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ABC JUEVES 14- -6- -2007 Triple crimen de Burgos s El príncipe destronado ESPAÑA 23 Los investigadores veían con sorpresa cómo el joven intentaba adelantarse a cada uno de sus pasos FÉLIX ORDÓÑEZ Rodrigo siempre se había mostrado muy tranquilo desde el crimen. Incluso llamativamente tranquilo, dado el trauma que provoca en cualquier persona un suceso tan terrible. El día que se descubrió le fueron a buscar a su colegio; no derramó ni una lágrima. Uno de los sacerdotes de los Hermanos Gabrielistas pidió a la psicóloga del centro que lo acompañara hasta Burgos con la Policía para evitar que se derrumbase. Antes, por indicación del religioso, se cambió de ropa pues, según su testimonio, tenía algunas manchas. En el coche, a la facultativa le llamó la atención que el chico se había cortado las uñas muy recientemente y creyó ver una pequeña mancha rojiza en una mano... Al llegar a Burgos el joven mantuvo la misma actitud. El juez pidió a la Policía que lo viera un psiquiatra forense, que comprobó que Rodrigo estaba muy lejos de sufrir una crisis de ansiedad. Pasado el tiempo, psicóloga y psiquiatra, que no se conocían, coincidieron en un congreso. Por casualidad comenzaron a charlar y salió a relucir el caso. Ambos coincidieron en que les había llamado la atención, por insólita, la actitud del muchacho. Uno de los quebraderos de cabeza de la Policía era averiguar cómo pudo llegar Rodrigo a su casa la madrugada del crimen, si es que realmente lo hizo. Había sido visto en su colegio a las diez de la noche anterior, domingo, cuando llegó tras pasar el último fin de semana con su familia. El propio sospechoso aportó una versión verosímil, curiosamente cuando intentaba implicar en el crimen al religioso. Pudo ir en coche- -dijo- de madrugada. Yo sé que las llaves de los automóviles de la comunidad están en el vestíbulo, dentro de una caja de puros que nadie vigila Rodrigo, a pesar de su edad, sabía conducir perfectamente. La salida del edificio también era sencilla, pues su habitación, en la planta baja, tenía ventana. Y tampoco le habría supuesto un problema llegar antes de las ocho y media de la mañana, cuando fue visto de nuevo para ir a desayunar. (pasa a la página siguiente)