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56 AGENDA Necrológicas LUNES 18 s 6 s 2007 ABC Félix Varona Mecánico automovilista TRIUNFADOR EN LA SOMBRA Estuvo al lado de leyendas del deporte del motor como el gran piloto español Alfonso de Portago, Cecotto, Marcotulli, Pola, Ettore Chimeri o Rodrigo Borges El español Félix Varona, una de las máximas figuras de la historia del automovilismo venezolano, falleció ayer en Caracas por causas naturales. Varona, de 90 años, fue el mecánico más importante de la historia del automovilismo en Venezuela, trayectoria que se extendió durante más de seis décadas, desde su llegada al país suramericano a mediados de los años cincuenta. El experimentado mecánico estuvo al lado de leyendas del deporte del motor como el gran piloto español Alfonso Cabeza de Vaca y Leighton, decimoséptimo marqués de Portago, conocido como Alfonso de Portago, (que se mató en Las Mil Millas en 1957, una carrera de 1.600 kilómetros por las carreteras italianas) y en aquellas memorables ediciones de los grandes premios de Venezuela de mediados de los cincuenta; así como junto al máximo ídolo del deporte del motor venezolano, Johnny Cecotto, durante las primeras presentaciones del ex campeón mundial de motociclismo en la Fórmula Ford 1600 cc a comienzos de los ochenta. En la lista de pilotos a los que atendió Varona, están Mauricio Marcotulli, Julio Pola, Ettore Chimeri o Rodrigo Borges, entre otros, todos ellos a los mandos de Ferrari y Maserati. Aunque su primera parada en Hispanoamérica fue en Colombia, donde trabajó con la firma Mercedes Benz, Félix Varona sería reconocido durante mucho tiempo como el mecánico oficial de la casa de Ferrari en la región andina, con numerosos cursos de especialización realizados en Maranello. En su España natal, Félix Varona practicó motociclismo e incluso en Colombia llegó a conseguir victorias y hasta un campeonato a comienzos de los cincuenta. También obtuvo un segundo lugar como copiloto de Julio Pola en el denominado IV Gran Premio de Venezuela, conocido también como la Palmarejo- Caracas donde escoltaron con un Ferrari GT al francés Jean Behra, sobre un vehículo similar. Sus consejos los compartió con decenas de futuros mecánicos de carreras, y una de sus principales características fue que nunca sacó provecho de sus ilimitados conocimientos para hacer dinero, mostrándose muy decepcionado con la nueva generación que sólo busca el beneficio económico. De igual manera, hasta sus últimos días se mantuvo muy agudo y crítico en cuanto a la discreta situación deportiva por la que atraviesa el automovilismo deportivo venezolano al que siempre defendió. Como ser humano, Félix Varona fue una persona en extremo modesta, alejado de polémicas innecesarias, manteniendo siempre un trato excepcional con todo el ambiente de las carreras donde era querido y respetado como pocos. A pesar de su avanzada edad, Varona conducía su propio vehículo, manteniéndose extraordinariamente lúcido y activo y dedicándose a la construcción de autos de época. Le sobrevive su esposa Pepita. Washington Poyet Washington Poyet, considerado uno de los jugadores más destacados del baloncesto uruguayo y padre del ex futbolista internacional uruguayo Gustavo Poyet, ha fallecido en Montevideo a los 68 años. Poyet ganó seis títulos del torneo Federal o Liga uruguaya cinco con el Tabaré (1960, 1961, 1962, 1964 y 1968) y uno con el Peñarol, además jugó varios suramericanos y los Juegos Olímpicos de Tokio 1964 donde Uruguay ocupó el octavo lugar y en el Campeonato Suramericano de Perú 1963 fue el máximo goleador del torneo. Destacado por su temperamento y espíritu ganador, Poyet continuó ligado al baloncesto tras su retiro, principalmente al equipo del Tabaré, del cual fue ídolo. Su hijo Gustavo, recientemente retirado de los campos de fútbol, jugó en varios equipos de España e Inglaterra y en la selección uruguaya. tables muestras de condolencia. El funeral por su eterno descanso se oficiará el día 20 de junio, a las 20,00 horas, en la iglesia de Santa Mónica (calle Príncipe de Vergara, 87, Madrid) Manuel Luque Otero El Profesor de Medicina de la Universidad Complutense y Jefe de Servicio de Medicina Interna del Hospital Clínico San Carlos don Manuel Luque Otero ha fallecido en Madrid. Su esposa doña Piedad Martín Crespo y sus hijos reciben muchos testimonios de condolencia. Su funeral se celebrará el día 29 de junio, a las 19,00 horas, en la iglesia de San Juan de la Cruz (plaza san Juan de la Cruz, 2, Madrid) José Ramón Prieto Herrero Ha fallecido en Madrid, a los setenta y nueve años don José Ramón Prieto Herrero. Era doctor veterinario del Cuerpo Nacional y académico de número de la Real Academia de Ciencias Veterinarias. Su esposa, doña María Ángeles de la Viña recibe innumerables muestras de pesar. Su funeral se oficiará mañana, día 19, a las 19,00 horas, en la iglesia de San Juan Crisóstomo, calle Domenico Scarlatti, 2, Madrid. José Luis Ojeda Ruiz El coronel de Artillería, doctor ingeniero geógrafo y catedrático de la Escuela Técnica de I. T. T. don José Luis Ojeda Ruiz ha fallecido en Madrid. Su esposa doña Luisa Ruiz- Constantino y sus hijos reciben incon- FUENTES