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40 INTERNACIONAL VIERNES 15 s 6 s 2007 ABC Los talibanes nunca se rinden Cuando saben que llegamos, entonces se van, por eso es tan difícil atraparlos, pero es evidente que tienen cada vez menos fuerza Normalmente nunca se rinden. Si no pueden huir, combaten hasta el final POR ENRIQUE SERBETO ENVIADO ESPECIAL GERESHK (AFGANISTÁN) El valle de Sanyin, en la provincia de Helmand, es uno de los últimos reductos de los talibanes. En las feraces orillas del río que da nombre a la provincia y cuyas aguas acaban desapareciendo en un desierto implacable que lo rodea, los insurgentes han encontrado un área para seguir moviéndose, cada vez más acorralados por el nuevo ejército afgano y las fuerzas de la OTAN. En esta zona verde como la han bautizado los militares británicos que están aquí, es frecuente que se produzcan pequeños combates. Cuando saben que llegamos, entonces se van, por eso es tan difícil atraparlos, pero es evidente que tienen cada vez menos fuerza cuenta el teniente Aarón Brown, que con apenas 28 años tiene ya una intensa experiencia de combate con los talibanes, desde que llegó aquí en abril con su pelotón. Normalmente nunca se rinden. Si no pueden huir, entonces combaten hasta el final dice, para dejar claro que no son adversarios a los que se pueda menospreciar. El que piense que son una banda de gente armada que pelea de cualquier manera se equivocan. Tienen una auténtica estructura de mando, tienen grupos de cuatro o de ocho y actúan coordinados Por eso, uno de los principales objetivos de las fuerzas aliadas es romper esa cadena de mando. Desde el mes de abril, los británicos creen que han eliminado a unos 300. Ellos, en cambio, han perdido un solo soldado, hace dos semanas, en una emboscada. Es evidente que las situación no está controlada del todo. Los británicos están fortificados en una base situada en medio del desierto y aún quedan insurgentes moviéndose de un lado a otro. Para los mandos de la OTAN aquí, lo más importante es comprobar que los talibanes han perdido capacidad de reclutamiento en la zona, predominantemente pahstun, pero aparentemente comprometida con la reconstrucción del país. Para los afganos, extranjero es cualquiera que no sea de esta región, incluyendo los representantes del Gobierno de Kabul, así que el concepto de combatiente extranjero entre los talibanes es bastante amplio. Los británicos dicen que no han visto todavía guerrilleros de otros países, aunque no lo descartan. El armamento que usan es el habitual en este entorno, fusiles kalashnikov y lanzagranadas RPG- 7, con uno de los cuales han logrado derribar hace unos días un helicóptero en el norte de esta provincia. Como en el resto de Afganistán, a medida que se les acorrala militarmente, los talibanes pasan a los ataques terroristas. Ayer mismo, por la mañana uno de ellos se suicidó con un coche bomba en un control de la policía afgana sin causar más que unos pocos heridos entre la población civil, a menos de trescientos metros de un cuartel del ejército afgano en Gereshk. Esta región ya era vital para la economía afgana en tiempos de los soviéticos. Los británicos están tratando de hacer operativa una carretera que está minada desde entonces, para impedir los ataques de los muyahidines a la presa de Kayaky. La reconstrucción de estas instalaciones es ahora uno de los grandes proyectos para las fuerzas occidentales en Afganistán. Hay unos 150 millones de euros esperando para instalar las turbinas que faltan y que deberán suministrar energía para toda la provincia. Los talibanes lo saben y por ello están aquí disparando los que tal vez sean sus últimos cartuchos. Situación no controlada Región vital