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ABC LUNES 18 s 6 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA SALTEADORES DE ALCALDÍAS OMO cada cuatro años, el sábado se consumó en España el habitual asalto contra el sufragio universal, concelebrado a múltiples manos en la obscena ceremonia de un mercado negro. Los dirigentes de los aparatos políticos se repartieron el botín de alcaldías y delegaciones cuya rapiña habían planificado en los despachos, y luego se subieron muy contentos a los coches oficiales recién conquistados para celebrar en restaurantes de lujo el éxito de este pillaje de votos ajenos bendecido por la letra de la ley. No hubo excepciones: todas las IGNACIO fuerzas llamadas demoCAMACHO cráticas obtuvieron su parte en el saqueo. Y aún quedan las autonomías. Canarias, Baleares, Navarra y Cantabria son el próximo escenario de este chalaneo en el que los intermediarios de la voluntad popular, sin distinción de siglas ni teóricos principios, se pasan por el forro la expresión soberana del sufragio para entregarse a la especulación con las cuotas de poder. Luego lamentan al unísono los vicios del sistema que en absoluto tienen voluntad de cambiar; todavía el sábado, Chaves prometía reformar la ley electoral en Andalucía mientras le birlaba al PP todas las alcaldías que habían quedado a su alcance. Como el capitán Renault de Casablanca se escandalizan de descubrir un casino al tiempo que se embolsan las ganancias. Así hasta dentro de otros cuatro años, en que volverá esta infame molturación del criterio del pueblo en la almazara de los intereses particulares, de donde sale un aceite pringoso de fraude moral. Partidillos con dos o tres concejales han arramplado con más de una alcaldía, y formaciones con 25.000 votos se han quedado con un tercio del poder en alguna ciudad de 700.000 almas. Almas de cántaro que continúan consintiendo la timba de covachuela en que una casta de profesionales del engaño ha subvertido la dignidad de la política. Con este sistema pervertido, alcanzar un solo escaño municipal se puede convertir en una inversión estratégica, amortizable como un fondo de capital riesgo en los beneficios de cualquier gerencia de Urbanismo. Hay partidos que viven de asaltar cuotas clientelares en los pactos; en cada nueva elección pierden votos, pero crecen en influencia vendiéndolos al mejor postor en la subasta de alcaldes y presidentes de autonomías. A menos votos, más poder; se trata de una vergüenza tan evidente que no hay quien la defienda en público, pero nadie la va a cambiar mientras sepa que puede acabar beneficiándose de ella. En Sevilla, un candidato despojado del triunfo se dirigió al alcalde recién investido con un desplante de dignidad tan soberbia como inútil: Míreme: cada vez que lo haga verá al vencedor de las elecciones El otro le miró acariciando el bastón de mando que acababa de realquilar en una coalición de perdedores. En las próximas elecciones votaré al partido con más proyección a la baja: al menos mi voto entrará en la Bolsa de especulación de prebendas antes de que lo tiren directamente a la basura. C CLARA CAMPOAMOR N una carta dirigida al director que ABC publicaba hace un par de días, Luis Español Bouché, traductor de La révolution espagnole vue par une républicaine, hacía una defensa encendida de su autora, Clara Campoamor, promotora del sufragio femenino. Respondía así a otra carta publicada en la misma sección en la que se discutían los méritos de quien fuera elegida diputada por Madrid en 1931, en representación del Partido Radical de Alejandro Lerroux. Ya hemos valorado en algún artículo anterior la propuesta gubernativa, ahora refrendada por el Parlamento, que pretende incorporar la parida de la paridad a la numismática: se trata de una iniciativa desquiciada más propia de sexadores de pollos que de auténticos vindicadores de la mujer; pero ya sabemos que nuestros gobernantes entienden el ejercicio de la acción política como una exhibición, tan aspaventera y efectista como huera de sentido, ante la parroquia progre. Pero que juzguemos la paridad numismática una chorrada propia de tarados no debería constituir una disculpa para denigrar la valía de esta mujer ejemplar. Probablemente, Clara CamJUAN MANUEL poamor haya sido elegida por razones DE PRADA espurias, en un burdo intento de apropiación sectaria, por gentecilla que ignora sus vicisitudes biográficas, su testimonio y su pensamiento. Pero ese intento de simplificación del personaje no puede empujarnos a su execración. Como Rosa Díez nos recuerda en su imprescindible blog, algunos de los más enconados adversarios políticos de Clara Campoamor se contaban entre las filas de la izquierda (baste recordar que las otras dos mujeres que ocupaban escaño en el parlamento republicano, Victoria Kent y Margarita Nelken, votaron en contra del sufragio femenino) Clara Campoamor- -como nos recordaba Español Bouché en la susodicha carta- -es una figura señera de la tercera España la España de Madariaga y Ortega y Gasset, de Pérez de Ayala y Gregorio Marañón, españoles todos que brindaron su apoyo y su inteligencia a la República, antes de que és- E ta degenerase en una orgía revolucionaria. Convendría recordar que, como ellos, Clara Campoamor huye de Madrid escapando de la vesania de los milicianos que en los primeros meses de la contienda civil convirtieron Madrid en la capital del horror. En 1939, instalada en Buenos Aires, Clara Campoamor publicará Heroísmo criollo, en colaboración con Federico Fernández de Castillejo, otro miembro de esa admirable tercera España hombre de centro al servicio de la República (fue gobernador civil de Valencia y diputado por Córdoba) que, sin embargo, se vio obligado a pedir asilo en el torpedero Tucumán tras recibir reiteradas amenazas de muerte. En Heroísmo criollo, donde se exalta el papel desempeñado por la marina argentina en el salvamento de tantos asilados y fugitivos del Terror rojo, Clara Campoamor traza una descripción muy vívida del clima que se respiraba en la España republicana, ese paraíso democrático que ahora nos pretenden vender los descerebrados con mando en plaza: Criminales y ladrones libertados o escapados de las cárceles mataban y saqueaban a su antojo. Desaprensivos y ambiciosos se otorgaban a su voluntad grados, ocupaciones oficiales o cargos de autoridad. Exaltados constituían por sí mismos columnas bélicas que bautizaban con pintorescos nombres, y desarrollaban por su cuenta planes militares Y en el citado La revolución española vista por una republicana, Clara Campoamor nos propone un diagnóstico de una ecuanimidad admirable: La división, tan sencilla como falaz, hecha por el gobierno entre fascistas y demócratas, para estimular al pueblo, no se corresponde con la verdad. La heterogénea composición de los grupos que constituyen cada uno de los bandos demuestra que hay al menos tantos elementos liberales entre los alzados como antidemócratas en el bando gubernamental Clara Campoamor fue una mujer excepcional: republicana convencida, tuvo la grandeza de denunciar la degeneración de la República; que Franco cometiera la mezquindad de no permitirla regresar a su patria nos demuestra que era un botarate. Clara Campoamor es una figura señera de la tercera España que debería enorgullecernos a todos los españoles de buena voluntad.