QUINTANA, HOMBRE DE HONOR En la madrugada del día 6 de junio ha fallecido en Madrid el profesor Enrique Fuentes Quintana, tras una enfermedad que había venido minando su proverbial vitalidad, su clara inteligencia y su rotundo castellano. Su memoria va a quedar siempre unida a episodios trascendentales de nuestra reciente historia económica, tales como su participación en el plan de estabilización y de apertura de la economía española al exterior, en el quicio de los decisivos años 50 y 60 del pasado siglo; su inspiración e impulso personal a los Pactos de la Moncloa en delicados momentos de la Transición, y tantos otros. En el ámbito académico se han recordado estos días también sus numerosos premios y distinciones, la última de éstas el pasado mes de enero al recibir el doctorado honoris causa por la Universidad Nacional de Educación a Distancia- -de cuya Facultad de Ciencias Económicas fue primer decano y en la que alcanzó la jubilación y el rango de catedrático emérito- en compañía del profesor Varela Parache y de su gran amigo, el profesor Velarde, quien ha glosado en estas mismas páginas de ABC la figura del maestro desaparecido. No cabe ignorar tampoco la importancia de su obra científica, así como su aliento a la tarea investigadora de sus discípulos. Mucho debe el pletórico estado actual de la ciencia económica en España, especialmente en el terreno de la Hacienda y la Economía pública, al impulso vigoroso (este adjetivo era característico en su vocabulario siempre incitante) de Fuentes Quintana, ejercido desde la dirección del Servicio de Estudios del Ministerio de Comercio, primero, y desde el Instituto de Estudios Fiscales y la Fundación para la Investigación Económica y Social de la CECA, después. Tampoco debe olvidarse la revitalización de la Real Academia de Ciencias Mo- rales y Políticas operada durante su presidencia y materializada en tantas actividades y publicaciones de esta Corporación. Fuentes fue, desde luego, un editor vocacional de lo propio y lo ajeno, exigente y oportuno en cuanto a los contenidos y de un gusto exquisito en lo formal, que siempre cuidaba personalmente. Pero todo esto es de sobra conocido. Tengo para mí, sin embargo, que la personalidad profunda y humana de Enrique Fuentes permanecerá ignorada para muchos de los que le trataron en su faceta puramente profesional, incluso para aquellos que lo hicieron con mayor asiduidad. He de reconocer que mi relación ordinaria con él, primero como alumno y después como profesor ayudante y adjunto en la Universidad Complutense y en la UNED, así como en las tareas del Instituto de Estudios Fiscales, me habría ocultado igualmente su auténtica contextura íntima. Ciertamente, su recio carácter palentino, su natural exigente, su propio gesto- -severo de ordinario- -y su voz tronante, evocaban a veces el Sturm und Drang teutónico en el sentido literal de estos términos: ímpetu y tempestad. Recuerdo que siendo es- tudiante, en la Facultad, un compañero de curso tarareaba siempre por lo bajo el celebérrimo tema de La Valkiria wagneriana, cuando sobre la tarima del aula aparecía puntual la imponente figura de don Enrique, las manos entrelazadas y ligeramente inclinado hacia adelante. Pero, andando el tiempo, pude comprobar que tras aquella recia fachada se ocultaba, en realidad, un espíritu mucho más sensible y próximo de lo esperado. Así ocurrió en alguna conversación personal, pero, sobre todo, con motivo de una oposición mía a una cátedra en la que me embarcaron, y que resultó fallida (cosas del oficio) Conocedor don Enrique del desenlace y de que, por lo visto, había hecho yo un buen papel como finalista frente a mi contrincante, me llamó con el propósito de entrevistarnos, felicitarme, reconfortarme y animarme. Sus consejos para el futuro fueron, por la calidez intimista de su expresión y por su intrínseca sabiduría, los de un auténtico maestro, que es lo que no dejó de ser nunca: trabajar esforzadamente, con rigor, sistemática y disciplina, sin arriesgar la salud, a la que no suele afectar una actividad ordenada, por intensa que ésta sea y, sobre todo, recuerdo una sugerencia enormemente dura y sorprendente: la clase con los alumnos no convenía fuese demasiado divertida para el profesor si ello ponía en riesgo cubrir la totalidad del contenido programado para la misma, de acuerdo con los criterios científicos y metodológicos convenientes He procurado seguir este último consejo, aunque reconozco haberme relajado un tanto en los últimos tiempos. Un año después de aquella larga entrevista, ganaba yo la cátedra a la que procuro servir por decisión de un tribunal que actuó bajo su presidencia. Recordaré siempre a Fuentes Quintana como un sabio, excelente y exigente profesor, vacunado contra el reduccionismo imperante en nuestra materia, quizá por su doble doctorado en Economía y en Derecho, y por su apasionada afición a la Historia. Si como decía Huizinga, el gran historiador holandés, honor significa lealtad al ideal que se ha propuesto uno a sí mismo no cabe duda de que don Enrique fue cabalmente un universitario y un español de honor. LEOPOLDO GONZALO Y GONZÁLEZ Catedrático de Hacienda Pública y Sistema Fiscal