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8 OPINIÓN Tribuna abierta JUEVES 14 s 6 s 2007 ABC Carmen Álvarez- Arenas Cisneros Diputada en la Asamblea de Madrid MEMORIA HISTÓRICA AÑANA se cumplen treinta años de las primeraselecciones democráticas celebradas en España tras la muerte del general Franco. De hecho, todavía hoy, en algunos lugares de nuestra Patria, la democracia se resiste a ser la norma habitual para todos. Me refiero al País Vasco, naturalmente, donde las coacciones, los insultos y las amenazas son el pan de cada día para los candidatos de partidos que defienden la Constitución y que llegan, incluso, a pie de urna, como hemos podido ver el pasado 27 de mayo. El 15- J de 1977 fue algo más que unos comicios para elegir a nuestros representantes en el Congreso y en el Senado. Aquel lejano día- -y tan cercano en nuestros corazones- -elegimos a los que redactaron y aprobaron la Constitución que más y mejores tiempos ha deparado a España en toda su historia. También dieron el cerrojazo definitivo a una historia repleta de golpes de Estado, de revoluciones, de tejer y destejer nuestra historia a base de levantamientos militares o populares, lo que constituyó un freno, cuando no un atraso de años, para los españoles respecto a los países europeos. TREINTA AÑOS PARA LA M La historia tiene que servir para potenciar lo positivo y aprender de los errores para no repetirlos. Es necesario recuperar todos esos valores que ahora recordamos al conmemorar 30 años de aquellas primeras elecciones democráticas del 15 de junio de 1977 ÁNGEL CÓRDOBA nistía. Ley de Amnistía que hizo borrón y cuenta nueva de delitos pasados, muchos de ellos relacionados con atentados terroristas contra las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y las propias Fuerzas Armadas. Con ello se pensaba que podía ser el punto y final del terrorismo. Pero el terrorismo y sus atláteres son insaciables, y sólo cesarán cuando consigan sus últimos objetivos sin renunciar a ninguno y que siguen siendo los mismos que los planteados en la alternativa KAS desde el nacimiento de ETA. Por otra parte, se acaban de cumplir 30 años, en noviembre pasado, de la aprobación de la Ley para la Reforma Política, que supuso el acto de generosidad personal y política más desinteresado de la historia reciente. Por primera vez en España, un parlamento se disolvió porque creyó que era su deber. Así de simple, y así de grandioso. Desde las Cortes de Cádiz, nacimiento del parlamentarismo español, nunca se había dado el caso de una autodisolución pacífica. por último, la necesaria y difícil apuesta del Gobierno de Adolfo Suárez por completar la transición con la incorporación a la vida democrática del Partido Comunista. Para ello, se efectuó la detención de Santiago Carrillo, que se produjo con más carga política que jurídica, lo que propició que el dirigente comunista empezara el año 1977 en libertad y en España. Igualmente, se legalizó el PC el Sábado Santo, 9 de abril del 77, sobre el que mucho se ha hablado y escrito y que se materializó con la aceptación por los Ejércitos una vez más por disciplina, lealtad y obediencia a la Corona, pese a que el Gobierno no supo gestionar este importante episodio de la transición por su desconfianza, injustificada, en los militares. Fueron unos años de alta política, de grandes políticos y de enorme complicidad con la sociedad española. La transición fue un ejemplo donde se deben mirar paisanos y militares; políticos y periodistas; jueces y legisladores; empresarios y trabajadores; hombres y mujeres. España ha progresado como nunca en su historia fruto de aquellos años y de acuerdos, consensos y altura de miras que no dejaron de suponer renuncias muy duras por todas las partes. Todos estábamos decididos a mirar al futuro en positivo porque todos éramos conscientes de los errores trágicos del pasado. Nadie propuso abrir ninguna tumba. La historia tiene que servir para potenciar lo positivo y aprender de los errores para no repetirlos. Es necesario recuperar todos esos valores que ahora recordamos al conmemorar 30 años de aquellas primeras elecciones democráticas del 15 de junio de 1977. D urante siglos, la Corona, la Iglesia y los Ejércitos fueron las tres columnas que conformaron y