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ABC VIERNES 15- -6- -2007 VIERNES DE ESTRENO abc. hoycinema. com 89 Woody Allen recibe la felicitación del rector de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, Josep Joan Moreso, tras su nombramiento YOLANDA CARDO Woody Allen, de paciente a doctor Paró durante unas horas el torbellino de la preparación de su rodaje barcelonés para ser investido Doctor Honoris Causa por la Universidad Pompeu Fabra. El director norteamericano hizo un sencillo, improvisado y casi cálido discurso de aceptación E. RODRÍGUEZ MARCHANTE BARCELONA. Si alguien fue a la ceremonia para ver a Woody Allen con el birrete de doctor, se quedó con las ganas. Ni birrete, ni birretina. Woody Allen fue investido doctor honoris causa por la Pompeu, pero sin pompa ni circunstancia. Una ceremonia sencilla, con un elogio largo y de corte shakespeariano gracias al acento del profesor Antonio Monegal, que usó el idioma del doctorando. Woody Allen fue recibido por un auditorio lleno, rebosante, y puesto en pie. El rector de la Universidad Pompeu Fabra, Josep Joan Moreso, abrió el acto; el vicerector Tomàs de Montagut leyó el acta; el padrino, doctor Domènec Font, acompañó al protagonista junto a los acordes de Two deuces de Louis Armstrong... Aquello parecía que tomaba mejor cariz que en la anterior ocasión en que Woody Allen (en el papel de Harry Block, el escritor de Desmontando a Harry recibía el homenaje de una universidad. Si recuerdan la película, Woody Allen, ante el temor de ir solo al homenaje, raptó a su propio hijo y se hizo acompañar por él, una prostituta negra y el cadáver de su mejor amigo. Ayer, en Barcelona, al menos aparentemente, no se dio tan surrealista circunstancia. Durante el elogio en inglés del profesor Antonio Monegal, que hizo un repaso exhaustivo de sus cualidades y de su filmografía, el cineasta se mantuvo prácticamente todo el tiempo en su postura favorita: mirando al suelo. Algo hay en la tierra firme que atrae misteriosamente a Woody Allen, pues no es fácil arrancarle de allí la mirada cuando está ante los demás y se habla de él. Ni un guiño provocador de Monegal le sacó una mueca: cuando hizo referencia a que quizá Woody Allen no era el mejor ejemplo para los estudiantes de la Pompeu, pues representa a alguien que alcanza los mayores éxitos y honores sin tener un título universitario. Dobló esa esquina al decir que la Universidad ha de ser también una institución dedicada al conocimiento, y el señor Allen nos ha permitido ampliar los nuestros acerca del mundo A estas palabras siguieron las notas otra vez de Louis Armstrong Wild man blues que animaron ligeramente a Woody Allen la cara de mango de paraguas que tenía. Se le impuso (a la fuerza casi, en efecto) la medalla, el diploma y demás, se le dieron besos, abrazos y aplausos, se le permitió mostrarle sus honores a la concurrencia y se le invitó a que subiera a la palestra y dijera algo. Y le tocó, pues, el turno de palabra al Doctor Allen. Miró discreto y tímido al micro. Ni rastro de papeles ni notas en las manos y el atril. Con la cara ya de alguno de sus personajes, Woody Allen se lanzó a un discurso tan improvisado como sabido sobre él mismo, su infancia y juventud cinéfila, su admiración por los directores europeos (mencionó a los de siempre: Fellini, Bergman... pero también a De Sica) y contó que, realmente, intentó lo de la Universidad; concretamente emprendió estudios universitarios de cinematografía, pero que no sólo le suspendieron, sino que además le recomendaron que lo dejase. Sobre su inoperancia en los estudios añadió una perla: Incluso estudié dos años de espaPasa a la página siguiente Investido doctor, y con la cara ya de alguno de sus personajes, Woody Allen se lanzó a un discurso tan improvisado como sabido sobre él mismo, su infancia y juventud cinéfila Blues de Armstrong