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102 DEPORTES Campeonato del Mundo de Fórmula 1 s Gran Premio de Estados Unidos LUNES 18 s 6 s 2007 ABC La sorpresa gana su segunda carrera Lewis Hamilton resiste la presión de Alonso desde la salida en Indianápolis para ganar su segundo gran premio y consolidar el liderato del Mundial J. M. CORTIZAS A picotazo limpio. Como no podía ser de otro modo, el último gallito en llegar al corral marcó su territorio. No se trataba de cortejo alguno, si no de la supremacía entre las crestas más floridas de McLaren. Hamilton reclama respeto para sí y vive Dios que lo merece un piloto que sigue sin bajarse del podio en las siete carreras ya disputadas. Lo de la sorpresa ha quedado ya lejano en el tiempo. Las chanzas surgidas cuando destrozó una unidad del MP 4- 22 en sus primeras tomas de contacto en Valencia son casi una leyenda urbana. La realidad se vivió ayer en Indianápolis. Cruzó guantes con Fernando Alonso y le venció con las armas con las que también epató el ovetense en su desembarco en la F- 1: agresividad y ambición. mino más recto lejos del asfalto. El debutante, sustituto de Kúbica, volvió al asfalto mientras que el alemán y el escocés cogían el camino de los boxes, el primero a pie y el segundo para ya no poder sacar sucoche a la pista. A ritmo de cuatro décimas por giro de promedio, Hamilton rodaba con aparente tranquilidad en cabeza. En dieciséis vueltas se alejaba a tres segundos de Alonso. Próxima cita, el baile de los repostajes. Con una carga de combustible similar y pese a rodar en cabeza, fue Hamilton el primero llamado al pit lane Una decisión que no implica queja alguna. Fue un buen motivo para que el realizador de la carrera americana recordara quién se estaba jugando el cocido, obcecado- -es su cometido- -en ofrecer lo más vistoso de lo que ocurría, que eran las guerras Fisichella- Button y, sobre todo, el litigio entre Wurz y Liuzzi, enardecidos ayer al circular permutando sus sombras. A la vuelta siguiente, el español pasó por el surtidor. De nuevo dedicado en cuerpo y alma a la persecución de Hamilton, se creció por momentos, resolvió ocho vueltas inmaculadas en las que redujo la distancia a lo que se puede medir en un segundo. Fue como si algún mecánico amigo le hubiera incluido en la carga de combustible un revitalizador de motor. El Alonso de siempre estaba en pista en Indianápolis con sed de gloria. Desde el giro 31 al 38 planificó el ataque. Cómodo, cerca del rebufo del McLaren número 2, se acercaba casi imperceptiblemente. Buscaba salir del infield convertido en una lapa de Hamilton para coronar los 23 segundos de acelerador a tope del óvalo con una pasada en la apurada de frenada de final de recta. El único método conocido para pod 3 er deshacerse de un oponente de similar poder. Llegó el momento. Vuelta 38. Hamilton se había visto frenado inesperadamente por Liuzzi antes de que el italiano fuera doblado. Alonso lo aprovechó y se lanzó a tumba abierta. A 400 metros para la frenada enseñó el morro de su coche. La reacción de Hamilton fue un acto sublime de supervivencia. Y como tal, estuvo al límite de lo ético o reglamentario. Sólo haciendo cabecear su bólido cortó el paso al español. Fueron dos cambios de trayectoria mal contados. El tercero, que hubiera sido el punible, se retrasó justo hasta el inicio del radio de la primera curva del circuito. Por los pelos, el británico salvó el segundo match ball El esfuerzo llevó al bicampeón y sus gomas a un exceso de entrega. En la curva 4 tocó la hierba y el susto se tradujo Cuatro décimas por vuelta Fue un monólogo de McLaren. Un mano a mano entre Hamilton y Alonso. O sea, lo esperado. Primera prueba de fuego. Una salida propia de una guerra nuclear, más que civil. El español tenía perfectamente diseñada su opción. Se refugió en el rebufo del inglés para aprovechar su aspiración lo posible en la primera curva, en la que salió de su madriguera. Se colocó en paralelo, pero su compañero no cedió. Ambos frenaron al unísono y el británico atacó el negociado por la zona más efectiva de la trazada, mienras que el español, por el lado exterior, no tuvo más remedio que corregir la trazada y colocarse detrás del británico para evitar sustos como el de Canadá, cuando se salió de la pista por aguantar demasiado al actual líder del Muindial. Una bala malgastada, aunque rozó al muñeco y avisaba de lo que se avecinaba en el duelo entre los dos compañeros de equipo. Atrás, en el pelotón, Ralf Schumacher alimentaba la indignación de quienes creen que sobra entre los elegidos. Se llevaba por delante a Coulthard al mismo tiempo que Vettel y unos cuantos más buscaban erróneamente el ca- Monólogo de McLaren en un segundo más de retraso para un total de 2 6. Hamilton, de nuevo a picotazos, mantenía inviolado su territorio. Como en los saltos atléticos, restaba el tercer y último intento confinado a la segunda parada en la puerta del box Fue Alonso el primero en entrar. Tampoco le desfavoreció la decisión. Al giro siguiente, Hamilton jugaba el definitivo cara o cruz. Para él fue el anverso de la moneda. Volvió al trazado un suspiro delante del ovetense. Y colorín colorado, final de la carrera. Alonso se quedó con el consuelo- -triste- -de completar su colección con el trofeo estadounidense que le faltaba. Lucha en Ferrari Hamilton y Alonso celebraron su doblete desde el podio de vencedores EPA Mientras el británico contaba sus virtudes por pares, Massa le emulaba en la lucha interna de Ferrari. El brasileño, con el peor compuesto para el largo final, aguantó la presencia constante en su retrovisor de su compañeros y enemigo Kimi Raikkonen y figuró en la foto y cuadro de honor del mejor Gran Premio de la temporada. Aunque volviera a ganar el autor de la pole Y ya van seis de siete.