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ABC HOMENAJE A LA TRANSICIÓN EN EL XXX ANIVERSARIO DE LAS ELECCIONES DE 1977 ANÁLISIS VIERNES 15 s 6 s 2007 ESPAÑA 21 Redondo: sindicalismo y sociedad abierta El sindicalista Nicolás Redondo Urbieta, tanto desde el punto de vista político como sindical, representa muy bien la aportación de una determinada izquierda a la oportunidad que se abría en España tras la muerte de Franco no son en el caso de Nicolás Redondo un impedimento, sino lo contrario, para la cooperación entusiasta en la consolidación de una sociedad abierta y democrática. Jamás ha presentado sus planteamientos políticos como la única opción dogmática, sino como una contribución al debate y a la conversación política que da forma a la sociedad abierta. Por ello, sin duda, la contribución esencial de los sindicatos españoles, y de la UGT en concreto, a las líneas maestras de la Transición y, en ese contexto, la moderación con que se planteó hace treinta años la acción sindical en un país que tenía que mudar su status constitucional en circunstancias de grave crisis económica. Cada cual puede juzgar los episodios concretos del modo que considere conveniente, pero, a estas alturas, no parece quedar espacio para la duda de esta cooperación general que se reprodujo, por cierto, con los Gobiernos del PP. Se trata, en el fondo, de una izquierda clásica que enmarca sus reivindicaciones en un escenario en el que se trata de establecer y después consolidar el sistema democrático de libertades. Cada derecho se entiende como el de todos los ciudadanos y no de la parte que se representa. Cada propuesta política o económica tiene más en cuenta ser razonable que salirse con la suya y, así, Redondo contaba en 1985 los esfuerzos para convencer a los trabajadores de la necesidad de la reconversión industrial (y sus sacrificios) o el reconocimiento, en 1992, de que los controles al mercado que reclamaba y su oposición al liberalismo económico no empañaban la constatación de que no hay libertad sin mercado Treinta años después de las primeras elecciones democráticas, la sociedad abierta sigue siendo, de algún modo, una asignatura pendiente, quizá- -en el azaroso debate político del momento- -el conveniente objeto de la Segunda Transición con la que se especula. Pero el veterano sindicalista, desde la izquierda, la personifica muy bien y por ello es significativa la coincidencia de los homenajes y celebraciones. Al fin y al cabo, la sociedad abierta es aquella en la que las interpretaciones no son obligadas y las posiciones políticas están siempre sometidas al cedazo de la falibilidad, es decir, se contrastan con el debate y los hechos, no con doctrinas preestablecidas impuestas por la tradición o el dogma. El repaso de la biografía y los documentos de Nicolás Redondo da buena cuenta tanto de su coherencia como de los sacrificios que la misma impone (desde la cárcel a las indignas maniobras de descrédito) Pero si, tras ochenta años de aventura, es el ejemplo de sindicalismo de los sindicalistas o el de una izquierda razonable y razonada para los izquierdistas, es también el gran defensor de la ciudadanía para todos los ciudadanos. Y de la libertad. Baste como muestra su actitud ante el nacionalismo y el terror en el País Vasco, una batalla política y personal presidida por la idea, como dijera a sus compañeros de UGT en 1981 tras el asesinato por ETA del ingeniero Ryan, de que las muertes no eran un accidente de otros empeños, sino la consecuencia lógica del totalitarismo violento que constituye la entraña de la banda terrorista. Germán Yanke simo aniversario de las elecciones de 1977- -y con ella de la Transición y su significado- -coincide con el ochenta aniversario del nacimiento del sindicalista Nicolás Redondo Urbieta, homenajeado estos días por la UGT y la Fundación Largo Caballero. Es una feliz coincidencia porque Redondo, tanto desde el punto de vista político como sindical, representa muy bien la aportación de una determinada izquierda a la oportunidad que se abría en España tras la muerte de Franco. Rompe, desde luego, el tópico- -que ahora enarbolan algunos- -de que una suerte de consenso básico con la derecha sólo puede establecerse desde una izquierda claudicante, como si el proyecto común de una sociedad implicara la imposición, aunque fuese avalada por las urnas, de un determinado programa ideológico. Redondo, desde luego, no ha sido nunca, ni en la actividad política ni en la sindical, un claudicante. El reconocimiento del desmoronamiento del socialismo real -en el que nunca estuvo- -y sus consecuencias, no le ha impedido mantener una posición crítica ante lo que intencionadamente llama capitalismo real que, desde su punto de vista, precisa, para impedir las desigualdades y los monopolios, controles y límites a la pura y dura lógica del mercado En sus intervenciones y conferencias (muchas de ellas recogidas en libro en 2002) ese planteamiento y las reivindicaciones sindicales son constantes, incluso- -como se sabe- -ante el propio Gobierno de Felipe González. Incluso con el abandono de su escaño en el Congreso y las huelgas generales convocadas junto a Comisiones Obreras. Pero una ideología y una práctica política de izquierdas Laconmemoracióndeltrigé- Nicolás Redondo VICENTE VICENS Treinta años después de las primeras elecciones, la sociedad abierta sigue siendo asignatura pendiente