Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC VIERNES 15 s 6 s 2007 INTERNACIONAL 43 Waldheim, en el centro, en el Congreso Mundial Judío de 1943 AP Una de las últimas fotografías del ex presidente austriaco y ex secretario general de la ONU EPA Muere Kurt Waldheim, bajo la sombra de su pasado nazi El ex secretario de la ONU y ex presidente de Austria fue acusado de deportar a judíos durante la II Guerra Mundial ANTONIO SÁNCHEZ SOLÍS CORRESPONSAL VIENA. La bandera austriaca ondeaba ayer a media asta en el Hofburg vienés, sede de la Presidencia de la República. Una señal de duelo por la muerte de Kurt Waldheim, que fue secretario general de Naciones Unidas entre 1972 y 1981 y presidente de Austria de 1986 a 1992. La muerte del dignatario, que tenía 88 años, se produjo en su domicilio vienés a causa de un paro cardíaco tras haber estado ingresado por una infección. Pero las manifestaciones de duelo y el luto oficial no pueden hacer olvidar que quien fue cuarto secretario general de la ONU fue acusado de haber participado en crímenes durante la II Guerra Mundial. La polémica saltó durante la campaña para las presidenciales de 1986, cuando el semanario Profil publicó documentos que sugerían que Waldheim había sido miembro de las SA, la fuerza paramilitar del partido nazi antes de la guerra. Durante el conflicto, el ex presidente sirvió como soldado de la Wehrmacht en los Balcanes entre 1942 y 1945 y durante meses estuvo estacionado a pocos kilómetros de Tesalónica, desde donde miles de judíos griegos fueron deportados. Gran parte de su servicio fue bajo las órdenes del general Alexander Lohr, condenado por crímenes de guerra y ejecutado en 1947. El Congreso Mundial Judío lo acusó de haber participado en el envío de 40.000 judíos a campos de exterminio. Pese a las acusaciones, Waldheim ganó las elecciones como candidato del conservador Partido Popular y aguantó las críticas y la presión internacional manteniéndose en el cargo hasta 1992. Su mandato estuvo marcado por el aislamiento. Estados Unidos le declaró persona non grata, muchos países le negaron permiso de entrada y sus únicas visitas oficiales fueron al Vaticano y a varios países árabes. Aunque siempre negó haber estado al tanto de asesinatos colectivos o de la deportación de judíos, su argumento de que durante la guerra sólo cumplió con su deber azuzó la polémica y despertó el debate sobre el pasado nazi de Austria, que siempre se había reivindicado más como víctima que como colaboradora. El propio Waldheim se preciaba de haber propiciado un acercamiento de la sociedad austriaca a su propio pasado aunque al precio de haberle dañado personalmente Hermann EL MIEDO A SÍ MISMO Su caso nunca ha estado claro. Desde el Centro Simon Wiesenthal de Israel se reconoce que Waldheim ha muerto dejando un interrogante En 1988, una comisión de historiadores concluyó que el ex presidente no fue un criminal de guerra, aunque sí una persona muy bien informada y cercana a acciones criminales Ayer, las reacciones de los políticos austriacos fueron desde las profundas condolencias del presidente Heinz Fischer a la encendida defensa de Wolfgang Schüssel, ex canciller y dirigente del PP austriaco que aseguró que el país había perdido a un gran luchador por la paz El ultraderechista Hans Christian Strache aseguró que Waldheim había sido objeto de una sucia campaña Desde la ONU, un escueto comunicado expresaba su tristeza por el deceso de Waldheim y reconocía que sirvió a la ONU en un momento crucial de su historia. Un caso con interrogantes L ABC. es Más información de la muerte de Kurt Waldheim en abc. es internacional a última vez lo vi hará dos años. Paseaba lento su elegantísimo porte, todo junco tanto tiempo, quebrado pero en lucha por ir erguido. Caminaba solo junto al museo de la Albertina, de espaldas a la ópera y al Hotel Sacher, hacia su casa muy cerca de la gran iglesia de los Agustinos, del Palacio Imperial y también de la Cripta de los Capuchinos, en la que los Habsburgo yacientes se topan con el espíritu de Joseph Roth. Vivía en la hectárea deoro delaciudad deViena. Para su fortuna y su desgracia, Waldheim, que ayer murió en Viena a los 88 años, siemprevivióenelepicentro de la historia de Austria y de la tragedia centroeuropea. Para quienes le conocían, compañeros ya muertos que sabían de su ambición desmesurada, no fueron una sorpresa los bloqueos mentales de Waldheim ante la verdad, esos quiebros que lo hacían parecer siempre más culpable e implicado en crímenes de lo que era y estaba. Gran ayuda fueron en su día dos grandes austriacos, Bruno Kreisky y Erich Bielka, para quien había sido fastuoso y celebrado secretario general de la ONU nada menos que nueve años, más que nadie desde su partida. Cuando Waldheim acudió a Nueva York como enviado de la nueva Austria que recuperaba la soberanía, perdida ya en 1938 en el Anschluss a nadie se le ocurrió husmear en el pasado de este brillante diplomático. Años después de dejar la ONU, como candidato a la presidencia de la República, surgió lo que podía haberse sabido antes sin esfuerzo. Fue un hombre de su generación, nacido en el año en que se hunde el imperio. Que sus nuevas esperanzas surgieran con la anexión a Alemania y el desfile triunfal de Hitler por Viena cuando tenía veinte años, es explicable. Que hiciera tanto mérito para unirse al teniente general Alexander Löhr, jefe del Grupo del Ejército E en los Balcanes, responsable de inmensas salvajadas como la deportación de los judíos de Salónica bajo Eichmann, es lamentable. Pero su gran pecado fue su bancarrota moral al enfrentarse a su pasado. Sus silencios habrían pronto de considerarse mentiras. Y crecieron. Los ataques del exterior en una campaña con tantas injusticias y exageraciones como ayudas de un Waldheim acorralado hicieron un daño inmenso a Austria, sólo superado por la hipócrita campaña de la UE contra unas tendencias ultraderechistas que toleraban y toleran en todas partes. Waldheim ganó las elecciones por el sentimiento de humillación de sus compatriotas. Ahora, desaparececuandonadie se acordaba de él, una figura de personalidad nula por adocenada, pero significación profunda para destinos, afanes y tristezas de la Europa del siglo XX.