y espera que había oscurecido sus ojos, entonces desapareció de repente y todos pudimos dar cuenta de que la Cibeles nunca fue una diosa difícil. Sólo hay que saberla trastear y en los últimos tiempos los merengues andaban más preocupados en mirarse al espejo... ADA vez que el conjunto merengue triunfa, la Cibeles se marca un chotis y los leones rugen de puro contento. Sobra apuntar aquí que lo que más le pone a esta diosa lozana es el jaleo y también sobra apuntar que, en los últimos tiempos, andaba algo olvidada. Se podría decir que la Cibeles había perdido ese aire que desprenden las reales hembras cuando no son atendidas. Pero el domingo, pumba, se terminó tan larga espera. Y como no podía ser menos, los merengues cumplieron con su diosa. Fue con el tercer gol cuando empezaron a llegar los cánticos, campeones, campeones, oe, oe, oe y la alegría se extendió como se extiende una enfermedad secreta cuando deja de ser secreta, valga la comparación venérea. Entonces la Cibeles alzó los pechos en banderillas y, sin perder de vista a los leones, se arrancó con un rumbeo de caderas ante los primeros aficionados allí reunidos, gentes todas que no querían perderse el milagro. Hay quien dice que la Cibeles llevaba la mirada empitonada de hambre y que cuando apareció Raúl se subió la túnica y le ofreció el muslamen para que le ajustase la liga. Entonces la negrura de tantas noches de insomnio y espera que había oscurecido sus ojos, entonces desapareció de repente y todos pudimos dar cuenta de que la Cibeles nunca fue una diosa difícil. Sólo hay que saberla trastear y en los últimos tiempos los merengues andaban más preocupados en mirarse al espejo que en endulzar el vientre de su diosa. uando Raúl ajustó la liga al muslo, pudimos dar cuenta de cómo la ley del equilibrio impera sobre la desigualdad de los pesos cuando hay masa en la sangre y una diosa de por medio. Aún se escucha el eco de la gesta en todo el mundo pues si por algo se caracteriza el equipo merengue es por tener una afición de aquí a Pernambuco que ya quisieran otros. Es curioso ya que en el principio de los tiempos no fue así. Hay que recordar que, cuando la época de los tranvías, el Madrid era un equipo que jugaba al fútbol en barrizales y campos de estiércol. Y hay que recordar también que fue con la inauguración del estadio de Chamartín cuando se cimentó el conjunto. Por las rancias tabernas de Madrid, los más viejos cuentan cómo empezó todo. Fue en una de nuestras penúltimas guerras contra el moro cuando los soldados de O Donnell se establecieron en los descampados del pueblo de Chamartín de la Rosa, por donde vive Raúl del Pozo que aunque gitano de Cuenca también es del Real Madrid, y junto a lo que era la antigua carre- C tera de Francia y hoy es la calle Bravo Murillo. Pues bien, justo ahí y no más lejos, a uno de esos descampados le dieron el nombre de Tetuán de las Victorias. Con el tiempo, el descampado se convertiría en un barrio al que no le faltaría su templo. A un tiro de piedra de Tetuán, se levantó el campo de fútbol. Sin embargo vino la guerra y hasta la diosa Cibeles perdió la paz, atrincherada en sacos de arena mientras alemanes y rusos ensayaban sobre nuestra piel lo que vendría a la postre en Europa. Con los moros a caballo cortando cabezas y las fronteras taponadas de necesidad, fuimos la risión del mundo. Después de la vergüenza, vino la reconstrucción, hala, a arrimar el hombro, y aún con esas todavía hoy algunos se empeñan en hacernos recuperar lo que nunca perdimos: la memoria histórica. or las tabernas más rancias de Madrid, que es donde la memoria sigue fresca, los más viejos no dejan de contar que el estadio se compuso gracias a la afición de los creyentes de una religión que siempre anda a la busca de nuevos dioses. Y fue a partir de aquí que el madridismo fue creciendo, y ya no se limitó a culto de barrio, sino que amplió su frontera llegando a los pollos de buena casa que fueron los que le pusieron el bombín y las ligas. Luego vinieron Gento, Di Stéfano, Pirri y su mujer, la Sonia Bruno. Y luego vino la Quinta del Buitre y luego los galácticos. Y con los galácticos la cosa se torció y el vestuario anduvo revuelto con la mu- P C jer del Beckham y esa tal Nuria Bermúdez espolvoreando el polvo estelar sobre un equipo que siempre fue de barrio. Y si a esto se le suma la mala gaita de una directiva interesada más en la crematística que en el merengue, pues apaga y vámonos que dice el dicho. Ahora parece que a Capello le van a dar puerta y en su lugar va a venir el Chuster, pues así le llaman en Getafe a este nibelungo que un buen día robó el oro del Rin a patadas y se lo trajo a los Madriles. Puede ser todo un acierto ya que la mitología está repleta de gloriosas rebeliones y la protagonizada por el Getafe contra el Barcelona, el otro día con motivo de la Copa del Rey, es uno de esos célebres motines que, avivados por las fuerzas sombrías que trazan la historia, se van repitiendo por ciclos a lo largo de la misma. Por eso, las potencias que en la mitología nórdica provocaron la caída de los dioses, en nuestro tiempo se presentan simbolizadas por este entrenador de obstinación germana. Lo ha conseguido con el Getafe, preparando una plantilla de verdaderos Titanes, todos ellos curtidos con los aires próximos al Cerro de los Ángeles, montículo sagrado que ocupa el centro del mapa. Aún resplandece sobre el horizonte el reflejo del fuego que alumbró la caída de los dioses. La paliza que el Getafe le metió al Barcelona hoy todavía resuena como una tormenta en los selectos cielos del balompié. Si el Chuster entrena al Real Madrid, la diosa Cibeles se va a poner tela de contenta. No es para menos, pues con el veneno en la sangre de los que se saben impulsados por una fuerza sobrenatural, los jugadores del equipo merengue jugarán al fútbol como verdaderos dioses de barrio. Y cualquier equipo que se le ponga por delante quedará reducido a cenizas. la Cibeles se arrancará a bailar en una juerga continua mientras las Valquirias hacen palmas siguiendo el compás de un chotis que dará la vuelta al mundo. Se lo merece después de tanto tiempo consumida por las ganas. Mientras tanto, se regodea con la liga en el muslamen, a la espera de que aparezca ese nibelungo de greña dorada por los soles del Rin y al que todos en Madrid llaman el Chuster. A ver si con el anillo de pedida entre sus dientes de lobo germano, el Chuster nos la sigue alegrando. Ojalá, pues una diosa tan lozana como ella no merece quedar insatisfecha. Y MONTERO GLEZ Novelista