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76 TOROS Histórica reaparición de José Tomás LUNES 18 s 6 s 2007 ABC (Viene de la página anterior) BARCELONA Monumental de Barcelona. Domingo, 17 de junio de 2007. Lleno de no hay billetes Toros de Núñez del Cuvillo, de correcta y terciada presentación, más chico el 5 de noble juego; destacaron el soberbio 6 premiado con la vuelta en el arrastre, el muy buen 3 y el 1 Finito de Córdoba, de azul añil y oro. Estocada desprendida y tres descabellos. Dos avisos (saludos) En el cuarto, dos pinchazos, otro hondo y descabello (silencio) José Tomás, de azul pavo y oro. Bajonazo. Aviso (oreja) En el quinto, estocada caída a toro arrancado. Aviso (dos orejas) Cayetano, de azul turquesa y oro. Estocada en todo lo alto (dos orejas) En el sexto, estocada al encuentro (dos orejas) José Tomás y Cayetano salieron a hombros por la puerta grande el hocico y la mirada brava atacaron al torero a merced. Eternos segundos hasta que las cuadrillas quitaron lo que ya se intuía como cornada. A José Tomás se le había enblanquecido el pelo como del susto, como si un golpe de años hubiese teñido el flequillo de plata. Era el polvo mordido. En pie, otra vez en redondo, la cintura y la tela hicieron de la embestida bálsamo, y más con la zocata brutal e imperecedera. Chirriaba por ahí el toro, que se desarmó, poco a poco, simplemente con la templanza sublime, la muleta callada, el viaje sometido en la muñeca mágica, anclada la planta en el fondo del ruedo. Tremendos los naturales. Indescriptibles. Cegadores y hondos, y más cuando amplió el cite en la media distancia que requería el toro. Soñaba la plaza el toreo, otra historia absolutamente diferente a la rutina diaria. Otra vez Tomás cautivaba con las armas que irrumpieron a finales de los noventa en la historia de la tauromaquia. El broche del desprecio, suave y tenso a la vez, preparó la muerte, que se le resistió: el toro escarbaba, metía la cara entre las manos, no quería irse de manera fácil. Sonó un aviso, y José Tomás precipitó ya la estocada como fuera. Tan es así que se le cayó ostensiblemente, privándole de las dos orejas. Pero la que fue contuvo verdadera importancia. Los estatuarios rompieron el fuego en el quinto. La presencia que contaba era la de José Tomás más que la del toro, que se manejaba sin fuelle sobre la derecha de plomo. Mas con la izquierda, tras una tanda de se produjo una maravillosa de de Manolo Caracol. Del bien al ole hay un gigantesco salto. Y así fue, José Tomás, volteado sin consecuencias, quedó a merced del segundo toro con la muleta mecida, los riñones encajados, el cante grande. Se coreó un viva a la Fiesta Nacional. Coreaba el ambiente de tan histórica tarde el acontecimiento. A pies juntos antes de las manoletinas, J. T. volcó de nuevo la Monumental, dejándose llegar la embestida al paso. La estocada al encuentro se desprendió de la cruz un tanto. Ya daba igual que el doble trofeo premiase una faena no tan intensa como la anterior, porque lo que primaba era el todo y no la parte: José Tomás no vuelve para pasearse. Incógnita despejada. REUTERS Otra vez José Tomás cautivaba con las armas que irrumpieron a finales de los noventa en la historia de la tauromaquia Un parón de reverencia ante Cayetano, que no venía a vestir el cartel. Extraordinaria la actitud. Rotundo el triunfo. Y el desparpajo Cayetano Rivera Ordóñez tenía ayer una papeleta por resolver: no pasar desapercibido. O inadvertido. Centrar algún foco de una fecha con todas las luces enfocadas en un personaje. Pero Cayetano, desde el momento en que replicó a José Tomás con un quite por tijerillas, demostró que no venía de comparsa ni a vestir el cartel. Extraordinaria la actitud. Y el temple desplegado. Pocas líneas (lo lamento) para un día clave. En 2007 es la primera crónica abecedaria reflejada, y la ha llenado de esperanza, ilusión y gozo. Gozamos con el soberbio sexto- -qué ma- nera de hacer el avión- y con el tacto y el encaje bonito de Rivera, que voló los avíos con son y gusto, con desparpajo y atrevimiento, sin complejos y con torería. Vaya espadazos, al volapié y en la suerte de recibir. ¿Faltar? Algunos flecos, claro. Aunque a tan rotundo triunfo de cuatro orejas (también le cortó dos al boyante tercero) no le cabe un pero. ¿Cruzarse un poco más? Bueno. La fotografía por la puerta grande con José Tomás no se la quita nadie. Un parón de reverencia ante Cayetano, al que no dio ocasión Finito con el flojo cuarto. Irrepetible 17 de junio.