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24 ESPAÑA Triple crimen de Burgos s El príncipe destronado JUEVES 14 s 6 s 2007 ABC La huella más clara de la zapatilla estaba estampada en la puerta del dormitorio del hijo menor Rastros de sangre en la vivienda Dormitorio del niño Salón No se encontraron huellas dactilares, lo que indica que el asesino actuó con guantes Ascensor Hijo 32 puñaladas Padre 50 puñaladas No se encontró sangre ni en la escalera ni en el ascensor Cuchillo o machete de 12 cm de hoja Madre 17 puñaladas Dormitorio del hijo mayor Cocina (Viene de la página anterior) Pero el chico dijo más cosas. Por ejemplo, que esa medianoche vio al sacerdote con un ex alumno que trabaja como jardinero. Uno y otro fueron interrogados y ambos coincidieron en situar esa conversación a las diez y media. También se comprobó que de madrugada es casi imposible que estudiantes y religiosos se despierten por un ruido de coche: la Policía entró con un 4 x 4 y en segunda, y no se encendió una sola luz. Rodrigo fue más lejos. Sugirió a la Policía que quizá el sacerdote guardara lo que robó en el piso en una casa de un pequeño pueblo de la provincia. Los investigadores le pidieron que les dijera dónde estaba, pero éste dijo que mejor es ir dentro de una semana Los agentes, naturalmente, volvieron a la carga pasado esos días. La respuesta del chico fue entonces que no podían entrar porque desde hacía poco tiempo vivía allí un hermano del religioso. La Policía comprobó que era cierto pero... ¿cómo podía saberlo? ¿Estuvo allí? ¿Para qué? Y sobre todo parecía claro que el muchacho buscaba soluciones a cada nuevo interrogante que se le planteaba, en ocasiones adelantándose a la propia investigación. Con todos los indicios, la Fiscalía de Menores- -se le aplica la Ley del Menor pues el día del crimen tenía 16 años- -ordenó detenerle. Ante la Policía se negó a declarar. Sin duda, no le gustan sus preguntas. El príncipe destronado ¿Para qué sirve un hermano? debió de preguntarse Rodrigo Barrio a los cuatro años, sin hallar respuestas. Por esa época nació el suyo, Álvaro, quien se convirtió para él en el mayor enemigo. No es nada nuevo. Delibes ya lo relató de forma magistral POR C. MORCILLO P. MUÑOZ MADRID. La historia de rivalidad fraternal es tan antigua como la del hombre. Álvaro nació antes de tiempo, casi dos meses, así que sus padres Salvador y Julia se volcaron con la criatura, primero en el hospital, donde pasó varios meses, y más tarde en su casa. Rodrigo, con una personalidad que ya apuntaba maneras, se sintió desplazado, abandonado, y se rebeló desde el primer día contra una imposición, la de uno más en casa, que detestaba. Pasaron los años y, según los testimonios de allegados, el arrebato de Rodrigo no se diluyó: los celos de infante fueron dando paso a un carácter reservado, reconcentrado en sí mismo. Pronto surgieron los primeros problemas escolares. La familia vivía en Burgos capital, con una posición desahogada pero sin hacer ningún alarde, más bien al contrario. Mientras los niños crecían pasaban mucho tiempo en el campo, repartidos entre el pueblo natal del padre, una pequeña pedanía de la provincia, llamada La Parte de Bureba, y el de la madre, criada en Queirugas, una parroquia de la orensana Verín, que ella adoraba. Rodrigo era un crío inteligente y despierto, pero su capacidad no revertía en rendimientos. Salvador y Julia querían un buen futuro para sus hijos, con estudios; el mayor no respondía. Los enfrentamientos empezaron pronto y fueron subiendo grados. Hay quien dice que Rodrigo trataba a su madre con auténtico desprecio, que la insultaba- -sobre todo si no estaba el padre- -y que incluso le había levantado la mano o al menos amenazado con hacerlo... Las desavenencias y los disgustos se fueron instalando en la casa de la familia, engordando a medida que los niños crecían y Rodrigo, con capacidad, tensaba la cuerda, por arriba con sus padres y por abajo con su hermano. No se le conocen grandes amigos; tampoco grandes ni pequeñas confidencias y sí muchas horas entre las paredes de su habitación. El hermetismo del niño, no obstante, no era un síntoma preocupante en una familia austera- la casa era espartana aseguran quienes la han visto- poco dada a la vida de puertas afuera y a los devaneos. Julia, acostumbrada a vivir en una familia de ocho hermanos, tampoco era proclive a las amigas ni a las salidas ni a los gastos superfluos: alguna joya, alguna ropa de ocasión y un par de visitas anuales a la peluquería para retocar el corte. Su única pasión, conocida después, era la casa que se habían hecho cerca de Verín, con magnífico gusto. Rodrigo ha continuado esa pasión y pasa muchas horas en ella. Antes de todo eso, amaneció un día que cambiaría la vida de la familia: el que se decidió que Rodrigo estudiaría interno en un colegio, el de los Hermanos Gabrielistas. Fuera de casa, y fuera de la ciudad. Tenía que dar un giro en los estudios y tenía que cambiar su comportamiento, cada vez más oblicuo. El niño no debió de acoger la decisión con ningún entusiasmo; mucho más porque su hermano Álvaro se quedaba en casa. Soy diferente debía de pensar en sus horas de soledad, y acabó comportándose más que diferente, como un psicópata de manual movido por unos celos enfermizos y asesinos. Terminó con todo y apareció en las fechas posteriores al crimen sin grandes aspavientos, desgarbado y con un punto de chulería, sin fingir dolor ni manifestarlo. Se trasladó a Verín con una de sus tías sin esforzarse casi nada en dejar de ser diferente Ya no había de quien estar encelado, pero sí motivos para seguir siendo hosco, reconcentrado y desafiante. Rechazó ayuda psicológica en su día y ha continuado haciéndolo hasta que mes a mes, semana a semana, día a día, ha percibido cómo lo cercaba la Policía, cómo caían sobre él como perros de presa. Entonces ha pedido tranquilizantes, entonces ha jurado que lo estaba pasando muy mal, ha vuelto a mentir, a ir a clase- -estudia un módulo de iniciación a la delineación en la Universidad laboral- -sin dar ni golpe, a encerrarse en la casa de Verín sin que nadie pudiera franquear la puerta, escondido con su secreto. El príncipe recuperó su corona, pero quizá no por mucho tiempo. Los investigadores, mientras, leen a Delibes y se asombran por las similitudes. Todo está en los libros. Una casa espartana Mejor dentro de una semana Sólo cuando la Policía estrechó el cerco se mostró vulnerable y comenzó a consumir tranquilizantes ABC Fernando Rubio Elena Segura La huella de una deportiva ensangrentada fue una de las pistas seguidas por los investigadores Dormitorio de los padres