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ABC SÁBADO 16 s 6 s 2007 Tribuna abierta OPINIÓN 7 Soledad Becerril Senadora por Sevilla Las elecciones generales se celebraron con libertad, con alegría, y con muchas incógnitas sobre el futuro. Y empezó la etapa parlamentaria que daría una Constitución y asentaría la democracia. Se hizo lo más difícil, lo que exigía acuerdos y actitudes que significaban renuncias, confianzas y también convicciones L 15 de junio de 1977 se celebraron elecciones generales. Las primeras después de un paréntesis muy largo en nuestra historia contemporánea. Estábamos en una Transición que ha dejado una huella profunda, de bien hacer, de inteligencia y generosidad de dirigentes políticos, y de un Rey que supo impulsar los grandes cambios necesarios en una nación que venía de un pasado próximo de revoluciones, cambios de régimen, guerra civil y dictadura, para llegar a la democracia. Muchos de los protagonistas de esta etapa ya no viven; otros están alejados de los foros públicos y de las fotos; el que fuera gran autor de la misma, Adolfo Suárez, está enfermo. Las fotos de la época nos traen los recuerdos, las nostalgias, los sentimientos, dulces por lo que al final fue y melancólicos por los que ya no están. Así se hace la historia. No existe una memoria común, no existe una memoria histórica. Cada uno guarda una parte de aquello en su memoria. Pero sí existe un balance, un resultado. HACE TREINTA AÑOS E se daban con lentitud: las amnistías para anteriores delitos políticos eran cortas, las decisiones para nuestra apertura hacia Europa no eran suficientes, la supresión de las instituciones y órganos del régimen anterior era demasiado cautelosa. Para otros, las decisiones que se tomaban significaban ruptura, producirían graves lesiones y no se sabía hacia dónde se marchaba. Así se hizo la Transición, con crímenes de ETA, con alto desempleo, con inflación galopante, con los nacionalistas reclamando sus derechos, con algunos militares añorando otros momentos y millones de españoles recordando la tragedia de la guerra civil, la tragedia de todos y la de cada uno. Y sin embargo se hizo. as elecciones generales se celebraron con libertad, con alegría, y con muchas incógnitas sobre el futuro. Y empezó la etapa parlamentaria que daría una Constitución y asentaría la democracia. Se hizo lo más difícil, lo que exigía acuerdos y actitudes que significaban renuncias, confianzas y también convicciones. o tenía poco más de treinta años por entonces. Participé en aquella Transición porque Joaquín Garrigues Walker, quien tanto aportó y tan poco pudo disfrutar de la misma pues murió en 1980, me animó a formar parte del L partido Demócrata y Liberal en el que defendíamos las libertades, la economía de mercado y el Estado de Derecho. Nos decían de derechas porque entonces gustaba aquello de proclamarse un poco más a la izquierda Al cabo del tiempo la izquierda modificaría sus posiciones, se olvidaría de la socialización de los medios de producción y de la autogestión, y cierta derecha se inclinaría por las libertades que son indivisibles, como decíamos los liberales. on el paso del tiempo han muerto amigos, se han ido quienes fueron mis compañeros y otros que fueron mis adversarios, y guardo reconocimiento a lo hecho por uno y por otros, y profunda gratitud a la persona de Adolfo Suárez porque esta democracia, que hoy recuerda aquellas elecciones, le debe mucho, y él no puede recibir las gratitudes. Pero no cabe duda de que la nación sí ha recibido un legado de bien hacer y de concordia que podría ser ejemplo para nuestra historia del presente y del futuro. C No cabe duda de que la nación sí ha recibido un legado de bien hacer y de concordia que podría ser ejemplo para nuestra historia del presente y del futuro Y l nombramiento de Adolfo Suárez, en julio de 1976, como presidente de Gobierno no levantó entusiasmos ni alegrías. Por el contrario levantó desconfianza, escepticismo, y hubo desdén hacia su persona. No era el gran hombre para el gran momento. Y sin embargo sí lo fue. El Rey acertó plenamente. Los dirigentes de aquellos partidos que se presentarían a las primeras elecciones, bajo la coalición de la Unión de Centro Democrático, no tenían experiencia en gobiernos democráticos y sin embargo supieron cómo comportarse y por qué normas regirse. Y los de los partidos históricos que venían del ostracismo y del exilio también entendieron lo que tenían que hacer y hasta dónde podían llegar. Y desde la oposición y desde el Gobierno, supieron cómo desmontar el régimen anterior, y construir otro nuevo, democrático, y un Estado de Derecho. Lo hicieron con prudencia y osadía, al mismo tiempo, con optimismo y sin venganzas, con lucidez y con la vista puesta en el futuro. Ahora, el resumen de aquellos años se puede hacer de forma rápida y lineal pero entonces los días eran eternos, los sobresaltos constantes. Para muchos, los pasos que se daban eran pequeños y E ÁNGEL CÓRDOBA