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Sábado 16 de Junio de 2007 Editado por Diario ABC, S. L. Juan Ignacio Luca de Tena 7. 28027 Madrid. Teléfono: 913399000. Publicidad: 902334556. Suscripciones: 901334554. Atención al cliente: 902334555 Diario ABC, S. L. Madrid 2007. Prohibida la reproducción total o parcial sin el permiso previo y expreso de la sociedad editora. Número 33.421. Depósito Legal: M- 13- 58. Apartado de Correos 43, Madrid Precios de ABC en el extranjero. Alemania: 2,05 Bélgica: 2,00 Estados Unidos: 2,50 USD. Francia: 2,05 Irlanda: 2,10 Italia: 1,75 Holanda: 2,00 Portugal: 1,35 Reino Unido: 1,20 LE. Suiza: 3.40 CHF. Marruecos. 16 Dh. El racismo arde en Mississippi Nunca es tarde. A James Ford Seale, del Ku Klux Klan, le llega 40 años después la condena por el brutal asesinato de dos muchachos negros. Pero es la derrota final de una ignominia: la del racismo sureño en EE. UU. POR JOSÉ LUIS DE HARO ás de cuarenta años han sido necesarios para resolver uno de los casos que alimentó el fantasma del racismo en Estados Unidos. James Ford Seale, un ex alguacil de 71 años, ha sufrido en sus propias carnes el suplicio infringido a dos jóvenes negros allá por 1964 y, tras haberse escapado de la justicia durante décadas, finalmente ha sido condenado por uno de los asesinatos que hizo que se tambalearan los pilares de los Derechos Civiles en Estados Unidos. Hace exactamente cuarenta y tres años, Charles Eddie Moore y Henry Hezekiah Dee, dos chicos de color que apenas alcanzaban la veintena, buscaban a un conductor que les diera una vuelta, cuando Seale aprovechó para secuestrarlos y llevarlos hasta el Parque Nacional de Homochitto, al suroeste del descomunal río Mississippi. Allí, un grupo de integrantes del Ku Klux Klan (KKK) encabezados por un reconocido miembro y diácono, Charles Marcus Edwards, no dudó en someterlos a distintas vejaciones y abusos a punta de pistola. En medio de aquella orgía de ramazos, puñetazos y patadas, alguien decidió atar a ambas víctimas y lanzar sus cuerpos, todavía con vida, al agua. Los cadáveres fueron hallados meses después mientras las autoridades buscaban a otros tres jóvenes militantes de los derechos civiles, asesinados también por el KKK, cuyo caso inspiró el filme Mississippi en llamas Tanto Seale como Edwards fueron detenidos e interrogados, aunque los rumores de que negros musulmanes estaban planeando una insurrección armada en el condado levantaron una nube de polvo alrededor del caso que desembocó en la retirada de los cargos. DESDE MI BUHARDILLA Laura Campmany LIBERTAD SIN IRA ra una canción pegadiza, con su historia en voz baja de viejos pesimistas y su estribillo alegre, insaciable, impaciente. Era como un clamor que venía del pasado con un paso acolchado de rubor y desgana para pararse en seco, para girar de pronto hacia la libertad y hacia el presente. Se trataba de estar todos de nuevo sentados a una mesa recién aparejada donde cupiera un rey emocionado, Carrillo sin peluca, un Adolfo valiente, un Roca positivo, un Arzallus amargo, los fragores de Fraga, la pana de Felipe, aquellas gay- muchachas de melena encendida, y un color de banderas, y en la calle, la gente. Yo canté esa canción sabiendo lo que hacía. Primero con dulzura, como haciendo una pausa, y luego ya sin miedo- -la letra lo decía- pero también un poco avergonzada por esa prevención, esa cautela, ese ponerle un sin a la esperanza. No sé si es lo que Jarcha pretendía, pero aquella canción fue como el himno del centro reformista y democrático. Teníamos que votar, cada cual a los suyos. Íbamos a aceptar los resultados. Y no había otra salida: teníamos que poder mirarnos a la cara. Desde aquellas primeras elecciones, desde esa tempestad de papeletas, han transcurrido vidas, proyectos, golpes, trenes, treinta años de debate más o menos caliente y un pacto rubricado de concordia. Así que pasen miles, seguirá siendo cierto que donde sopla el odio, la libertad se apaga. ETA ya está de nuevo cargando sus fusiles, haciéndose preguntas que el viento no responde. Tienen varios comandos pisándonos el cuello. Son el último yugo, la última cadena, los últimos zarpazos de la ira. Y aquella libertad será mentira hasta que no volvamos a cantarla sin ellos. E M James Ford Seale, ayer a su salida de la Corte Federal, en Jackson, Mississippi Aún así, según documentos del FBI de la década de los 60, las autoridades abordaron a Seale con la advertencia de que sabían que él y otras personas habían matado a los dos muchachos. Seale dejó caer su participación en el suceso pero añadió que no iba a admitirlo y que las autoridades tendrían que probarlo Por si fuera poca la estratagema para eximirle de su cita con la Justicia, la familia de Seale mintió a la prensa durante años alegando que había muerto. Pero, en 2005, Thomas Moore y un direc- AP tor de documentales, el canadiense David Ridgen, acabaron con la leyenda y descubrieron a un Seale viejo y enfermo, que vivía a tan sólo unos kilómetros de donde ocurrió el secuestro. Ocho años después de que la Justicia reabriera el caso, los tribunales han declarado culpable a Seale, que recibirá su sentencia el próximo mes de agosto, mientras fuentes cercanas a la investigación aseguran que Edwards está cooperando con las autoridades y que, por eso, se ha librado de salir malparado ante los jueces.