sostuvieron el cuerpo y el alma de España. Las tres instituciones a la vez, indisolublemente unidas; no una, ni dos, sino las tres a la vez, dándose la mano, apoyándose y formando un solo corpus. A estos tres pilares básicos se unió otro a comienzos del siglo diecinueve, que fue la voluntad del pueblo, expresada por sus representantes en una Constitución, la Pepa. Sucedió en Cádiz, en 1812, mientras España estaba invadida por el Ejército francés. Así se entienden claramente las palabras del prócer Agustín Argüelles- -el Divino- -al presentar al pueblo el texto constitucional el día de San José, por lo que el gracejo de los gaditanos la bautizó como la Pepa. Argüelles se dejó llevar por la solemnidad y la euforia del momento y exclamó: ¡Españoles, ya tenéis Patria! Desde entonces se residenció la soberanía en el conjunto del pueblo español y así se recogió por las Cortes nacidas el 15 de junio de 1977 en la Constitución que redactaron y aprobaron y que fue refrendada por los ciudadanos el 6 de diciembre de 1978. Perollegaraesemomentohis- tórico no fue un camino de rosas. Desdeaquelveranode 1969, cuando Franco nombró sucesor a títulodeRey alpríncipe Juan Carlos, todo empezó a moverse. Primero en las mentes de los que estaban en los aledaños del Poder; después enelPueblo. Aquellamadrugada del 20 de noviembre de 1975, cuando Francisco Franco descansó de su larga e innecesaria agonía, lo primero que supimos los españoles fue que el jefe del Estado había dejado un testamento político, que entre otras cosas decía: Por el amor que siento por nuestra Patria, os pido que perseveréis en la unidad y en la paz y que rodeéis al futuro rey de España, Don Juan Carlos de Borbón, del mismo afecto y lealtad que a mí me habéis prestado, y le prestéis, en todo momento, el mismo apoyo y colaboración que de vosotros he tenido Esta petición tuvo su agradecimiento público por parte de Don Juan Carlos en el mensaje del 22 denoviembre dirigido a los militaresconocasióndesuentronización como Rey. Pero el discurso añadía algunasclaves destinadas alosmiembrosdelas Fuerzas Armadas, cuya cúpula estaba formada por generales veteranos de la guerra civil y de la División Azul. Especialmenteesimportanteelpárrafoquedecía: Comoprimersoldado de la Nación me dedicaré con ahínco a que las Fuerzas Armadas deEspaña, ejemplo depatriotismo y disciplina, tengan la eficacia y la potencia que requiere nuestro pueblo Disciplina, jerarquía y lealtad, principios en los que el Rey basará su comunión con las Fuerzas Armadas y será la base en la que incidirá en casi todas las pascuas Militares, y que fueron claves fundamentales para el proceso de la transiciónpolítica, porqueloquenotie- ne ninguna base histórica es que la Transición se hizo a pesar de las Fuerzas Armadas. Lo desmiente rotundamente el general Sabino Fernando Campo en el prólogo del libro El Rey y otros militares de Javier Fernández López: Fueron precisamente las Fuerzas Armadas el sostén para que se realizara el cambio que sin ellas tal vez no hubiera sido posible. Aceptaron el proceso con todas sus consecuencias, asumiendo lo que en ocasiones consideraban serios agravios y con el mérito indudable de que ellosuponía renunciara un pasadoen elquehabían tenidounaactiva participación Y P ero la transición política fue una apuesta colectiva del pueblo español, liderada por S. M. el Rey, Juan Carlos I, y que se propició, como ya hemos visto, desde antes del fallecimiento del general Franco, aunque en esos años e incluso en los primeros meses después de la coronación del Rey, sólo hubo tímidos gestos. Sin embargo, la dimisión de Carlos Arias y el nombramiento de Adolfo Suárez propiciaron los vertiginosos cambios que desembocaron en poco tiempo en las primeras elecciones democráticas del 15 de junio de 1977 (el 15- J) Sea desde la muerte del General, sea desde el nombramiento de Suárez, sea desde la aprobación de la Constitución, el caso es que el pueblo ha sido protagonista de su historia desde 1976. Hay que resaltar la importancia de lo que fueron dos claros ejemplos de generosidad y valentía política para buscar la concordia y la reconciliación entre los españoles de una manera tan ejemplar que ha traspasado nuestras fronteras: la ley para la Reforma Política y la ley de Am-